Fracaso escolar. Enfermedad crónica.

Permítame felicitarle por la precisión y claridad de su artículo. Se trata de un magnífico protocolo de diagnóstico, y en menor grado de tratamiento, …

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Permítame felicitarle por la precisión y claridad de su artículo. Se trata de un magnífico protocolo de diagnóstico, y en menor grado de tratamiento, de posiblemente el mayor problema con el que se enfrenta la sociedad española en estos momentos. Ojalá lo leyeran muchos de nuestros políticos. No obstante me gustaría mostrar mi desacuerdo en el párrafo en el que veladamente trata usted la enseñanza religiosa y la EpC. El problema del fracaso escolar no tiene solución, aunque algunos estemos dedicando nuestra vida y mejores esfuerzos a que no continúe la sangría. Se ha convertido en una dolencia crónica profunda pero de fácil diagnóstico, así mismo relacionado con otras dolencias crónicas de nuestra sociedad. Y no tiene solución porque cuando pudo tenerla, en la época de bonanza económica, no se utilizó parte de la abundante recaudación impositiva en el principal gasto social de un país, el gasto en educación y en la reducción de los alarmantes índices de fracaso escolar, que han rondado durante todo este decenio el 30%. ¿Y ahora? Pues ya me dirán, con cerca de cuatro millones y medio de parados, un déficit público superior al 11% y casi el 40% de fracaso escolar. El partido ahora en el gobierno no ha intervenido cuando ha podido y siempre se ha quedado en buenas intenciones, y el principal partido de la oposición, con ocho años de gobierno a sus espaldas también, no se plantea esta posibilidad dentro de sus principios políticos, ya que tendría que dedicar una considerable partida presupuestaria a resolver un problema social en familias, niños y jóvenes desfavorecidos y excluidos socialmente. Y no me estoy refiriendo a invertir más en becas. Muchas becas tienen un sentido caritativo y funcionan más bien como limosnas para acallar nuestras conciencias ante un problema que exige de mayores sacrificios colectivos. Tras su concesión, nada más se sabe. Si alguien se atreve alguna vez a poner solución al problema que invierta en el capital que más relación e incidencia puede tener sobre las personas, sobre todo si son niños o jóvenes, el capital humano. En el capital humano de la familia y en capital humano del profesorado. Los profesores y profesoras les podríamos mostrar el camino.

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