Francia en declive‘, por Nicolas Baverez

Nicolas Baverez, economista y doctor en historia de tendencias más o menos liberales, trabaja como editorialista para el semanario Le Point y el perió…

Nicolas Baverez, economista y doctor en historia de tendencias más o menos liberales, trabaja como editorialista para el semanario Le Point y el periódico Le Monde.

Especialista en la historia de su propio país, diagnostica en este librito la enfermedad que sufre Francia, y presenta los remedios para su recuperación social, económica y militar. No obstante, a juzgar por cómo van las cosas más allá de los Pirineos, parece obvio que nadie le escucha. Nada nuevo. Tampoco escucharon a Jean-François Revel.

El estudio se lee con rapidez. Es certero, breve y conciso, y retrata a Francia en todo el esplendor de su decadencia fetichista. Por desgracia, todo lo que gana por un lado lo pierde por otro, criticando a los Estados Unidos sin venir al caso. ¿Pero no era un libro acerca de Francia?

Francia en declive contiene multitud de datos económicos, lo que no es una sorpresa teniendo en cuenta qué y quién es Baverez. Con todo, más allá del paro endémico que asola Francia, hay muchas otras cuestiones interesantes, entre ellas el origen de la cuesta abajo francesa: pretender que se ha llegado a algo así como el fin de la historia, cuando los demás siguen avanzando (Hong Kong, Singapur, Canadá…). El agujero entre Francia y el resto de potencias del primer mundo es cada vez más insalvable.

Un adecuado ejemplo es el marasmo en que ha caído el ejército francés, glorioso hasta 1939 y de risa después. Su única parte verdaderamente operativa son las fuerzas especiales y el arma atómica, puesto que el ejército de tierra y la marina son un desastre absoluto.

Como apunta Baverez, Francia sólo tiene capacidad para enviar paracaidistas a Costa de Marfil (para mantener en el poder a cierta oligarquía corrupta, cabe comentar), mientras que el Reino Unido puede colocar a 44.000 hombres en la península arábiga en tres meses, manteniendo además intactos los pocos miles que siguen combatiendo en Afganistán contra los talibanes. No en vano el británico es el segundo mejor ejército del mundo en términos generales, sólo por detrás del americano.

Lamentablemente y para variar, el libro explicita dos ideas tan repetidas que ya aburren: que Bush mintió acerca de las armas de destrucción masiva de Irak (no mintió, sino que los servicios secretos se equivocaron) y que el choque de civilizaciones es una quimera (que se lo digan a los caricaturistas daneses). Con todo, luego dice que la intervención en Irak alimenta tal choque. ¿En qué quedamos? No se alimentan quimeras.

También se descuelga aseverando que no hay vínculo entre Al Qaeda y el régimen genocida de Saddam Husein, cosa falsa, puesto que tal vínculo se ha probado. De esta manera, concluye que la eliminación de una dictadura espantosa en Irak fue una mala idea porque hizo que se enfadaran los potenciales terroristas.

Es de suponer, entonces, que no hay que detener a carteristas o violadores porque se pueden enfadar. Hay que pactar. ¿Les suena? La imaginación nos lleva a conjeturar que Baverez no diría lo mismo si la dictadura iraquí se la hubiese comido él. Todos somos muy contemporizadores cuando no es nuestra familia la que ha sido exterminada en el Kurdistán mediante armas químicas. Pero lo que no se puede olvidar es que el partido Baaz iraquí y sirio era la rama árabe del partido nacionalsocialista alemán. No hay guerras ilegales, pero sí morales.

Otro comentario pesado de Baverez es cuando afirma que los Estados Unidos tienen que ser más multilaterales… ¡pero que Francia también! Vamos a ver: es Francia quien está aislada mirándose el ombligo, no América. Son los EEUU quienes pagan el 22% del presupuesto de la ONU, no Francia (en otras palabras: la ONU existe, desgraciadamente, porque los americanos ponen de su bolsillo el dinero, y de su suelo la sede en Nueva York). Son los EE.UU. los que permiten que el mundo funcione de una forma mínimamente estructurada.

Resumiendo lo dicho: el libro vale la pena, pero su problema principal que, tratando de Francia, habla demasiado de los Estados Unidos, y generalmente en contra. Ni siquiera un liberal como Baverez se salva.

Francia en declive
Nicolas Baverez
Editorial Gota a gota
118 páginas

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