Francia enseña a no temer al homosexualismo político

Grandes movilizaciones han llenado las calles de París y otras muchas ciudades francesas en los últimos meses en rechazo al proyecto de …

Grandes movilizaciones han llenado las calles de París y otras muchas ciudades francesas en los últimos meses en rechazo al proyecto de su Gobierno, ya aprobado ahora por la Asamblea Nacional, de reconocimiento del ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo.

Algunos gobiernos y parlamentos siguen una línea aberrante que choca con la naturaleza en esta materia, aunque la vistan como supuestos nuevos derechos civiles. Deben saber, sin embargo, que cuando se lucha contra la naturaleza, más o menos pronto aquélla se rebela. Ir contra la familia, la verdadera familia, es socavar las bases mismas de la sociedad.
Al margen del resultado de este debate, con la ley aprobada, lo que me parece sustancial es poner en evidencia el grado de movilización de una gran parte del pueblo francés.Cientos de miles de personas en las calles, unas creyentes, otras no, recordando al gobierno Hollande, a toda Francia y al mundo entero qué es una verdadera familia. Además, la protesta ha ido más allá del estallido momentáneo, de unas concentraciones ante una propuesta determinada, y se ha prolongado en el tiempo y en muchas partes del país. Mostraban a todo el planeta que la francesa es una sociedad viva, que ante una iniciativa negativa que deteriora e invierte algo tan nuclear como la familia un gran porcentaje de ciudadanos no tiene el encefalograma plano y no están dispuestos a someterse a lo políticamente correcto aunque sea una barbaridad ni ceder a las presiones de determinados colectivos por poderosos que sean.
Una gran lección para otros países, de forma especial España, en que hemos de reconocer con pena que quienes se movilizaron, nos movilizamos, ante aquella misma aberración cuando fue presentada en 2005 por el Gobierno Zapatero fuimos un número demasiado exiguo.
Pero si la actitud global de los franceses en las semanas previas a la aprobación de la ley es digna de elogio, lo es más la continuidad con que están dispuestos a luchar.
Hace unos días, participando en una peregrinación organizada por la Universidad Abat Oliba CEU, estuvimos en Ars, aquel pequeño pueblo que es hoy conocido en el mundo entero por el santo cura que se ha convertido en ejemplo para todos los sacerdotes. Asistimos a misa en la cripta de la basílica, junto con otros grupos que confluimos en aquel día en Ars, y, antes de la bendición que termina la celebración, un seglar dirigió unas palabras a los numerosos asistentes, refiriéndose precisamente a dicha ley, afirmando que de forma democrática y pacífica seguirían luchando contra ella, defendiendo el verdadero matrimonio y con él la familia.
Llamaba la atención que adoptaran y mantuvieran tal posición incluso con la ley aprobada. Me acerqué luego a felicitar al ciudadano que lo había expuesto tal hecho y la decisión de continuar luchando. Quedó sorprendido de que un extranjero le felicitara.
Me llamó la atención la actitud valiente des estos los seglares cristianos que junto a otros ciudadanos combatían la ley en la calle, aunque no dejaba de ser menos sorprendente que los sacerdotes responsables de aquel importante templo hubieran permitido que se explicara la situación al final de la misa. Esto en la laica, la laicista Francia. De nuevo me remito a España. ¿Cuántos responsables de parroquias e instituciones diversas de la Iglesia, etc. han tomado una posición abierta y clara en asuntos como el del aborto o los ‘matrimonios’ gay? Hay demasiado miedo de ser llamado anticuado, de que les digan que se entrometen en política. En campos en que la referencia moral es clara, inequívoca., no pueden haber ambigüedades ni mirar hacia otro lado. La estrategia, ciertamente, puede variar, pero no la lucha básica.
Algunos que se inhiben en temas como estos adoptan posiciones políticas sobre asuntos muy opinables en los que es mejor que jamás se entrometan ni obispos ni sacerdotes.
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