Francia: la familia derrota al poder establecido

La noticia está en muchas portadas y no solo de Francia. El Gobierno de Hollande ha retirado la ley sobre la familia como consecuencia de las p…

La noticia está en muchas portadas y no solo de Francia. El Gobierno de Hollande ha retirado la ley sobre la familia como consecuencia de las potentes protestas que había desencadenado. El pasado domingo, 500.000 personas según los organizadores, 80.000 según la policía, se manifestaron. Fue el corolario de una serie de protestas, en la calle y en los centros escolares, contra la pretensión de revestir de legalidad y como familia determinados deseos, todos ellos básicamente en línea con el homosexualismo político. Se trataba de dar acceso a la fecundación artificial a las lesbianas, legalizar las madres de alquiler pensando en los homosexuales, y extender la paternidad y maternidad a la otra pareja. No era pues una cuestión relacionada con las familias reconstituidas, que tienen un padre o madre real y distinto al del actual emparejamiento, como de dar cobertura legal a la consecuencia del vientre de alquiler y la lesbiana fecundada, para que no solo quien engendra fuera madre como es natural, sino también la pareja que no tiene ningún vínculo con la criatura, de la misma manera que en el vientre alquilado el semen es solo de uno de los dos miembros de la pareja de hombres. Era un nivel más en el diseño de la sociedad por el homosexualismo político, y más allá de él, por las políticas del deseo ligadas a la pulsión sexual: todas sus consecuencia debían ser “normalizadas” aunque ello significara un ruptura antropológica con el significado de la paternidad y maternidad, fruto de la unión complementaria del hombre y la mujer que posee un vínculo genético -en lenguaje antiguo diríamos un lazo de sangre- con la criatura engendrada.

Es el fruto de la ideología de género, que el presidente Hollande niega que pretenda introducir, pero que se evidencia en sus aplicaciones. El argumento que utilizan puertas a fuera es tan falaz como el del matrimonio homosexual, cuando platean que si dos personas se quieren por qué no deben poder casarse (pero no como fruto de cualquier tipo de amor, sino solo de la preferencia homosexual, de una forma específica y muy infrecuente de relacionarse sexualmente, porque cualquier otro tipo de relación sentimental que no implique sexo es descartada de ese “nuevo matrimonio”). En el caso de la paternidad sin vínculo alegan la adopción como precedente, pero es que en esta hay un padre y una madre, a no ser que existan causas especiales de relación familiar, y sobre todo porque son padres adoptivos y en primera instancia. Desde el punto de vista del hijo, al que nadie tiene en cuenta, no solo se encontrará con un hogar sin presencia de hombre o de mujer, y por consiguiente sin referencia educativa de la otra parte de la humanidad, no solo se verá inmerso en un ambiente homosexual sin que lo haya elegido, sino que será víctima de la mucha mayor inestabilidad de la pareja homosexual, sobre todo en el caso de los hombres.

La respuesta ciudadana ha parado en seco una ley que tenía incluso un calendario establecido y que formaba parte del programa electoral con el que Hollande fue a las elecciones. Es un éxito extraordinario Ante él dos reflexiones:

Lo que en Francia era objeto de una ley aquí, con una sola excepción, ya tiene carta de naturaleza legal de manera dispersa, fragmentada, de manera que no se focaliza en una” ley grande”, sino en artículos de leyes distintas. ¿Cómo se explica la indolencia española y la reacción francesa?, ¿desinterés e indolencia, falta de información, darlo todo por perdido, sucursalizacion política de la sociedad civil? En todo caso la evidencia es esta: lo que Francia ha rechazado, en España es legal. Una única excepción, los vientres de alquiler -que Hollande afirmó antes de la retirada que no aprobaba-, pero sí se aceptan las consecuencias, es decir la inscripción del hijo en el Registro Civil.

La segunda reflexión es cómo califican algunos medios de comunicación españoles la respuesta triunfante de una parte de la sociedad civil francesa: los tilda a todos de ultraderecha, católicos radicales y demás descalificativos. Lo hace el periódico radical El País, pero también el corresponsal de un medio mucho más ecuánime como La Vanguardia, que reproduce clónicamente en el texto de su corresponsal el mismo mensaje ideológico. En la sociedad desvinculada la gran batalla, lo que define las posiciones, es una estricta cuestión sexual. Se es de izquierdas si se acepta el aborto como solución a las relaciones sexuales, el matrimonio homosexual, la doble madre, la inseminación de lesbianas, la educación en la homosexualidad en la escuela (en lugar del respeto a la persona con independencia de su condición), la ideología de género, y se es un reaccionario si se rechazan. Repare en que de la ecuación ha desaparecido el posicionamiento relacionado con la justicia social, la transformación social y económica de la sociedad. Eso ya no es un tema prioritario para los partidos socialistas y la progresía, a pesar de la crisis y el crecimiento de las desigualdades. ¿Se entiende ahora por qué las cuotas de la internacional gay y lésbica solo cubren el 10% de los ingresos y el 90% restante son subvenciones, 75% y grandes donaciones? Por que el homosexualismo político y la ideología de género forman parte de la doctrina del poder establecido.

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