Francisco, en Asís: “un jesuita entre frailes”

En el octavo centenario del “Perdón de Asís”, el Papa se reúne con los dominicos y los franciscanos. “El mundo de hoy necesita perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor y nutren odio”, advierte durante la meditación en la basílica de Santa María de los Ángeles

El Papa, en su encuentro con los dominicos: “Evangelizados por Dios, para evangelizar" El Papa, en su encuentro con los dominicos: “Evangelizados por Dios, para evangelizar"

El mundo de hoy necesita perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor y nutren odio, porque son incapaces de perdón, arruinando la propia vida y la ajena en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz”.

Son las palabras del Papa Francisco durante la meditación que pronunció este jueves, 4 de agosto, durante su visita a la basílica de Santa María de los Ángeles, en la Porciúncula, lugar clave de la experiencia espiritual de San Francisco.

Antes de visitar a los franciscanos y coincidiendo con el octavo centenario del “Perdón de Asís”, el Santo Padre recibió en audiencia a los dominicos y describió ese día como el de “un jesuita entre frailes, porque por la mañana estoy con ustedes y por la tarde en Asís con los franciscanos; ¡entre frailes!”.

Francisco, un día entre frailes

Francisco, un día entre frailes

“Primero contemplar y después enseñar”

En el discurso que pronunció en español a los dominicos, guiados por el maestro general Bruno Cadoré, el Papa elogió la tradición de la orden e indicó tres conceptos clave para la predicación, que debe llegar a los corazones, acompañada por el testimonio de vida cristiana y, especialmente, de la caridad hacia “la carne viva de Cristo”», representada en el pueblo de Dios, que tiene “sed” de una palabra de salvación.

“Este octavo centenario nos lleva a hacer memoria de hombres y mujeres de fe y letras, de contemplativos y misioneros, mártires y apóstoles de la caridad, que han llevado la caricia y la ternura de Dios por doquier, enriqueciendo a la Iglesia y mostrando nuevas posibilidades para encarnar el Evangelio a través de la predicación, el testimonio y la caridad: tres pilares que afianzan el futuro de la Orden, manteniendo la frescura del carisma fundacional”, añadió.

Dios “impulsó a santo Domingo a fundar una ‘Orden de Predicadores’, siendo la predicación la misión que Jesús encomendó a los Apóstoles. Es la Palabra de Dios la que quema por dentro e impulsa a salir para anunciar a Jesucristo a todos los pueblos”, dijo el Papa.

Domingo dijo: “Primero contemplar y después enseñar”, es decir, añadió el Papa jesuita: “evangelizados por Dios, para evangelizar. Sin una fuerte unión personal con él, la predicación podrá ser muy perfecta, muy razonada, incluso admirable, pero no toca el corazón, que es lo que debe cambiar”, agregó.

Transmitir con mayor eficacia la Palabra de Dios, prosiguió Francisco, “requiere el testimonio: maestros fieles a la verdad y testigos valientes del Evangelio”. Por ello, “el buen predicador es consciente de que se mueve en terreno sagrado, porque la Palabra que lleva consigo es sagrada, y sus destinatarios también lo son”, señaló.

Viendo a nuestro alrededor, concluyó Francisco, “comprobamos que el hombre y la mujer de hoy, están sedientos de Dios. Ellos son la carne viva de Cristo, que grita ‘tengo sed’ de una palabra auténtica y liberadora, de un gesto fraterno y de ternura”.

“La vía del perdón” puede “renovar a la Iglesia y al mundo”, afirma el Papa

“La vía del perdón” puede “renovar a la Iglesia y al mundo”, afirma el Papa

La vía del perdón

Más tarde, durante su visita a la basílica de Santa María de los Ángeles, antes de confesar a los fieles, el Pontífice subrayó que “la vía del perdón” puede “renovar a la Iglesia y al mundo”.

“Me gusta recordar hoy, antes que nada, las palabras que, según una antigua tradición, san Francisco pronunció justo aquí, frente a todo el pueblo y a los obispos”, dijo el Papa.

La del perdón, continuó Francisco, “es ciertamente la vía maestra que hay que seguir para alcanzar ese sitio en el Paraíso. ¡Y aquí, en la Porciúncula, todo habla de perdón! ¡Qué gran regalo nos hizo el Señor al enseñarnos a perdonar para hacernos tocar con la mano la misericordia del Padre!”.

“El problema, desgraciadamente, nace cuando nosotros nos confrontamos con un hermano que nos ha hecho un pequeño entuerto.[…] Cuando estamos nosotros en deuda con los demás, pretendemos la misericordia; en cambio cuando estamos en crédito, invocamos la justicia. Todos nosotros. Esta no es la reacción del discípulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos”, destacó Francisco. “Esta no es la reacción del discípulo de Cristo y no puede ser el estilo de vida de los cristianos”, advirtió.

“Queridos hermanos y hermanas: el perdón del que nos habla san Francisco se ha hecho ‘cauce’ aquí en la Porciúncula, y continúa a ‘generar paraíso’ todavía después de ocho siglos. En este Año Santo de la Misericordia, es todavía más evidente cómo la vía del perdón puede renovar verdaderamente la Iglesia y el mundo”, concluyó el Papa.

 

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