Francisco: atender la pobreza es evangélico, no comunista

La indigencia en la que se han visto reducidas muchísimas personas en todo el mundo (campesinos, trabajadores precarios y migrantes, cartoneros…

La indigencia en la que se han visto reducidas muchísimas personas en todo el mundo (campesinos, trabajadores precarios y migrantes, cartoneros y ambulantes) no se afronta con “promesas ilusorias”; es necesario “luchar en contra de las causas estructurales de la pobreza”. Papa Francisco dirigió estas palabras a las más de doscientas personas que participaron en el encuentro mundial de los movimientos populares, que se está llevando a cabo en el Vaticano desde ayer y que concluirá mañana. El Papa les concedió una audiencia hoy, durante la que pronunció un largo e importante discurso, completamente en español, en el que denunció la “globalización de la indiferencia” y la “cultura del deshecho” (expresiones acuñadas por él), y en el que prometió que en la encíclica sobre la ecología que está escribiendo aparecerán las preocupaciones de los movimientos populares. En su discurso, el Pontífice reflexionó sobre las tres “t” del título del encuentro “Tierra, techo y trabajo”, con una alusión implícita al pensamiento de Helder Cámara: “Es extraño, pero si hablo de esto, para algunos resulta que el Papa es comunista”.

“Gracias por haber aceptado la invitación a discutir los motivos y graves problemas sociales que afligen al mundo de hoy, ustedes que sufren en primera persona la desigualdad y la exclusión”, expresó el Pontífice argentino. “El encuentro de los movimientos populares es un signo, es un gran signo: ustedes vinieron aquí a poner ante la presencia de Dios, de la Iglesia, de los pueblos, una realidad que a menudo pasa en silencio. ¡Los pobres no solo sufren la injusticia, sino que luchan contra ella!”.

Los pobres “no se acontentan con promesas ilusorias, pretextos o coartadas. No están esperando como holgazanes la ayuda de organizaciones no gubernamentales, planos asistencialistas o soluciones que nunca llegan o que, si llegan, llegan para anestesiar o domesticar”. Jesús, dijo el Papa, diría que estas actitudes son “hipócritas”. Los pobres, por el contrario, quieren ser “protagonistas, se organzian, estudian, trabajan, reclaman y, sobre todo, practican esa solidaridad especial que existe entre los que sufren”, una solidaridad que nuestra sociedad olvida a menudo, hasta llegar a considerarla una “mala palabra”.

Es necesario, pues, “luchar contra las causas estructurales de la pobreza, de la desigualdad, de la falta de trabajo, tierra y techo, de la negación de los derechos sociales y del trabajo”, subrayó Bergoglio, que elogióa estos movimientos: “ustedes no trabajan con ideas, trabajan con realidades como las que mencioné y muchas otras que me han contado… tienen los pies en el barro y las manos en la carne. ¡Tienen olor a barrio, a pueblo, a lucha! Queremos que se escuche su voz que, en general, se escucha poco. Tal vez porque molesta, tal vez porque su grito incomoda, tal vez porque se tiene miedo al cambio que ustedes reclaman, pero sin su presencia, sin ir realmente a las periferias, las buenas propuestas y proyectos que a menudo escuchamos en las conferencias internacionales se quedan en el reino de la idea, es mi proyecto”. El Papa citó el compendio de la doctrina social de la Iglesia y también su exhortación apostólica “Evangelii gaudium” para afrontar sistemáticamente los tres temas clave del congreso: tierra, techo, trabajo. “Es extraño pero si hablo de esto para algunos resulta que el Papa es comunista. No se entiende que el amor a los pobres está al centro del Evangelio”.

En cuanto a la tierra, el Papa denunció el escándalo de millones de personas que sufren hambre, mientras la “especulación financiera condiciona el precio de los alimentos tratándolos como a cualquier mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre”. Después pasó al tema del techo: “Lo dije y lo repito: una casa para cada familia”. En el mundo de las injusticias, continuó, “abundan los eufemismos. No se dicen las palabras con la contundencia y la realidad se busca en el eufemismo. Una persona, una persona segregad a, una persona apartada, una persona que está sufriendo la miseria, el hambre, es una persona en situación de calle: palabra elegante ¿no? Ustedes busquen siempre, por ahí me equivoco en alguno, pero en general, detrás de un eufemismo hay un delito”. El Pontífice jesuita, heredero de las reducciones sudamericanas, elogió también la “integración urbana” y a quienes trabajan para que cada familia tenga una casa y adecuadas infraestructuras: “cloacas, luz, gas, asfalto, y sigo: escuelas, hospitales o salas de primeros auxilios, club deportivo y todas las cosas que crean vínculos y que unen, acceso a la salud –lo dije– y a la educación y a la seguridad en la tenencia”. La falta de trabajo, para concluir, es la mayor de las pobrezas materiales, porque a quienes les falta el trabajo les falta dignidad y se convierten en víctimas de una “cultura del deshecho”. El Papa recordó que hay en el mundo “millones de jóvenes” desempleados y que en Europa enteras generaciones han sido anuladas “para mantener el equilibrio”.

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