Francisco y Obama, los dos grandes poderes

La audiencia del Papa Francisco al presidente de Estados Unidos ofrece una potente imagen de dos poderes y dos liderazgos mundiales: el de la miserico…

La audiencia del Papa Francisco al presidente de Estados Unidos ofrece una potente imagen de dos poderes y dos liderazgos mundiales: el de la misericordia, que nace de la fe en Dios, y el poder de la fuerza militar y del dinero, porque en último término este es el último argumento de Obama. Cuando estalla el conflicto, uno se dirige al corazón y apela con persistencia y todo el sacrificio necesario a la concordia; el otro recurre a las sanciones económicas o a la intervención militar. Es importante subrayar todo esto, porque la aparente equivalencia de dos líderes saludándose oculta una gran asimetría. Nunca de una manera tan sencilla y visual se puede percibir lo que encarna la Ciudad de Dios, y la de los hombres.

Quienes conocen mínimamente los usos y costumbres de la Santa Sede, saben perfectamente que las entrevistas del Papa con los líderes de estado están medidas, son relativamente cortas -la de Obama, más larga de lo habitual, ha durado 50 minutos-, se apuntan una serie de cuestiones y algunos mensajes directos del Papa que nunca se hacen públicos, y después estas cuestiones son abordadas con mayor concreción en la reunión con el Secretario de Estado. El comunicado posterior de la Santa Sede, un modelo de discreción y sutileza, habla de lo que son cuestiones clave en lo que aparece, y también habla y mucho en sus silencios deliberados.

En esta ocasión nos parece que tres son las cuestiones clave, dos de ellas en plena sintonía con la actitud de la Iglesia Católica en Estados Unidos. Se trata de la crítica al Obamacare, la legislación sobre la salud que obliga a un tipo de seguro medico que incorpora el aborto, los anticonceptivos y la esterilización en el coste de las pólizas que los centros de la Iglesia deben sufragar, cuestión que afecta gravemente al ejercicio de la libertad de creencias, a la supremacía del estado en cuestiones de religión, una pretensión tan vieja como el mundo. También la posición de Obama sobre estas cuestiones y en particular sobre el aborto está en el trasfondo crítico del resumen final del encuentro. Por otro lado, la identidad de puntos de vista en la reforma sobre la inmigración para facilitar la legalización de millones de personas que viven en Estados Unidos, sobre todo procedentes de América Latina, es un punto de encuentro.

Junto con estas dos cuestiones, un silencio clamoroso a pesar de ser el conflicto geográficamente más cercano a la Santa Sede, y haber ocupado una atención preferente del viaje a Europa del presidente americano: nos referimos al conflicto con Rusia, un pulso sobre todo económico al que empuja a Europa un presidente en horas bajas y seriamente cuestionado. Pero a estas alturas parece claro que la Iglesia está por el diálogo con Putin y no por entrar en un “toma y daca” de represalias económicas. Primero, por las razones lógicas de la necesaria aproximación nunca bien resuelta, a pesar de los esfuerzos católicos, a la ortodoxia rusa; y, segundo, porque este tipo de conflicto podrá ser interesante para Estados Unidos, para ejercer su liderazgo, pero es terriblemente negativo para Europa, como lo constata la dura crítica de los tres últimos ex presidentes de Alemania: Gerhard Schröder, Helmut Kohl y Helmut Schmidt, dos socialdemócratas y un demócrata cristiano que han descalificado con dureza las sanciones a Rusia.

Estas tres cuestiones, la defensa de la vida y del ejercicio de la libertad religiosa frente al estado, la situación de los inmigrantes, y el vacío vaticano al enfrentamiento americano con Moscú son, como mínimo, las cuestiones que merecen ser destacadas de este encuentro entre los dos grandes poderes, el de la misericordia y el de la fuerza.

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