François Hollande, un Zapatero cualquiera

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Fue Mitterrand quien ya dijo, con la modestia que le caracterizaba, que él era el último gran presidente que tendría Francia porque los sucesores serían simples gestores. La realidad no ha sido tan exacta, ha habido buenos presidentes y hasta allí donde no ha llegado la persona ha alcanzado la ‘grandeur‘ que Francia otorga gratuitamente al presidente de la República y que lo sitúa por encima de los criterios y los bandazos de la política normal. Hay en toda esta veneración laica todavía la huella de la fuerte impronta que De Gaulle imprimió a este cargo al constituir la Quinta República, de fuerte inspiración presidencialista.

De todas las personas que han ocupado el lugar de máxima responsabilidad en el Gobierno de Francia, después del general, sin duda la peor desde el punto de vista político es el actual mandatario, François Hollande. El hombre que llegó con una campaña de imagen basada en ser el contrapunto de la política económica que imponía Alemania a los restantes socios se ha convertido a escala europea en el representante de la Francia más insignificante desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, algo que se dice pronto. Nunca Paris ha pesado tan poco en el juego político europeo, y esto en sí mismo resulta increíble, pero es la evidencia de cada día, como lo es que Hollande sea el presidente peor valorado, con distancia, de todos los antecesores a esta altura de mandato. Es otro segundo record que viene a confirmar que la serie de carambolas que al final llevaron a Hollande a ser el candidato del Partido Socialista y a vencer no eran favorables para el bien de aquel país. Él nunca hubiera sido la persona elegida si no hubieran acaecido por entre medio una serie de conflictos internos en el Partido Socialista, con la ex candidata y su esposa incluida, y la detención de Dominique Strauss-Kahn, el que había sido presidente del Fondo Monetario Internacional.

Hollande ha cumplido con un rito que es ya signo de identidad. Los países que en un momento determinado gozan de un mal gobierno, y España fue en esto un predecesor, legislan siempre el matrimonio homosexual. Hay una estrecha relación en este sentido, que naturalmente no se cumplirá al 100%, porque no se trata de ninguna ley de la física, pero si de un dato más que sorprendente. En paralelo, se produce una parálisis de todo intento de transformación socioeconómica. Fíjense en el detalle. Francia gobernada teóricamente por la izquierda, se opone ahora al impuesto de transacciones financieras, una de las reivindicaciones más sentidas para atenuar algo la fuerza del ultracapitalismo sin fronteras, que ya han acordado un gran número de países de la Unión Europea, todos ellos gobernados por el centroderecha. ¿Cómo es posible declararse de izquierdas y oponerse a dicha tasa? Pues a base de poner en el frontispicio del país el matrimonio homosexual, porque hoy lo que da este pedigrí de progreso son este tipo de cuestiones. Esto explica porque la izquierda europea esta prácticamente destruida, sin norte y con escasas posibilidades de alcanzar el gobierno en la mayor parte de Europa, ni tan solo contando con la ayuda de la terrible crisis en la que vivimos inmersos. También España en esto es un ejemplo próximo.

Ahora, para continuar con su proceso hacía la nada, Hollande adoptó una decisión que se le ha vuelto en contra. Se trataba de crear una nueva imagen del símbolo republicano ‘la Marianne’ para ilustrar tres mil millones de sellos y, para ello, se escogió a unos dibujantes progres procedentes más del mundo del cómic que de las artes plásticas propiamente dichas. Pero uno de ellos, Olivier Ciappa, ha declarado que la imagen con la que se han editado dichos sellos corresponde a la dirigente del grupo Femen, Inna Shevchenko, una de las caras visibles de este grupo feminista ucraniano, que basa su acción ‘revolucionaria’ en mostrar en público sus apéndices mamarios. Naturalmente, la protagonista se ha alegrado mucho y lo ha celebrado a su manera, en Twitter, declarando que “ahora los homófonos habrán de lamerme el c… cuando quieran enviar una carta”. Una exquisita sensibilidad la de dicha señora. Antes de este nuevo fregado, el de que la imagen de Francia corresponda a una dirigente ucraniana de este perfil, como si no hubiera imágenes de mujeres francesas dignas de inspirar un nuevo sello, el presidente había declarado con este sentido de la oportunidad que le caracteriza que “era una ilustración de la juventud, prioridad de su mandato”. Es un hombre que tiene la especial habilidad de pisar todos los huevos que encuentra en su camino, lo cual unido a su gestión le ha conducido donde está, en las tinieblas más profundas entre las preferencias de su electorado. De hecho, también consigue otra característica destacada: es el primer presidente francés, porque en esto los ciudadanos del vecino país son muy respetuosos, que ha sido silbado por grupos contrarios al matrimonio homosexual durante la magna celebración del 14 de julio.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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