Fraternidad y concordia

Si en lugar de salir lo mejor de nosotros, sale lo peor, entonces transformamos el conflicto, en un enfrentamiento

La vida de las personas tiene siempre un importante componente relacional. Porque no vivimos solos si no que convivimos con los demás. La existencia implica, por tanto, coexistencia. La experiencia de convivir con los demás, cuando hay sintonía de pensamiento, de sentimientos, de deseos…no resulta en general difícil. Las dificultades empiezan cuando hay disparidad de opiniones, cuando lo que yo pienso, o lo que yo siento, no coincide con lo que piensa el otro. Y a partir de aquí, si no hay una disposición benévola de dialogo, estamos frente al “conflicto”. El conflicto es un momento que, para gestionarlo bien, requerirá lo mejor de nosotros mismos. Si en lugar de salir lo mejor de nosotros, sale lo peor, entonces transformamos el conflicto, en un enfrentamiento. Y ponemos en acción todas nuestras negatividades. Cuando uno dice que su punto de vista vale mucho, y el punto de vista del otro, no vale nada. Cuando uno, defendiendo sus intereses, no mira si perjudica los intereses de los otros… si optamos por este camino, transformamos el conflicto en una disputa, y abrimos la puerta a las diferentes formas de violencia… violencia verbal, violencia física, violencia militar, violencia judicial…y esto nos lleva a la peor de las violencias:  el odio, cuando hacemos todo lo posible para perjudicar al otro.

Pero hay otra manera de gestionar el conflicto, más humana y fraternal. Cuando el otro, aquel otro que piensa diferente a mi modo de pensar, no lo veo como un enemigo, sino como alguien que desea o siente otras cosas, pero con el que puedo dialogar amablemente, para mirar de establecer acuerdos. Pero para ello es indispensable, situarnos de igual a igual, nadie por encima de nadie. Seguramente que el listón de las apetencias se tendrá que ajustar, para que nadie salga perjudicado. Pero para que el diálogo sea auténtico, no puedo ponerle límites. Cuando digo: hablaremos de lo que sea, menos de esto o aquello, estoy falseando el diálogo. Tres cosas nos facilitarán la eficacia del diálogo. Una: ponerse en la piel del otro y escuchar a fondo sus razones. Dos: explicar nuestras razones con claridad, sin afán de querer imponerlas. Y tres: la cara malhumorada, típica de las situaciones de conflicto, conviene substituirla por una cara amable y sonriente, porque favorecerá la concordia y la reciprocidad. Pensar diferente, no ha de ser ningún motivo para dejarnos de apreciar y respetar. Los episodios de falta de diálogo y ganas de eliminar al adversario no son caminos para construir la paz. La paz solo se consigue por el camino de la concordia, la amistad, el diálogo y la fraternidad.

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One comment

  1. 1

    Esto es correcto pero incompleto. El diálogo tiene sus límites. En primer lugar, se debe dialogar con todos los implicados. No se puede decidir sin admitir en el diálogo a alguien que tenga intereses directos sobre el asunto. Sabemos a qué nos estamos refiriendo, verdad? Pues abordemos las cosas con sinceridad y justicia. No colaboremos con quien quita derechos en la reclamación de un diálogo falso. Gracias

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