África encara en su Sínodo el crecimiento cristiano

Casi 340 personas participan oficialmente en el Sínodo de África que se celebra estos días en Roma. El encuentro dura tres semana…

Casi 340 personas participan oficialmente en el Sínodo de África que se celebra estos días en Roma. El encuentro dura tres semanas y congrega a 244 cardenales y obispos, 29 expertos y 49 observadores, además de a seis representantes de otras iglesias cristianas. Para la fe que fundó Jesucristo, África es tierra de expansión. En 1900 apenas había 8,7 millones de cristianos en el Continente Negro. En el 2000 ya eran 355. En 1978, cuando Juan Pablo II llega al papado, vivían 55 millones de católicos en África. Hoy, de los 944 millones de africanos, los católicos son 165, algo más del 17%.

Por supuesto, los santos africanos han tenido mucho que ver en este crecimiento. Durante el Sínodo, el arzobispo Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, ha repasado algunos santos clásicos de África: "desde el gran doctor Agustín a los mártires de Uganda (Carlos Lwanga, Mattia Maulumba Kalemba y compañeros) y la figura extraordinaria de la sudanesa Santa Josefina Bakhita, canonizada en el 2000".

Pero después ha dado cifras más modernas: 22 países africanos tienen un hijo o hija nativo en proceso de beatificación o canonización: 13 "benditos", 4 "venerables" y 27 "siervos de Dios".

Uno de los primeros grandes temas que se han tratado es el de la reconciliación. Simon-Victor Tonyè Bakit, arzobispo de Yaoundé y presidente de la Conferencia Episcopal de Camerún, ha lamentado que los cristianos de distintas confesiones «no se hablan entre ellos, no de dan el signo de la paz», algo que requiere más catequesis sobre el perdón. Jean-Noël Diouf, obispo de Tambacounda, y presidente de los obispos de Senegal, pide potenciar la reconciliación en la liturgia.

Para un país que ha vivido crueles conflictos armados, para una población que ha vivido una o más guerras en su vida y ha perdido parientes en ellas, el perdón es complicado. Además, a menudo la cultura no acompaña, como demuestran las declaraciones a ForumLibertas del obispo de Rumbek: "En el sur de Sudán, la venganza es una virtud. Forma parte de la cultura. Se piensa que no eres una persona de verdad si no consigues vengarte. En cambio, los cristianos predicamos el perdón, animamos a rechazar la ira, la venganza, a entregarla a Dios. Sólo Dios enseña a perdonar y a ser una persona nueva." Todo un reto en un país con 20 años de guerra y 2 millones de muertos.

De hecho, la violencia continúa y ha alcazado al Sínodo. Con lágrimas en los ojos, el arzobispo de Bukavu (Congo), François Xavier Maroy Rusengo, explicaba el martes que "una de las parroquias de nuestra archidiócesis fue incendiada el viernes 2 de octubre de 2009, algunos sacerdotes fueron molestados, otros tomados como rehenes por hombres en uniforme, los cuales exigieron un elevado rescate que nos vimos obligados a pagar para salvar la vida de nuestros sacerdotes, que ellos amenazaban con masacrar", dijo con entrecortada por el dolor.

El arzobispo dejó el Sínodo y volvió a África enseguida. Una acción con riesgos: su antecesor, Christophe Munzihirwa, fue asesinado en 1996, predicando durante la guerra congoleña que ninguna política vale más que la persona humana.

Fue muy aplaudido uno de los invitados ecuménicos el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Etíope, Paulos Tewahedo, que habló contra la deuda externa y la herencia del colonialismo, aunque algunos analistas han mostrado su extrañeza: 1) porque la descolonización fue hace ya 50 años; 2) porque Etiopía no fue colonizada, y sus desastres se deben a sus propios gobernantes, 3) y porque Etiopía, el 8º país más pobre del mundo, es una semi-dictadura que tiene desde 2005 unas leyes draconianas que restringen el trabajo de ONGs y periodistas… algo que quizá merecía cierta crítica por parte del invitado ecuménico.

En general, los primeros días del Sínodo se habló de reconciliación y lucha contra la pobreza. Pero los siguientes días han sido de denuncia contra la "basura tóxica espiritual" que Occidente envía contra los valores africanos mediante los medios de comunicación.

La expresión es de Benedicto XVI, pero la usó el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio para la Familia, para referirse a toda la ideología de género que entra en África de contrabando, disfrazada de ayuda al desarrollo, "para infiltrar asociaciones, gobiernos y algunos ambientes eclesiásticos". Así, hablan de "igualdad entre las personas", pero ya no se refieren a derechos humanos e igual dignidad, sino "a la irrelevancia de las diferencias naturales entre hombres y mujeres", la ideología que dice que todos los comportamientos sexuales ("heterosexual, homosexual, bisexual, transexual, polimorfo") son igualmente dignos.

El discurso de Antonelli fue el pistoletazo de salida para que muchos prelados africanos criticasen la destrucción de la familia, el aborto, la eutanasia, el hedonismo, el culto al placer y al sexo que se practica en Occidente y que se quiere exportar a África, donde la familia, los niños y los ancianos aún se ven como una riqueza.

Otro tema muy frecuente ha sido el de los medios de comunicación. Los africanos se indignaron con lo que consideran un caso paradigmático: el Papa viene a África, y la prensa Occidental en vez de hablar de África -a la que siempre se ignora- o del Papa y su mensaje, se dedicó a hablar de preservativos y a criticar a la Iglesia. (Un ejemplo es que el Papa, en la ahora famosa rueda de prensa que dio en el avión, habló del trabajo contra el SIDA en África de la Comunidad de Sant’Egidio… y ningún medio se hizo eco ni quiso conocerlo ni difundirlo…). África no interesa, machacar al Papa sí: y eso enfada a los africanos.

Sin embargo, como recoge la agencia Zenit, "no todo son problemas, y un obispo ha referido el comentario de un musulmán que le dijo: "¡Tu Papa debe ser un verdadero jefe si es capaz de provocar todas estas reacciones!", y tras esta polémica mediática se puso a distribuir los documentos del Papa."

El mundo es complejo: África es aún más compleja, los medios lo simplifican todo y además toman sus decisiones desde los despachos de Occidente, sin escuchar a África ni conocer ni apreciar sus valores y realidad. Varios de los obispos han afirmado que los medios de comunicación constituyen "el verdadero poder, más que el poder político, pues transmiten modelos de comportamiento" que pueden tener un "impacto destructivo sobre la cultura africana".

En África el cristianismo crece, vienen a dcir los obispos, pero no quiere desafricanizarse: y el materialismo, el relativismo y hedonismo que exporta Occidente es veneno para las raíces de la cultura africana.

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