Fruta confitada y arrope de bresca

arrope

Tradicionalmente se denomina arrope al jugo espeso procedente del hervor de los panales de miel. En nuestros días llamamos arrope al mosto de uva espesada por un proceso de ebullición y evaporación, añadiendo además  frutas y hortalizas troceadas, como calabaza, manzana, berenjena, piel de naranja o cáscaras de melón. En cuanto al término arrope parece que vendría de la palabra árabe arrobb empleado para referirse al mosto hervido hasta que este adquiere el espesor propio del jarabe, pero, algunos filólogos señalan que etimológicamente arrope provendría, seguramente, del término al-rubb (que literalmente quiere decir una decocción muy espesa). El arrope se ha empleado en la medicina popular como laxante no agresivo y para templar los ataques de la bilis, especialmente aquel arrope elaborado con moras, drupa de saúco, de pera o de calabaza. A lo largo de los siglos se ha añadido al arrope, a modo de refuerzo, alcohol de brisa o vino de grado elevado.

Es recomendable confitar los frutos secos (nueces, almendras y avellanas con miel o con arrope de bresca) y, también, confitar algunas variantes de la fruta verde (como por ejemplo el higo, el albaricoque o la ciruela) a través de un proceso de desecación o deshidratación exponiendo la fruta al sol para lograr reducir el agua y así contribuir a paralizar la acción nociva de los gérmenes. ¡Os invito a preparar en vuestro hogar un buen arrope combinando los excedentes de fruta de vuestra huerta familiar!

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