El futuro de la Sagrada Familia, en riesgo por el Ayuntamiento de Barcelona

Para Barcelona en Comú “la urbanización de este entorno no es una prioridad inmediata de ejecución” y el concejal de Arquitectura considera el templo una “mona de Pascua gigante”, “pseudoobra de Gaudí”

Recientemente la organización que gestiona la construcción del Templo de la Sagrada Familia presentó la nueva y determinante fase constructiva que encara la obra. Una fase que prevé construir en los próximos diez años las seis torres que coronarán el centro del monumento.

Sin embargo, esta expectación no es seguida por todos, especialmente por algunos representantes de la ciudad. Y es que el templo, para lucir como se merece y para poder concluir el acceso principal al templo que tendrá lugar por la calle Mallorca necesita de un plan urbanístico que afecta a sus inmediaciones.

Por eso, a propuesta del PP, se ha aprobado en el pleno del Ayuntamiento de Barcelona una instancia que pide que el gobierno municipal (BComú y PSC) presente una propuesta de urbanización de los entornos del templo en el plazo de seis meses. La iniciativa se ha aprobado con el voto de todos los grupos excepto la CUP, pero aunque parezca un paso adelante las dificultades se enfrentarán ahora.

Prejuicio ideológico

Y es que las desavenencias con el proyecto se han dejado entrever en el debate, claramente por razones ideológicas. Por ejemplo, el concejal de Arquitectura del Ayuntamiento de Barcelona, el socialista Dani Modol, ha tildado el templo de “mona de Pascua gigante”, “pseudoobra de Gaudí” y “gran farsa que arrastramos desde hace tiempo”.

Dani Modol, concejal de Arquitectura del Ayuntamiento de Barcelona

Dani Modol, concejal de Arquitectura del Ayuntamiento de Barcelona

Nunca faltaron las voces disidentes contra la continuación del templo, un templo que Gaudí sabía perfectamente que no acabaría porque los retos técnicos que supone la construcción no estaban solucionados en la época del genial arquitecto. En su momento, por ejemplo, el arquitecto Oriol Bohigas lideró a un grupo de intelectuales que pedían detener las obras. Sin embargo, también la inmensa mayoría del sector cultural entendía que ninguna catedral se realizó a lo largo de la historia bajo el mandato de un solo arquitecto ya que las obras se suelen extender más allá de la esperanza de vida de una sola persona.

A pesar de eso, a algunos les molesta que se trata de una obra de dicada a Dios, especialmente al Dios católico, y que la Iglesia esté detrás de esta inmensa obra que cambiará el skyline de la ciudad coronándola con una cruz y que, a pesar de las voces críticas, resulta uno de los principales reclamos turísticos de la capital catalana.

Sin embargo, el concejal socialista ha realizado estas afirmaciones y se ha mostrado convencido de que no se derribaran los edificios afectados por la construcción de los accesos al templo, “no hay una necesidad social de acometer las obras de reurbanización” de su entorno, asegura. A pesar de que el anterior Gobierno del alcalde Trias ya había llegado a un principio de acuerdo con el Consorcio que coordina la construcción.

En este sentido, los términos en que se ha expresado el concejal de Arquitectura sobre este emblemático edificio han provocado el rechazo de algunos concejales y del portavoz de CiU, Joaquim Forn, quien ha asegurado que estas frases les han dejado “preocupados”.

La teniente de alcalde de Ecología, Urbanismo y Movilidad, la política de Barcelona en Comú, Janet Sanz, ha afirmado que “para el gobierno municipal, la urbanización de este entorno no es una prioridad inmediata de ejecución”, pero sí lo es evaluar con el vecindario el futuro del barrio.

Janet Sanz, teniente de alcalde de Ecología, Urbanismo y Movilidad

Janet Sanz, teniente de alcalde de Ecología, Urbanismo y Movilidad

También ha reiterado que el gobierno municipal rechaza la construcción de las escalinata monumental de la fachada de la Gloria, que ocuparía el espacio que ahora tiene la calle Mallorca. Una escalinata sin la cual el templo carecería de acceso por la fachada principal.

Por su parte, el concejal de la CUP Josep Garganté ha explicado el ‘no’ de su grupos porque están en contra del derribo de edificios previsto y proponen dejar “de pagar la fiesta al obispado”, ya que la Sagrada Familia es propiedad del arzobispado de Barcelona que impulsa las obras.

Un problema político ideológico que no contempla la necesidad de todos los barceloneses ni de la ciudad, sino que enfrenta ideologías políticas que nada tienen que ver con la feliz conclusión de un edificio icónico para la ciudad, aunque a algunos les pese.

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