El gasto social al descubierto: los 5 puntos que lo desmitifican

El gasto social va mucho más allá de la simple provisión de servicios públicos

El Estado de Bienestar actual español podría ser insostenible en el futuro si no hay cambios El Estado de Bienestar actual español podría ser insostenible en el futuro si no hay cambios

El Catedrático de la Universidad Pompeu Fabra Guillem López sintetizaba hace un año en un artículo que para el caso de España “no se podían tener prestaciones nórdicas con impuestos latinos y una elusión fiscal, si no fraude, que ha tenido una cierta aceptación social tácita”.

El próximo 26 de junio volverán a haber elecciones en el Congreso, esto quiere decir que la mayoría de partidos se comprometerán a hacer aumentar el gasto social, ya que lo ven como un factor necesario para salir definitivamente de la crisis social y económico en el que todavía se encuentra España, y en parte es cierto, ahora bien, es esencial contextualizarlo y aportar dosis de realismo, ya que si no podemos caer en debates estériles.

  1. Aunque la fase más aguda de la crisis ya ha pasado, aún no ha habido crecimiento de la renta, los ingresos fiscales siguen sin levantar cabeza y desde el punto de vista de recursos, y teniendo en cuenta los niveles de déficit y deuda que presenta España, apenas se mantendrán las cuotas de servicios ya consolidadas, y es difícil pensar que nuevas prestaciones sociales, como las ayudas a la dependencia, puedan realmente desplegarse. Esta es pues una buena oportunidad para mejorar las inercias y la eficiencia.
  1. Cuando hablamos del rol del Estado de Bienestar, en la mayoría de ocasiones ya se da por sabido que nos referimos a prestaciones de servicios públicos o transferencia de recursos, pero existen otros mecanismos por parte del Estado de Bienestar para poder ejercer su función en la redistribución de la riqueza. Es el caso de la regulación, la cual es un instrumento utilizado de forma recurrente por otros estados considerados líderes en cuanto a la calidad de su estado de bienestar. Por ejemplo a través de deducciones fiscales o rebajas de impuestos en casos específicos y así incentivar a los ciudadanos a tomar decisiones que los beneficien a ellos y a la sociedad en general. En estos casos estos beneficios sociales no se verían contabilizados dentro las partidas de gasto social público, pero eso no quiere decir que un país con menos gasto social tenga un estado de bienestar menos desarrollado, ya que también deberíamos contabilizar el gasto social privado que ha sido incentivado por el mismo estado.
  1. El referente que utilizamos para medir el gasto social es esencial, es decir, no obtendremos el mismo diagnóstico si la consideramos en función de la población beneficiaria que si lo hacemos en términos del PIB. Esta última forma de medida, el gasto social / PIB, es la más utilizada a la hora de comparar gasto social con otros años o países pero son necesarias consideraciones previas para poder analizarlo correctamente. Por un lado, en el punto anterior ya hemos visto que un estado puede ser muy social pero que este hecho no se vea trasladado en las partidas de gasto social. Por otra parte, en el denominador tenemos el PIB, por lo tanto en tiempos de crisis, si el PIB disminuye pero la ratio se mantiene, querrá decir que el gasto social ha aumentado, debido seguramente de la aplicación de políticas contracíclicas, haciendo aumentar así los gastos en prestaciones sociales, subsidio de paro, etc. Por lo tanto no es que el estado haya expandido sus prestaciones sociales, sino que ahora tendrá más obligaciones. Además, cuando queremos comparar los niveles de gasto social, no lo podemos hacer con cualquier otro país de forma directa, sino que tendremos que buscar economías con unos patrones demográficos, de nivel de desarrollo y de protección similares, ya que si no estaríamos comparando dos elementos que se encuentran en coordenadas diferentes.
    El envejecimiento acelarado que está sufriendo España es uno de los mayores peligros para el Estado del Bienestar si no se realizan reformas

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  1. Cuando se evalúa el gasto social no deberíamos fijar tanto en quien o cuando se gasta, sino para quien se gasta y qué resultados se obtienen. El caso más evidente es el de la prestación de desempleo. La mayoría de personas lo que quieren es tener un trabajo digno y no vivir de los subsidios sociales. Esta consideración hace poner sobre la mesa el debate de si todo el mundo de forma incondicional puede recibir este subsidio, o por el contrario como se hace en gran parte de los países europeos, para recibirlo se deba asistir a cursos de formación o realizar trabajos para la comunidad. El cómo esté formulado el subsidio de paro puede convertirse tanto en un incentivo para hacer crecer el paro como para reducirlo o para al menos mantener activas las personas sin trabajo.
  1. Uno de los mayores peligros para el Estado de Bienestar español, aparte de las malas perspectivas económicas, es el envejecimiento acelerado que está teniendo España. Hoy las pensiones ya no son sostenibles por el Estado, es decir, las cotizaciones sociales ya no las cubren y esta situación se agravará en el futuro poniendo en riesgo las pensiones del futuro. Igualmente este envejecimiento provocará el aumento del gasto en sanidad y paralelamente, ante la reducción de gente en edad de trabajar, la recaudación por impuestos también disminuirá. Así pues, es necesario abrir el debate sobre el actual modelo de gasto social del Estado, ya que si no serán otra vez las clases bajas y medias las que verán peligrar sus derechos sociales.
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One comment

  1. 1

    Es evidente que el Estado no debería financiar los caprichos sanitarios a voluntad. En este punto se van muchos millones de euros de las arcas del estado y su necesidad real es nula. Una libertad mal entendida y un estado que concede todos los caprichos a sus ciudadanos no es un estado serio y prudente.

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