Generalitat de Catalunya, género y LGBTI: la represión de la libertad

LGBTI Philippe Ariño

El pasado domingo día 11, en la Iglesia de Santa Anna, la misma que está funcionando, y muy bien, como Hospital de Campaña de la diócesis, para atender las 24 horas del día a los pobres sin hogar, tuvo lugar una experiencia que hubiera pasado inadvertida si no hubiera sido por los furibundos ataques, intentos de censura y boicot.  Se trataba de la sesión organizada por la Pastoral de Jóvenes, Café YouCat de la Diócesis de Barcelona. En esta ocasión el invitado a dialogar era Philippe Ariño, conocido por sus libros y su blog.

Ariño reflexiona sobre la homosexualidad a partir de su experiencia y desde la doble condición de católico y homosexual. Lo hace en unos términos que no siempre gustan a unos y otros, y de aquí su interés intelectual y ético. Es un discurso que invita a la reflexión personal.

Es evidente que, al promover esta actividad, la Delegación no estaba presentando una declaración de principios, no significaba que asumía al cien por cien los planteamientos de Ariño, como no lo significó que en la sesión precedente la invitada fuera Pilar Rahola. Todo esto es evidente, como lo es también, porque siempre se ha dicho, especialmente desde posiciones progresistas, que hay que proporcionar a los jóvenes, experiencias para la reflexión crítica, más allá del marco de lo políticamente correcto. Y también se ha hecho bandera de la libertad de expresión y de reunión. Pero, visto lo que sucedió en aquel acto, es evidente que todos estos criterios y derechos fundamentales no valen para determinados temas. Este, el de la homosexualidad, es uno de ellos (el otro es la perspectiva de género).

La conferencia ya vino precedida de una denuncia del Frente de Liberación Gay, pidiendo que fuera prohibida. Era la censura preventiva que volvía, aquella que tanto gustaba al franquismo, que ahora ha resucitado. A continuación, el Parlamento de Cataluña, su Comisión de Igualdad de las Personas, va reforzó la censura del Frente en unos términos insólitos, porque hizo público un manifiesto de apoyo al colectivo LGBTI en el que instaba a la organización de la charla -es decir, al arzobispado de Barcelona- a evitar dar espacio a planteamientos que atenten contra el derecho a la no discriminación. Con esta formulación en forma de manifiesto, el Parlamento deterioraba su función de una manera grave. En primer lugar, porque las Comisiones, el propio Parlamento, no se pronuncian a través de manifiestos, sino que lo hacen mediante acuerdos, resoluciones, proposiciones no de ley, es decir, de los instrumentos que le son propios. Igual que el ejecutivo tampoco hace manifiestos, sino que utiliza las órdenes, los decretos, los proyectos de ley; del mismo modo que el poder judicial lo hace mediante interlocutorias, sentencias, resoluciones. Es un despropósito ver a toda una Comisión de un Parlamento haciendo y firmando manifiestos. También, el Parlamento se aparta de su función cuando se atreve a instar a una entidad privada, en este caso al Arzobispado de Barcelona, a que suspenda una actividad. Es una coacción incompatible con la democracia, porque no es función del Parlamento controlar a la sociedad, ni controlarla. Su misión es legislar, que es otra cosa, y la única -e importante- función de control que posee es en relación al gobierno, y a nadie más. Que el Parlamento se dirija a la sociedad para indicar qué tiene que hacer o decir, no es ni siquiera totalitario, sino simplemente bananero. Son el Poder Judicial y el Ejecutivo quienes, en todo caso, tienen que desarrollar aquella tarea trabajo. Al actuar así, el Parlamento de Cataluña se ha comportado con unos términos incompatibles con su alta misión. Ha perdido el decórum institucional, malgastado lo que es patrimonio de todos los catalanes.

Por si esto no bastara, el Gobierno de la Generalitat resucitó una función que se daba habitualmente en el régimen franquista, pero que es incompatible con la democracia. La presencia de un delegado gubernativo para que sobre la marcha verificara si lo que se dice se ajusta a la legalidad o no. Este tipo de control desapareció a partir del momento en que este país se dotó de un Estado de derecho y una constitución democrática. Es siempre a posteriori de un discurso, de un pronunciamiento público, que las instancias concernidas determinan si hay un posible delito o no, y nunca con la presencia de controladores, porque, entonces, el gobierno está llevando a cabo una función inadmisible de coacción, que es, en definitiva, es lo que llevaba a cabo el franquismo. La Generalitat tiene que explicar en cuántas conferencias más y de qué naturaleza ha utilizado esta práctica. Y también tiene que hacer públicas las conclusiones de su vigilancia policial, aplicada a un acto de Iglesia celebrado en una iglesia.

Pero el despropósito de la Generalitat no había acabado. La TV pública catalana suspendió la entrevista que tenía concertada con Ariño, negándole así un altavoz público a un tema que había generado un gran interés. Pocos días después, el consejero de Sanidad, Antoni Comin, presentó un libro del sacerdote Chamarsa, suspendido por el Papa, que vive con su pareja en Barcelona y participa cada semana a Tv3, llevo a cabo un ataque durísimo contra la Iglesia por su “homofobia”, en una acción insólita en un miembro del gobierno, solo explicable por su militancia en el homosexualismo político. Para acabar de rematarlo, todo esto se hacía con la presencia y bendición del Director General de Asuntos Religiosos de la Generalitat, Enric Vendrell. ¿Qué hacía el responsable de relaciones religiosas, escuchando a un sacerdote que la Santa Sede ha suspendido, y que habla, y no para, contra la Iglesia ¿Queda claro quién manda en Cataluña?  

Todo lo sucedido es la reacción de una ideología política que hoy gobierna en Cataluña, la del homosexualismo político surgido de la perspectiva de género.

Hay que decir con toda claridad, que una cosa es la condición de homosexual, portador como todos los ciudadanos de unos derechos inalienables y también de unos deberes de respecto a los otros, y la transformación de esta condición en ideología política instalada en el poder, con una visión de la homosexualidad transformada en identidad política portadora de privilegios, y basada en la exaltación de unas prácticas sexuales que muchas personas de esta condición, empezando por el Sr. Ariño, rechazan, y que esta ideología política intenta censurar, limitar, prescribir, atentando contra la libertad de expresión, para evitar otras opiniones distintas a las suyas, incluso cuando proceden de homosexuales confesos.

En definitiva, lo que Ariño venía a plantear, de acuerdo con sus convicciones católicas, era que la mejor opción para un homosexual es la castidad. Nadie tiene porque asumir su proyecto de vida pero nadie tiene el más mínimo derecho a impedir que hable.

La homosexualidad, como tantas facetas de la vida humana, tiene muchos abordajes, y nadie, y menos un Gobierno y un Parlamento que se proclaman modelo de democracia tienen derecho a consagrar una, y a prohibir las otras. De hecho, es más rechazable -y nadie pide la prohibición- el cruising  y el chemsex,  que están en el marco de referencia del homosexualismo politico, que afirmar la bondad del celibato, o la opción de revertir su condición homosexual. Faltaría más que solo se pueda plantear la salida del armario en una determinada dirección.

El fundamento de la no discriminación no se puede confundir con una determinada manera de concebir la homosexualidad, sino que consiste en garantizar que sus derechos como persona, comunes a todas las personas, no sean limitados por su condición sexual. Mientras no se restituya esta verdad, la libertad está en peligro, como se ha visto en el caso Ariño.

Y una nota más: la intransigencia, censura, persecución, intimidación de los instalados en el poder establecido de la perspectiva de género y LGT, es a la vez una manifestación de su inseguridad y una contradicción inasimilable que hay que profundizar. Hay que mostrar a la gente, por la vía de la práctica, sus reacciones intolerantes y punitivas. Necesitamos más actividades muy bien hechas, textos, actas que desde el lógico respeto y ejercicio de la libertad, les obliguen a elegir entre mostrar continuamente su orientación totalitaria o aceptar que sus postulados son abiertamente criticados.

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4 Comments

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    Generalmente se piensa que la principal “bestia negra” de movimiento gay son los círculos religiosos. Ciertamente la religión es el único estamento que queda que “les planta algo de cara”, y se lleva mucha crítica “progre” por ello. Pero la verdadera “bestia negra” del homosexualismo político es el movimiento ex-gay (personas que de una manera u otra han dejado atrás la lamentable práctica homosexual). Este movimiento, hasta donde yo sé, es inexistente en España pero tiene su fuerza en otros países como EEUU, y la furia que desata entre las organizaciones LGBT es debido a que desmonta los presupuestos del activismo gay.

  4. 4

    El Parlament de Catalunya está empeñado en convertir este pais en una republica bananera. Antes pensabamos que este era el objetivo de la CUP o de Podemos, pero ahora vemos que casi todos los partidos se apuntan a este objetivo.
    ¿Donde queda la libertad y la igualdad? pues los poderes publicos se la pasan por el forro, y se dedican a privilegiar un determinado colectivo, y determinada ideología para recortar libertades del resto de la población. Ya lo decía Orwell en su magnifica Rebelión en la Granja: “todos somos iguales, pero algunos son más “iguales” que otros”.

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