Género de maldades

La expresión “ideología de género” es un término polisémico: se puede entender de diferentes maneras. P…

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La expresión “ideología de género” es un término polisémico: se puede entender de diferentes maneras. Pero, quienes lo utilizan como consigna y arma política coinciden en que se trata de una manifestación de la cultura –el género-, relacionada con la sexualidad y los roles que hombres y mujeres desempeñan en aquélla. Como cultura, se puede cambiar y crear. Las diferencias entre los sexos no se consideran importantes. Lo importante es el género, que se puede crear. El aspecto más dramático y, ciertamente, inhumano es en relación a los niños, víctimas posibles de manipulaciones distorsionadoras de su personalidad en formación.

Lucy Gilber y Paula Webster (The danger of feminity: gender differences:

Sociology or biology?), señalan que “Cada niño se asigna a una u otra categoría en base a la forma y tamaño de sus órganos genitales. Una vez hecha esta designación uno es femenino o masculino. Aunque muchos creen que el hombre y la mujer son una expresión natural de un plano genético, el género es producto de la cultura y del pensamiento humano, una construcción social que crea la verdadera naturaleza de todo individuo”. (www.conelpapa.com/ideologia/ideologia.htm).

Veamos algunas realidades que resultan de la aceptación de esa ideología, que feministas y homosexuales exigen para interpretar todos los documentos políticos existentes y los que proponen a la sociedad para alcanzar privilegios “de género”. Privilegios alentados por las Naciones Unidas con miras al Nuevo Orden Mundial que impulsan e imponen. Como en esa ideología el sexo no es lo que debe definir el rol del ser humano en la sociedad, sino el género, a los niños y niñas se les enseñaría en las escuelas, sin que los padres puedan intervenir efectivamente, que ellos, desde la infancia, pueden optar “libremente” (empujados un poco) por el papel de mujer o de hombre en la sociedad, no importa el sexo con el que han nacido. Y como los niños no están en capacidad de entender, son los maestros quienes “construyen” el género –hombre o mujer- en las mentes inmaduras de los infantes, con las guías establecidas en los nuevos programas educativos, infectados de la ideología de género.

No son nuevas estas medidas que lesionan a la dignidad humana. Las impusieron a sus pueblos y a otros, Hitler y Stalin, el siglo pasado, al crearse las antinaturales culturas de la raza superior, del primero, y del igualitarismo, del segundo.

Podríamos preguntarnos si existe diferencia significativa alguna entre robar niños para dedicarlos a la esclavitud sexual, o robarlos para convertirlos en esclavos de la desorientación sexual. En ambos casos los ejecutores “construyen” sobre las débiles víctimas infantiles un nuevo estilo de vida, un género, correspondiente a la cultura (más bien subcultura) impuesta para cumplir un rol como esclavos sexuales, en el primer caso, o, en el segundo, como miembros forzados de una comunidad sexualizada cuyos integrantes se sustraen a la ley natural.

Mediante supuestos derechos especiales, que han logrado el feminismo y el homosexualismo políticos internacionales, con el apoyo de las poderosas industrias del aborto y los anticonceptivos, en numerosos países se han adoptado leyes favorecedoras a los movimientos de género. Se refieren a la “salud sexual y reproductiva”, educación sexual, esterilización, el aborto irrestricto; el “matrimonio homosexual”; la “orientación sexual”, la “identidad de género”, y todo lo que se les ha ocurrido. Este escenario existe en numerosos países. En América, sucede en Canadá, el Reino Unido y algunos estados de la Unión Americana. La ideología infecta a Argentina, Brasil y México. En Panamá, nos anuncian reformas constitucionales y proyectos de leyes sobre salud sexual y derechos especiales para “minorías sexuales”. No deben pasar.

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