Globalicemos el humanismo

Es hora de unir fuerzas para reconstruir un nuevo humanismo que tenga como centro de actuación, la persona concreta, el ser humano de carne y huesos y que ponga el centro de gravedad en la dignidad humana y el respeto por la vida.

El intelectual polaco Adam Schaff, un marxista convencido, reivindica una ética donde pudieran estar presentes el socialismo y el cristianismo, superando así la vieja confrontación histórica de los dos colectivos, porque él ve que el valor superior de estos dos humanismos, es la persona humana, y es en este campo, donde convendría unir fuerzas. Ha pasado tiempo de la proclama de Schaff, y parece que hemos perdido tiempo y fuerza por el camino, pero no todo esta perdido. Vivimos un tiempo empobrecido de ideologías. Algunos le llaman Era post ideológica. Y un pensamiento único promovido por la Escuela de Chicago, parece seguir fielmente las consignas del mercado, y a su alrededor se estructura una sociedad, movida por una fuerza motora. El consumo.

Algunos dicen y no sin razón, que las ideologías exaltadas, son peligrosas. Es cierto. En nombre de Dios se han hecho y se hacen autenticas barbaridades, pero también se han hecho en nombre de la causa o de la patria. Es  hora de unir fuerzas para reconstruir un nuevo humanismo que tenga como centro de actuación, la persona concreta, el ser humano de carne y huesos y que ponga el centro de gravedad en la dignidad humana y el respeto por la vida.

Nuestra época está marcada por un fenómeno ambivalente, la globalización. Ocupa el ámbito económico, el ámbito de los mercados, el de las comunicaciones, y tanto o mas relevante que los ámbitos anteriores, está la globalización tecnológica, que permite la circulación de capitales de una forma instantánea de una parte a otra del planeta. Pero al mismo tiempo, puede ser una herramienta magnífica para globalizar los derechos humanos por todo el mundo. Pero alerta, no nos confundamos. Un humanismo global ha de estar asentado sobre unos  principios básicos. De ninguna manera puede derivar en un colonialismo cultural o político, si no que ha de respetar la diversidad de culturas y convicciones, especialmente, las más débiles y minoritarias. Tengamos presente que la globalización entendida como uniformización del mundo, nos empobrecen y genera todo tipo de conflictos y resentimientos.  Y aquí se puede sumar, la desigualdad radical entre el Norte y el Sur, fruto del expolio colonialista. Es en este marco, donde la ética humanista tiene que trabajar a fondo, para poner las cosas en su sitio y a la persona en el lugar que le corresponde. Necesitamos globalizar el humanismo, de forma que sea posible la armonía universal de los pueblos y la sentida  fraternidad entre las comunidades humanas.

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