Gobierno y aborto, en la buena línea

Las declaraciones realizadas en dos ocasiones por el ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, y también la posición manifestada por …

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Las declaraciones realizadas en dos ocasiones por el ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, y también la posición manifestada por la ministra de Sanidad, Ana Mato, parecen indicar que el planteamiento que va a hacer el Gobierno sobre el aborto camina en la buena línea. Es un horizonte que necesita concretarse para poder ser afirmado con rotundidad, pero, de la misma manera que en otras circunstancias se han señalado intenciones nefastas, bueno es subrayar ahora que parece ocurrir todo lo contrario. Eliminar la actual legislación del aborto, una de las más permisivas de Europa, que permite llevarlo a cabo sin motivo alguno en las 14 primeras semanas y volver al caso de los supuestos, es sin duda un avance en tanto a que el planteamiento implícito y el daño de causa es menor. Lo es el planteamiento porque la ley volvería a considerar de esta manera la protección del embrión y del feto humano, y esto tiene mucho más alcance que lo que la concreción pueda hacer pensar. Y también porque los supuestos, si están bien reglamentados, constituyen una reducción muy importante del número de abortos.

En España fueron un coladero simplemente por el fraude de ley, y porque en ningún momento los gobiernos autonómico y central se preocuparon de actuar en esta materia. Hay países donde no ha sido así y entonces los supuestos han funcionado con eficacia. En Polonia apenas hay abortos, y tiene una legislación muy parecida a la que tenía España en el pasado; y algo semejante ocurre con Portugal, de tal manera que el Gobierno socialista cambió el caso de los supuestos por los plazos, precisamente porque los portugueses, que son gente seria, no permitían abortar si no se cumplía lo que allí estaba establecido. Por lo tanto, no basta con la ley, es necesario después una reglamentación clara que debe fijar cosas muy concretas como es qué significa riesgo grave para la salud de la madre, y también para suprimir el carácter brutalmente eugenésico de la actual legislación. Se han de tasar lo que son los supuestos de malformación en el mismo sentido que estableció la sentencia de 1985, que apelaba a la conciencia del estado del bienestar para afirmar que, en la medida que éste progrese (hemos recorrido un buen camino desde entonces a pesar de la crisis), cada vez la sociedad estaría en mejores condiciones de acoger seres humanos a pesar de sus limitaciones de nacimiento.

Evidentemente, todo esto no significa el fin del aborto, pero es que, hay que decirlo con claridad, este final no es posible por la ley si antes no se modifica en gran medida la cultura y la moral de los españoles. La ley sirve para encaminar hacia este sentido, pero hacen falta muchas más actuaciones. Es necesario que la maternidad y la paternidad vuelvan a ser vistos como lo que son, una bendición y no una pesada losa que amenaza el futuro. Es necesario que la maternidad esté protegida y dotada, porque este es un país que necesita niños y su falta de vitalidad cada vez será mayor por esta causa. En definitiva, si se pudiera apretar un botón ahora para fabricar una ley que prohibiera absolutamente el aborto, sería prácticamente imposible llevarlo a término, no se puede pasar de 100.000 a 0 sin causar graves problemas al propio país, pero sí se puede avanzar con una frenada enérgica, progresiva y decidida para conseguir que al final el aborto, esta triste enfermedad de nuestro tiempo, vuelva a desaparecer por el sumidero de la historia.

Todo esto no significa que no sean positivas las actuaciones para la completa abolición, no podemos olvidarnos de que este es el fin y que la presión en este sentido ha de ser constante, porque solo así conseguiremos progresar. De lo que se trata es de apoyar al Gobierno en los pasos intermedios si estos son, como parece ser el caso, en buen sentido, porque si nosotros no lo celebramos nos encontraremos en una situación que no nos es desconocida, que es que los que defienden el aborto se enfrentarán hasta últimas consecuencias para que las modificaciones no prosperen, mientras que aquellos que podrían apoyar la ley porque es un caso positivo callan porque consideran que es eso, solo un paso. Por lo tanto la bandera de la abolición debe mantenerse en pie, sin ninguna duda ni vacilación, pero al mismo tiempo hay que saludar y apoyar todo lo que signifique un avance consistente e importante, no puro maquillaje hacia la meta.

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