Goldman Sachs y la “burbuja especulativa” alimentaria provocan millones de hambrientos

Goldman Sachs, uno de los grupos de inversión más grandes del mundo, jugó con alimentos básicos de consumo en los mercados…

Goldman Sachs, uno de los grupos de inversión más grandes del mundo, jugó con alimentos básicos de consumo en los mercados financieros para lucrarse. Al abrirse la veda de la entrada de bancos en la inversión de bienes de consumo se produjo la consiguiente especulación provocando fuertes hambrunas.

Eso es lo que apunta el artículo ‘Especulando con el hambre de los pueblos en los mercados de futuros’ publicado por Jhon Jairo Salinas en el portal Solidaridad.net. En su texto se explica como En 1991 Goldman Sachs, liderado por Gary Cohn, creó un nuevo producto financiero, un derivado que tomaba en cuenta el valor de 24 materias primas (desde metales preciosos hasta granos de café, soja, maíz o trigo).
Analizaron el valor de la inversión de cada una de esas materias por separado y redujeron todo ese complicado entramado de materias primas reales en una simple fórmula matemática de cara a la inversión, conocida de ese momento en adelante como la Goldman Sachs Commodity Index (GSCI).
En el artículo de Jairo se narra que durante la primera década, el GSCI se mantuvo como inversión estable, debido a que la banca estaba más interesada en las inversiones de riesgo y en las CDO. Pero en 1999 se abrió la veda para esos nuevos derivados financieros, debido a la desregularización del mercado de futuros por parte de la Comisión de Comercio de Bienes Futuros (Commodities Futures Trading Commision). De la noche a la mañana, los bancos podían invertir cantidades ingentes de dinero en materias primas, una oportunidad que sólo habían tenido a su alcance quienes verdaderamente estaban involucrados en la producción de nuestra comida, la industria alimentaria. La banca irrumpió con fuerza en ese mercado.
La irrupción de Goldman Sachs: el dinero por el dinero
Al parecer, sasta ese momento, la industria alimentaria de los Estados Unidos había vivido con relativo éxito gracias a los contratos de futuros, por los cuales se acordaba entre comprador y vendedor un precio por unidad, aun cuando ésta no hubiera sido producida en ese momento. Esos acuerdos mantenían los precios estables y permitían a los granjeros sortear los riesgos inherentes de la profesión (visicitudes del tiempo, desastres naturales…), ya que podían invertir en sus granjas y pequeños negocios. El resultado de este sistema se traduce en una bajada del precio real del trigo a lo largo del siglo XX y en una producción de cereal en Estados Unidos que abastecía a su población y a la de otros rincones del mundo.
Pero el nuevo sistema de Goldman Sachs no tenía en cuenta a los participantes de esos contratos de futuros. El nuevo derivado financiero era "long-only", es decir, construido para comprar, y sólo comprar. En el trasfondo de este nuevo producto estaba el intento de convertir la inversión en bienes en una inversión en acciones. Se buscaba en las materias primas un activo financiero sobre el cual los especuladores pudiera reposar su dinero durante años, esperar a que el precio suba y así enriquecerse, como si se tratara de una acción de Microsoft. Este nuevo sistema llevaba implícito el aumento constante del precio de la comida. Los inversores compraban y compraban para poder vender a un precio mayor en un futuro. Era un valor seguro. A Goldman Sachs se le unirían Barclays (340 millones de libras en beneficios anuales derivados de esta especulación), Deutsche Bank, Pimco, JP Morgan Chase, AIG, Bearn Stearns y Lehman Brothers, entre otros. Y con la "crisis" de 2008, cuando el dólar, el euro y la libra dejaban de tener la confianza de los inversores, ¿qué mejor sitio que la comida, un bien necesario que nunca perderá su valor? En los primeros días de 2008, los especuladores invirtieron 55.000 millones de dólares en el mercado de materias primas, y para julio, esa cantidad ascendía a 318.000 millones. La inflación en el precio de la comida ha seguido su escalada desde entonces.
Según el artículo de Salinas, “el dinero iba y venía y la banca se frotaba las manos. Los nuevos derivados alimenticios crearon una nueva burbuja: la alimentaria. Una unidad de medida de trigo costaba de 4 a 6 dólares. Poco después, se batió el récord, costando esa misma medida 25 dólares. Desde 2005 a 2008, el precio de la comida aumentó en un 80% y no ha parado de subir desde entonces”. Al parecer, la propia ONU llegó a reconocer este hecho por boca de Olivier De Schutter, Relator Especial sobre el Derecho a la Alimentación que aseguró que en 2008, "una parte importante del aumento del precio de la comida se debe a la burbuja especulativa".
El resultado de esta aventura de los financieros de Manhattan ha causado un nuevo shock global, esta vez en la producción y consumo de alimentos. “Ahora no sólo nos encontramos con un limitado suministro de alimentos y aumento de su demanda, sino que los banqueros de inversión han creado una obra de ingeniería financiera por la cual es el trigo imaginario el que determina el precio del trigo real que consumimos”, prosigue el texto.
El resultado: las hambrunas
Para las casi 2.000 millones de personas que gastan más del 50% de sus ingresos en comida, los efectos de este sistema han sido devastadores: 250 millones de personas engrosaron el número de personas en hambruna en 2008, ascendiendo el total a 1.000 millones de personas, un número nunca visto.
Es ahora cuando nos llegan a través de los medios de comunicación los problemas alimenticios en el Cuerno de África y es ahora cuando se pide a la sociedad que preste ayuda a los países deprimidos por la burbuja alimentaria que los mercados financieros han provocado.
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