‘Guía políticamente incorrecta de la Ciencia’, por Tom Bethell

“Parece como si los científicos gozaran de cierta inmunidad”. Así comienza este rompedor texto que pretende lanzar un llamamiento a la responsabilidad…

“Parece como si los científicos gozaran de cierta inmunidad”. Así comienza este rompedor texto que pretende lanzar un llamamiento a la responsabilidad de periodistas y personas comprometidas con el mundo de la comunicación.

 
La tesis del libro es sencilla, tras muchas propuestas aparentemente científicas, se esconden simplemente posicionamientos políticos e ideológicos. El mundo “científico” ha generado un elenco de “verdades” que son asumidas sin el menor sentido crítico por parte –especialmente- de los periodistas. Así, se ha configurado una constelación de “verdades políticamente correctas” que deben ser revisadas.
 
El libro, para escándalo de muchos, revisa sentencias tan consolidadas, como que: “el planeta se recalienta”, o que el hombre está exterminando la biodiversidad, o que el planeta se está superpoblando.
 
En pocos decenios, estas cuestiones han dado un giro espectacular es su análisis por parte de los expertos: “Hace unos treinta años, volvieron a surgir los temores de superpoblación mathusianos. Ahora se veía el asunto como una crisis a escala mundial. El biólogo Paul Ehrlich vaticinó que morirían de hambre millones  de americanos (realmente, habría estado más acertado si se hubiera referido al problema de la obesidad).  Estados Unidos facturó al extranjero miles de millones de preservativos … Sin embargo, y como contraste, ahora empezamos a oír hablar de los problemas potenciales que presenta la reducción de natalidad”.
 
Entre los temas tratados, algunos rozan lo cómico. Por ejemplo, muchos de los que advierten del calentamiento global, hace 30 años defendían que el planeta se estaba enfriando. Por ello: “Para detener el enfriamiento global algunos expertos propusieron derretir la capa de hielo del Ártico”.
 
Curiosidades aparte, el hecho científico es que las mediciones terrestres y las realizadas por satélite no concuerdan. Según las mediciones por satélite no hay variaciones de temperatura en el último cuarto de siglo.
 
Otras curiosidades las encontraremos, por ejemplo al tratar sobre el mito de que en la Edad Media creían que la tierra era plana. Pues no, muy pocos eran los que afirmaban tal cosa: “Durante los primeros quince siglos de la era cristiana (solamente) cinco autores parecen haber negado la esfericidad de la Tierra, y unos cuantos más se mostraron ambiguos y poco interesados en el tema. Pero casi toda la opinión académica afirmaba la esfericidad de la Tierra, y en el siglo XV habían desaparecido todas las dudas al respecto”. El texto irá sorprendiendo al lector al proponerle nuevas perspectivas sobre el evolucionismo, la conveniencia de las centrales nucleares, lo que se esconde tras la explosión del sida, etc.
 
¿Por qué, entonces, se sostiene como verdades afirmaciones como mínimo dudosas? Como dijimos al principio, tras este entramado de pseudociencia hay intereses políticos e ideológicos. La desvelación de  esos secretos exige al lector leer el libro.
 
Guía políticamente incorrecta de la Ciencia
Tom Bethell
Traducción: Mario Lamberti
Ciudadela, 2006,
220 páginas
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