Guzmán Carriquiry: la Iglesia está llamada “a proponer ideales a las nuevas generaciones”

El profesor Guzmán Carriquiry, secretario general de la Pontificia Comisión para América Latina dictará dos conferencias p…

Forum Libertas

El profesor Guzmán Carriquiry, secretario general de la Pontificia Comisión para América Latina dictará dos conferencias para clausurar el “Seminario Internacional: Fundamentos morales de la crisis económica” que organiza la Universitat Abat Oliba CEU.

Carriquiry hablará este jueves, 5 de julio, en torno a ‘Discernimientos eclesiales en la actual crisis” a las 19.30h. Asimismo, el viernes, 6 de julio, también a las 19.30h dictará la conferencia ‘Misión y contribución de la Iglesia en un contexto de crisis de reconstrucción’.
En declaraciones a ForumLibertas Carriquiry ha adelantado parte del contenido de sus intervenciones. Este uruguayo afincado en Roma, el laico más relevante de la órbita vaticana, considera que la crisis epocal que estamos sufriendo “involucra e interpela a todas las instituciones. También a la Iglesia católica, que ha sido una de las primeras a afrontarlo globalmente, con criterios de juicios y propuestas de reconstrucción consignadas en la encíclica de Benedicto XVI, Caritas in Veritatis”.
La encíclica papal afirma: “tras el derrumbe de los sistemas políticos y económicos de los países comunistas de la Europa Oriental y el fin de los bloques contrapuestos hubiera sido necesario un repensamiento total del desarrollo” y un “nuevo modo de proyectarlo”. “No lo fue hecho –explica Carriquiry-, pues prevalecía entonces la euforia de un gran optimismo histórico, sostenido por un crecimiento económico considerado inarrestable y una prosperidad que se pensaba generalizada, gracias, entre otros factores, al dinero fácil, a los sobreendeudamientos en cadena y a ingeniosas fórmulas financieras, especulativas, de alto riesgo”.
“¿Quién puede hoy dudar que a la base de la crisis actual no haya habido raíces de orden moral, como la de una avidez descontrolada por ganacias y consumos, por niveles de vida muy superiores a las posibilidades reales, alimentadas por la ausencia de reglas y vínculos – desde el mercado financiero a la vida individual y familiar – y una cadena de corrupciones?”, se pregunta el secretario general de la Pontificia Comisión para América Latina.
El conferenciante explica que “la descristianización capilar dejó el paso a la idolatría del dinero, del poder y del placer efímero, que terminan esclavizando, obnubilando la inteligencia y la voluntad, llevando a desempeñaderos”. Y se lamenta de que “las propuestas de reconstrucción -todavía muy debatidas y contradictorias- siguen moviéndose dentro de un horizonte economicista-tecnocrático, sin advertir que se requiere una auténtica revolución cultural y profunda renovación moral, que sólo pueden lograrse a través de una valorización y cultivo del sentido religioso, de donde procede la gratitud, el sacrificio, la confianza, la solidaridad, la esperanza. No es con temperamentos abatidos, frustrados y desconcertados, ni tampoco con protestas y quejas airadas buscando los chivos emisarios, que se forjarán las energías y vitudes humanas que son fundamentales para afrontar razonablemente la crisis”.
Es por eso que el profesor cree que la Iglesia católica “está muy desafiada por la crisis”. “Su misión es siempre la misma –precisa Carriquiry-: comunicar el Evangelio de Dios en el corazón de la experiencia humana. Le toca un “sobresalto” de “nueva evangelización”, convirtiéndose en muy próxima a todos los sufrimientos y anhelos de la gente suscitados por la crisis, asumiendo todos los interrogativos que provoca, manifestando por doquier la caridad que sale gratuitamente al encuentro de las necesidades humanas para al menos moderar los efectos de la crisis y ayudar a las personas y familias a ponerse de pie gracias al abrazo fraterno, educando a valorizar dimensiones de la vida que estaban apagadas e incluso despreciadas y que ahora se revelan fundamentales -como la importancia de la familia, la dignidad y cultura del trabajo, la propuesta de ideales a las nuevas generaciones-,proponiendo con inteligencia la dignidad de la persona, la subsidiariedad y la solidaridad como cimientos de reconstrucción en nueva proyectualidad, manteniendo viva la esperanza”.
En conclusión, a la Iglesia, según Carriquiry, “le compete, sobre todo, anunciar a Jesucristo e invitar a su encuentro como la más plena, razonable y conveniente respuesta a los deseos de amor y verdad, de justicia y felicidad que, no obstante la crisis y dentro la crisis, laten en el corazón de las personas. ¡Quién si no la Iglesia, no obstante todas sus opacidades y miserias de sus miembros, puede mantener viva la esperanza, desde ya, hoy y aquí, contra toda esperanza!”.
Un seminario fundamental para el cristiano de hoy
Este Seminario Internacional también cuanta con la presencia de ponentes de alto cargo dentro de la Iglesia como monseñor Javier Martínez, arzobispo de Granada; Josep Miró i Ardèvol, miembro del Pontificio Consejo para los Laicos o monseñor Mario Todo, secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz.
Precisamente monseñor Javier Martínez, en su conferencia inaugural, que tuvo lugar este lunes, 2 de julio, explicó que a causa de las situaciones de riesgo social con las que convive constantemente en su comunidad, ha podido reflexionar sobre las causas de la crisis económica actual.
A lo largo de su exposición, el arzobispo, subrayó la idea de que “nuestra sociedad vive inmersa en una fragmentación que impregna todos los ámbitos: cultural, político, social y, por ende, el económico; y donde hemos delegado casi todo, donde todo lo hacen expertos”. Esto nos ha llevado, irremediablemente, a la irresponsabilidad del ser humano y –reflexionó el ponente diciendo- que: “el hombre que no es responsable, no sirve para nada”.
Nuestra sociedad sacrificada en beneficio de la economía provoca su propia “condena a muerte”. “Solo sabemos comprar”, aseveró contundentemente el arzobispo de Granada.
También hizo referencia a otro concepto que, según su criterio, no nos permite poder hacer un juicio claro sobre la crisis y es, “el dualismo en el que está sumida nuestra sociedad”. Este dualismo, aclaró el ponente, “nos conduce a la domesticación de la Iglesia en beneficio de las alternancias ideológicas del poder fundamentada por la pérdida del cuerpo de la Iglesia”.
En referencia al hombre contemporáneo, Mons. Javier Martínez advirtió, “que vivimos en una lucha constante contra el mundo y eso hace que no exista una verdadera sociedad. Que gane ‘la roja’, permite mantener un alivio humano y momentáneo a la insatisfacción y frustración constante en la que vivimos inmersos”.
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