¿Hacia una aprobación plena de las apariciones de la Virgen de El Escorial?

En un mensaje de mediados de junio de 1981 la Virgen dijo (según folleto editado por los seguidores de estas apariciones): “Soy la Virgen…

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En un mensaje de mediados de junio de 1981 la Virgen dijo (según folleto editado por los seguidores de estas apariciones): “Soy la Virgen Dolorosa. Quiero que se construya en este lugar una Capilla en honor de mi nombre. Que se venga a meditar la pasión de mi Hijo que está completamente olvidada. Si se hace lo que Yo digo, habrá curaciones: esta agua curará… Haced penitencia, haced oración”.

Con este permiso de la Iglesia diocesana se satisface pues una petición de la Virgen, con lo que se da indirectamente una credibilidad a su mensaje. Antes se había dado permiso para que asistieran sacerdotes y celebraran Misa en el lugar de las apariciones. Y también antes se habían aprobado (por el arzobispo anterior) algunas asociaciones religiosas surgidas al calor de dichas apariciones. Es decir, se da un progresivo reconocimiento oficioso de las mismas.

Ello equivale a que el arzobispo en su discernimiento ve con ojos favorables los frutos y fidelidad a la Fe y a la Iglesia que se han dado en torno a estos hechos extraordinarios. Y motivos o señales de credibilidad no faltan: ante todo la abundancia de conversiones inesperadas y auténticas relacionadas directa o indirectamente con el lugar, Prado Nuevo, o la vidente, Amparo Cuevas.

En segundo lugar, fenómenos que escapan a las leyes habituales de la Naturaleza y que confirman las palabras del mensaje que es una llamada acuciante a la conversión. Citemos sólo los fenómenos en el sol, en la estela del milagro de Fátima que, a primeros del siglo pasado, titularon incluso periódicos laicistas portugueses: “Cómo el sol bailó en Fátima a mediodía”.

Muchas personas dan testimonio detallado de ello también en El Escorial. Y también como un eco de un mensaje de Fátima, que hizo suyo Juan Pablo II en su visita a Portugal, nos dice con otras palabras la Virgen a través de Amparo Cuevas: “Haced hijos míos muchos sacrificios por los pecadores. Muchos están en el infierno porque no han tenido quien rece por ellos”. Señalemos la gravedad de este mensaje, al tiempo que muestra la misericordia infinita de Dios que pide nuestra cooperación.

Pero, hablemos de la vidente: Amparo Cuevas es una persona sencilla, madre de familia y poco culta. Sin embargo, manifiesta conceptos y hechos que rebasan su horizonte cultural. Ello muestra que Dios se vale de gente sencilla para comunicarse con nosotros para que se vea precisamente que no es atribuible a ningún ser humano lo que nos dice. No se trata de un gran teólogo o un gran sabio (“te bendigo Padre porque has revelado a la gente sencilla lo que has ocultado a sabios y entendidos”), sino de una persona corriente aunque con gran corazón.

Ello se ejemplifica con unos hechos dramáticos que le sucedieron: el 26 de mayo de 1983 al mediodía tres encapuchados, mientras estaba rezando, se abalanzaron sobre ella e intentaron, maltratándola, que dijera que todo lo de las apariciones era mentira, a lo que ella respondió: si es verdad cómo voy a decir que es mentira. Luego trataron de que blasfemara, a lo que ella repuso: como voy a hablar mal de Dios si es mi Padre. Dijeron que la iban a matar y cuando se disponían a violarla ella se dirigió a Dios ¿Vas a permitir esto? Entonces los malhechores oyeron un ruido que les hizo huir. Luego fue encontrada sin sentido y trasladada a un hospital.

En el parte médico el doctor hizo constar: “Contusión cráneo-encefálica, torácica y abdominal con perdida de conocimiento. Erosiones múltiples en cráneo, abdomen y tórax”. En cuanto volvió en sí, Luz Amparo recordó a sus agresores: “Los perdono y por ellos daría mi vida si fuera preciso; lo que interesa es que se salven”, proclamó, amando a sus enemigos heroicamente. (Ver pág. 84 del libro de José María Zavala “Las Apariciones de El Escorial”, de reciente publicación).

Como hemos visto, en los mensajes se nos revela que existe el cielo, el purgatorio y el infierno y que la tarea de la salvación es el negocio más importante de nuestra vida. Se nos advierte de que si los hombres no cambian, no se convierten, vendrán castigos terribles, apocalípticos (como se dijo en las ya reconocidas apariciones de Akita, Japón). Se nos insiste en la oración, el sacrificio y la penitencia. Se pide que nos confesemos bien y que comulguemos. El Santo Rosario es especialmente recomendado así como la visita al Santísimo que está abandonado. La Virgen promete asistir en su muerte a quienes recen diariamente el Rosario y comulguen los primeros sábados.

Muchísimo más cabría decir; añadamos sólo que la Virgen dice que bendecirá a quienes visiten el lugar de las apariciones. Pero mejor aún que la peregrinación física es la peregrinación interior: Hagamos lo que la Virgen nos pide.

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