Hagan el favor de bajar los impuestos

El gobierno tiene una obligación económica y moral: bajar los impuestos. No me refiero al IRPF ni tan siquiera al de sociedades, es decir, no estoy ha…

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El gobierno tiene una obligación económica y moral: bajar los impuestos.

No me refiero al IRPF ni tan siquiera al de sociedades, es decir, no estoy hablando de la imposición directa, sino a una carga fiscal muy concreta que en las condiciones actuales castiga dolorosamente a las familias y a las empresas. Y además lo hacen en una medida inversa a la importancia de las mismas. Sufre más el trabajador autónomo y el pequeño empresario que no la gran empresa.

El impuesto que ahora toca disminuir es el que pesa sobre la electricidad.

El gobierno se encuentra en la necesidad imperiosa de subir la factura de la luz. Sucede -lo ha comentado en otras ocasiones ForumLibertas– que este aumento se debería haber ido produciendo a lo largo de los años pasados de manera gradual.

Por razones de oportunismo político no se hizo durante el primer mandato de Rodríguez Zapatero y los costes crecientes se han ido embalsando. De ahí el golpe que van a recibir las economías familiares y las empresas.

Naturalmente esta factura la estábamos pagando de una manera indirecta a través de los Presupuestos del Estado, pero este no es una enfoque racional porque no permite que el consumidor tenga conciencia del coste real de la energía, y por otra parte, no pagan más los que más gastan, y en realidad nunca debería de haberse iniciado.

Pero esta historia tiene otra vertiente. La de la pesada losa impositiva que sobrecarga la factura de la luz. Hasta un 25% del coste final corresponde a los impuestos que percibe el estado, y ésta es una de las cargas fiscales más elevadas de Europa. La forma de compensar la subida es reduciendo los ingresos del estado en este punto.

No es justo que cuando haya que apretarse el cinturón siempre sean los mismos, la gente menuda, la gente de a pie, la mayoría de los ciudadanos, y que siempre permanezcan indemnes los grandes grupos económicos, y el propio estado.

Esto se ve claramente reflejado en los resultados de la bonanza económica que hemos experimentado a lo largo de casi 15 años. Quienes han registrado en una medida mucho mayor esta buena época han sido las rentas del capital y los ingresos del estado, mientras que las retribuciones salariales han tenido un progreso pequeño, y en los últimos cinco años prácticamente no se han movido de sitio.

Ahora que viene un período crítico es una injusticia que el peso recaiga sobre los de siempre.

Seguramente si el estado tuviera que reducir sus ingresos procedentes del sector eléctrico le obligaría a contemplar con otros ojos lo que sucede en este ámbito, donde en una extraña paradoja se coaligan tarifas deficitarias para las empresas y grandes beneficios económicos.

Una aparente cuadratura del círculo que naturalmente no es tal, porque se resuelve a partir de los privilegios que el estado les concede.

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