Hay más empleo, pero menos productivo: España retrocede respecto a Europa

La explosión del empleo es el factor clave de la expansión económica española. Hay mucho más empleo, es cierto, pero menos productivo. De hecho, las ú…

La explosión del empleo es el factor clave de la expansión económica española. Hay mucho más empleo, es cierto, pero menos productivo. De hecho, las últimas cifras sobre productividad muestran un frenazo en seco de la convergencia económica real con la Unión Europea. Al mismo tiempo, crecen las desigualdades en España.

 

Según los últimos datos publicados por el Banco de España, mientras en 1975 la productividad del trabajo de la economía española representaba el 95,1 por ciento de la media de los países que hoy forman la zona euro, en 2006 ese porcentaje ha caído hasta el 91,1 por ciento.

 

Se trata del nivel más bajo desde los primeros años 70, cuando la economía de España rompió por primera vez la barrera del 90 por ciento en pleno desarrollismo.

 

Posteriormente llegó a superar el 103 por ciento, debido a la destrucción de empleo más que a un avance real de la productividad del factor trabajo desde un punto de vista tecnológico. A partir de ahí, la capacidad de crear riqueza por ocupado se deslizó por una pendiente de la que aún no se ha recuperado.

 

La UE corre más

 

Las cifras del Banco de España son concluyentes: la productividad europea corre más y la española se frena en seco a partir de 1995.

 

Representada en términos de paridad de poder de compra, lo que permite comparar de forma más homogénea con los países de la eurozona, la productividad por ocupado en unidades de poder de compra en España se duplicó en 2005 con respecto a 1970 (pasó de 25.000 unidades a 52.200 en 2006).

 

Sin embargo, los países de la zona euro han aprovechado el frenazo de España, que sólo creció desde 51.400 unidades de paridad de poder de compra de 2005 a los citados 52.200, para distanciarse con creces de la productividad española.

 

Explosión de empleo barato

 

Al mismo tiempo, teniendo en cuenta que la economía española ha crecido en todos los ejercicios del periodo analizado por encima del 2 por ciento, hay que señalar que su expansión económica se debe más a la explosión del empleo que a un avance real del uso de nuevas tecnologías.

 

Cabe resaltar que sólo un 20 por ciento del actual crecimiento del PIB español es consecuencia de los avances tecnológicos. El 80 por ciento restante se debe al factor trabajo. De hecho, la productividad total de todos los factores, incluido el stock de capital, pasó del nivel 100 en 1995 al 97,8 por ciento del 2006.

 

La evolución del stock de capital tecnológico respecto del PIB, muy limitada, pasó del 54,5 por ciento de hace doce años a tan sólo el 55,9 por ciento del 2006, mientras que el stock de capital humano creció en el mismo periodo ocho puntos.

 

Al este ritmo, si no se corrige el actual patrón de crecimiento, España necesita crear más de medio millón de puestos de trabajo al año para crecer en torno al 3,5 por ciento. Esto equivale a importar mano de obra extranjera, ya que la oferta de trabajadores autóctonos es limitada por razones demográficas.

 

Frenazo en la convergencia

 

El uso intensivo del trabajo como motor de crecimiento del PIB tiene un claro peligro: al determinar la sostenibilidad del crecimiento y su aproximación a los estándares de vida existentes en otros países avanzados, en este caso los de la zona euro, acaba siendo un lastre para la convergencia económica real con esos países.

 

Según el Banco de España, en el año 2000 el PIB per cápita español respecto a la UE representaba el 92,2 por ciento de la media, y este porcentaje aumentó hasta el 97,5 por ciento en 2003.

 

Sin embargo, el año 2006 se cerró con un PIB per cápita del 98,5 por ciento, apenas una décima por encima del año anterior, pese a que la economía española ha crecido casi un tercio más que la de la UE. De hecho, desde 2005 el PIB per cápita español apenas ha avanzado ocho décimas respecto a la media europea.

 

Como contrapartida, la tasa de empleo ha aumentado espectacularmente y ha pasado, de representar el 82 por ciento de la media en 1995, al 92,1 por ciento en el 2000, y al 99,8 por ciento en 2006. O sea, mucho más empleo pero menos productivo.

 

Los ricos y los pobres, más alejados

 

Así, el actual modelo de crecimiento económico español, en el que prima la explosión del empleo poco productivo y mal pagado, con especial incidencia en el colectivo de inmigrantes, no hace otra cosa que frenar la convergencia con Europa y acrecentar las desigualdades sociales.

 

Fuentes del Eurostat constatan que el modelo capitalista europeo, especialmente el de España, se está contagiando cada vez más del estadounidense, donde destaca el crecimiento de las desigualdades.

 

Desde el año 2000 las disparidades de renta entre ricos y pobres han crecido en exceso y, en 2005, la renta percibida por el 20 por ciento de los más ricos fue casi cinco veces mayor que la obtenida por el 20 por ciento de los más pobres en la Unión Europea de los Quince.

 

El caso de España, siempre por encima de la media europea en cuanto a esa distancia entre ricos y pobres, es especialmente paradójico. En el periodo que va desde 1995 hasta 1997, gobernado por el PSOE, las diferencias entre ricos y pobres pasaron de 5,96 a aproximadamente 6,45 veces mayor.

 

Por el contrario, durante los gobiernos de Aznar, las desigualdades menguaron y, de la anterior cifra, bajaron a una renta percibida por el 20 por ciento de los más ricos rozando las cinco veces mayor que la del 20 por ciento de los más pobres, muy cercana a la media europea.

 

Siguiendo con los datos del Eurostat, a partir de 2004, con el Gobierno socialista de Zapatero, se vuelven a acrecentar las diferencias hasta alcanzar en sólo un año una cifra de aproximadamente 5,42 veces mayor.

 

Antes estos datos cabe constatar, como hemos informado en anteriores ocasiones, queen España los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres; y también preguntarse dónde están las políticas sociales de la izquierda.

 

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