Historias clínicas

Se ha sabido ahora: una empresa privada, contratada por los poderes públicos autonómicos catalanes, lleva tiempo investigando historias clínicas de ci…

Forum Libertas

Se ha sabido ahora: una empresa privada, contratada por los poderes públicos autonómicos catalanes, lleva tiempo investigando historias clínicas de cientos de pacientes de hospitales públicos de Barcelona. El objeto de esta intromisión delictiva en la intimidad de los ciudadanos es enteramente ajeno a la sanidad: se trata de inspecciones lingüísticas, para ver cuántas historias clínicas están redactadas en español o en catalán.

No es ficción, no se trata de un intento imaginativo de desacreditar la política lingüística de los nacionalistas catalanes (entre los que ya hay que contar a los socialistas, por más que los términos “socialista” y nacionalista” parezca que constituyen un oxímoron). No. Es la pura y desnuda realidad de hasta dónde el fanatismo puede llegar en un país con tantos títulos para ser considerado como de los más desarrollados del mundo. Pero el desarrollo y el fanatismo son compatibles: el nacionalsocialismo no se instauró en una tribu de salvajes, sino en Alemania, uno de los países más cultos y tecnificados del planeta.

Con todo, lo más escandaloso no es el episodio, ni siquiera el descaro totalitario de los gobernantes, sino la impasibilidad con que muy amplios sectores de los ciudadanos de Cataluña lo aceptan. Jean-François Revel se dio a conocer en España con su libro “la tentación totalitaria”. En él no se refería a la tentación de los gobernantes a actuar despóticamente, sino a la de los gobernados a ser voluntarias víctimas del despotismo.

Ay, Cataluña, mi Cataluña desconocida.

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