Hogar luminoso

A veces los dos miembros del matrimonio, o uno de ellos, o los propios hijos pueden ser un obstáculo grave para que ellos y sus hijos puedan vivir:

  • Respirando el aire puro de la concordia.
  • La tan necesaria puesta en común.
  • La convivencia pacífica que genera los climas de disfrute personal.
  • La amigable cordialidad familiar y social.
  • La amabilidad entre ellos y en su entorno.
  • La exquisita y placentera sencillez de lo cotidiano.
  • La honradez.
  • El cariño, la delicadeza y la ternura.
  • La confianza mutua.
  • La paz del espíritu.
  • El espíritu familiar solidario.
  • La oración en común.
  • La distribución equitativa de tareas del hogar.
  • Las virtudes y valores que nos hacen íntegros e intachable.
  • La sinceridad y el diálogo constructivo que nos facilita la comprensión, el entendimiento y la misma vida.
  • Los pequeños detalles hogareños que son como el culmen de la felicidad.
  • En un hogar encantador: remanso de sosiego y armonía

A veces en el ambiente familiar se fomenta y no se evita:

  • La agresividad tan lamentable y venenosa.
  • La violencia fuente de tantos males físicos y morales.
  • Las groserías muestras indecentes de una convivencia contaminada.
  • La insensibilidad que rompe y destruye.
  • El clima mezquino y destructor.
  • Las voces que crean molestias y un ambiente ciertamente desapacible.
  • La mentira fuente de frialdad y de desconfianza.
  • Las malas contestaciones que producen continuas rupturas.
  • Las salidas de tono que crean desconcierto y enemistad.
  • La vulgaridad dialéctica tan espantosa como nefasta.
  • Los viles insultos llenos de crueldad y mal gusto.
  • Los malos hábitos sociales tan de moda y a su vez tan perjudiciales.
  • Las indecentes discordias y los lamentables desencuentros.
  • La delincuencia encubierta y posiblemente peligrosa.

Y en el hogar familiar no se puede por lo tanto:

  • Vivir el silencio enriquecedor y reflexivo.
  • Vivir la veracidad.
  • Vivir la coherencia ética y moral.
  • Vivir la generosidad que alienta y estimula.
  • Vivir el diálogo enriquecedor.
  • Vivir el amor permanente e íntegro.
  • Vivir del entendimiento mutuo.

Y por lo tanto no se puede construir: “Un hogar luminoso y alegre” como gustaba decir a San Josemaría Escrivá.

Qué pena que una familia que ha de ser:

  • “Un nido de amor, una cadena de sensible sintonía, un lugar de entendimiento, un fresco manantial de delicada comprensión, una piña de perfecta unidad”.

Acabe siendo un desván caótico lleno de:

  • “Telarañas, desorden, objetos inservibles, oscuridad y triste y desapacible melancolía”.

Consigamos entre todos erradicar de nuestras vidas esta lacra anti social y anti familiar, y luchemos por la mejora de la estructura familiar para crear los fundamentos tan necesarios de un mundo mejor, en donde la sana convivencia y el amor perduren y se asienten con firmeza. Y esto será posible si vivimos la humildad y la mansedumbre; y nos alejamos de la soberbia, del orgullo y de la tan nefasta hipocresía.

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One comment

  1. 1

    Completamente de acuerdo que el hogar debería ser lo más importante en una sociedad. Pasar tiempo de calidad con la familia es uno de los principales ingredientes de una correcta educación. Conversar y, sobre todo, saber escuchar sin juzgar, son valores que debemos fomentar entre todos.

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