Holanda se suma al ‘tsunami’ francés contra la Constitución

Los holandeses asestaron este miércoles un segundo golpe, prácticamente mortal, al proyecto de Constitución europea. Una más que significativa mayoría…

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Los holandeses asestaron este miércoles un segundo golpe, prácticamente mortal, al proyecto de Constitución europea. Una más que significativa mayoría de votantes se manifestó en contra de la ratificación del proyecto, lo que pone las cosas realmente muy difíciles para que el Tratado vea alguna vez la luz. Tres días después del «non» de Francia, los holandeses dijeron «nee» y, lo que en otro caso se habría podido gestionar como un hecho aislado, se ha convertido en una auténtica tendencia que marca, en la práctica, la defunción política del proyecto de Constitución.

En los últimos días, hasta el mismo martes por la noche, el primer ministro Jan Peter Balkenende se había dirigido a los holandeses por radio y televisión para pedir el "sí" a la Constitución, porque «el futuro de Holanda está en Europa», y prometer que el texto debería servir para mejorar la situación económica del país. Pero los electores no sólo no le escucharon, sino que se pronunciaron con mayor claridad en sentido contrario. Un 61,6 por ciento de los votantes dijeron «no» al Tratado Constitucional y solo un 38,4 lo apoyaron.


Más del 63 por ciento de los electores acudieron a votar. El primer ministro, al conocer los primeros datos, ya dijo que se sentía «decepcionado» por el resultado pero que «el mensaje es claro» y que, aunque «no se trate de un voto contra Europa», a partir de ahora, «si el proceso de integración va a ir tan rápido», este resultado electoral tendrá que ser tenido en cuenta.


Diferencias con Francia


El primer ministro no tiene que gestionar personalmente esta derrota, porque él se había opuesto personalmente a la celebración del referéndum y fue el Parlamento el que le obligó a hacerlo. Tampoco la consulta es legalmente vinculante, aunque los diputados de todos los partidos se habían comprometido a respetar el resultado si acudían a votar más del 30 por ciento de los electores, algo que, según las cifras oficiales de la jornada electoral, ya se había cumplido a las 5 de la tarde.


Por tanto, la crisis política que se avecina sobre Holanda no tiene un epicentro, como le sucede en Francia al presidente de la República, Jacques Chirac, sino que se trata de un embrollo colectivo. El Gobierno de Balkenende tiene un índice de popularidad del 19 por ciento y, a eso, se deben buena parte de los votos negativos que se ha llevado la Constitución. En el Parlamento, el 80 por ciento de los diputados había aprobado el Tratado, incluidos a la mayoría de centroderecha que apoya al Gobierno y los laboristas de la oposición. Sin embargo, la población les ha dado la espalda y ha seguido a los socialistas de izquierda, minoritarios en la cámara, así como a una amalgama de populistas de derecha, como Geert Wilders, y dirigentes integristas protestantes. Balkenende dijo que ahora le toca al Parlamento decidir qué hacer con este resultado.

Primer referéndum en dos siglos


El buen tiempo de la jornada logró movilizar a muchos electores del «no» en este primer referéndum en más de dos siglos, una consulta que ha servido, además, para poner a Holanda en la lista de los euroescépticos. Para Francia es incluso un alivio que le permite decir a Chirac que ya no son los únicos, que Holanda también es un país fundador de la Unión Europea y que el rechazo ha sido incluso más pronunciado que entre los franceses, lo que de alguna manera le sirve para escurrir el bulto.


Pese a todo, Balkenende pidió el miércoles por la noche que continúe el proceso de ratificaciones en los demás países, a pesar de que, tal y como están las cosas, lo que ha pasado en Holanda puede que sirva para acentuar la tendencia negativa en otros países donde las consultas ya se preveían muy dudosas, como Irlanda o Dinamarca, porque desde que en Francia se inició la serie de votos negativos, hasta en Luxemburgo han empezado a crecer los partidarios del «no».


Como siempre, los dirigentes holandeses se sumarán también a los franceses y a los de la Comisión Europea tratando de justificar este resultado en el «déficit de información» a los ciudadanos. Pero ése es un pretexto que ya empieza a ser poco práctico. Hace mucho tiempo que unos y otros saben que la idea europea no se entendía bien y que los europeos han visto muchas cosas nuevas en poco tiempo, sin que hayan tenido ocasión de pronunciarse sobre ellas.


Algunos ya llamaron la atención en las elecciones al Parlamento Europeo de hace un año. Pero en cuanto se constituyó la Eurocámara, todas las señales de alarma quedaron delicadamente archivadas, hasta que ahora han vuelto a sonar cuando, en el edificio de la UE, ya arden dos de los 25 «pisos».

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