Homenaje conjunto de desagravio y perdón mutuo

Aprovechando estos últimos días con las consiguientes polémicas de la retirada de cruces y la exhumación de restos en el Valle de los Caídos, he de decir:

Después de setenta y nueve  años del fin de nuestra lamentable y fratricida guerra ci­vil, no puedo comprender cómo algunos individuos en representación de partidos políti­cos siguen atizando con sus opiniones para reabrir heridas y emponzoñar a las nuevas genera­ciones. La Transición española fue la única etapa de nuestra historia común donde hubo un conceso por parte de la mayoría de las fuerzas políticas, lo mismo debería hacerse hoy, con esta pesadilla que aún invade la mente débil y a la vez dolida de algunos sujetos, que quieren hacer un uso perverso de aquel tiempo, para conseguir fines que le acerquen al poder político. Todo esto aboca al odio y al resentimiento de muchos que siguen transmitiendo a sus descendientes ese fatídico episodio de nuestra historia.

He vivido la dictadura, la transición y la democracia. Mi padre estuvo y padeció la angustia y la desesperación de la guerra. Su hermano y cuñados también, unos y otros en zonas distintas. Jamás en mi casa por el sufrimiento vivido en la familia, se habló ni se generó odio contra nadie. Soy especialista en historia, conocedor y estudioso de la guerra civil he publicado dos libros biográficos sobre este tema con las vivencias de mis difuntos padres. Hemos formado tres familias con hijos, nunca hemos transmitido resentimiento, ni venganza hacia nadie. He explicado, como profesor, este tema a mis alumnos y he hecho ver con la máxima objetividad, la realidad de lo que aconteció en las dos zonas.

Con esta Memoria Histórica, utilizada tan mal por nuestros políticos, en detrimento de nuestra convivencia común, he de comunicar de manera fehaciente, que debe­mos volver al entendimiento y no a la división y enfrentamiento. Por favor, esos rencores, miedos y fanatismos se acabaron; estudiemos de forma obje­tiva nuestro pasado, para que no vuelva a suceder este tipo de acontecimientos que nos distancian. Enseñemos a nuestra juventud, fu­turo cercano, que los radicalismos y la confrontación no sirven para nada; sin embargo, el diálogo, la tolerancia y el respeto es lo que hace que la Humanidad avance.

Si levantaran de sus tumbas mis padres, abuelos y tíos, y vieran como aún estamos con esas desavenencias, disputas y odios después de tantos años, en una guerra que por un bando y otro, ellos mismos vivieron la incomprensión, el dolor y la rabia; ¿qué nos dirían? Inmediatamente de haber acabado esa locura, nos transmitieron el sosiego, el perdón y el futuro para que no volviera a ocurrir jamás esa barbaridad, que vivieron ellos  y muchos como ellos, en los años 1936-39 y después en la posguerra.

Miremos juntos hacia el futuro, hacia el no debilitamiento de nuestra democra­cia, tan difícilmente conseguida, estemos pendientes de nuestras muchas necesidades cotidianas y exijamos a nuestros políticos que se preocupen más de lo que nos prometen en las elecciones y que se olviden de generar problemas con otras cuestiones; que lo que hacen es distanciarnos, desunirnos y enfrentarnos.

Con estas líneas, pido a nuestros intelectuales, representantes políticos, instituciones y organizaciones de la memoria histórica, que se llegue a un consenso y haya un homenaje conjunto para desagraviar a todos los afectados, pidiéndose mutuamente el perdón para siempre.

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