Ideología, hipocresía y violencia contra la mujer: el escándalo de la prostitución

La política de género española, mientras no afronte la realidad de la prostitución, no es nada más que una inmensa hipocresía La política de género española, mientras no afronte la realidad de la prostitución, no es nada más que una inmensa hipocresía

España tiene unos fundamentos del bienestar tocados por la crisis, pero todavía comparativamente buenos Se trata de la sanidad, pensiones y prestaciones de desempleo. Pero en todo lo demás es débil: familia dependencia, vivienda social, políticas activas de empleo, enseñanza, que está en una situación crítica. Esta debilidad radica en una medida determinante en la insuficiencia de recursos. En este contexto destaca el gasto público en políticas de género, muy centradas en la llamada “violencia machista”, especialmente en materia de subvenciones y seguridad. Llama la atención porque es uno de los más elevados de Europa, a pesar de que en España la violencia contra la mujer no constituye una lacra equiparable a la media de Europa, puesto que se encuentra en la banda baja, sobre todo en lo más grave de todo, los feminicidios, y las violaciones.  ¿Porque existe esta diferencia en la asignación de recursos y prioridades?

Por una razón ideológica en el sentido peyorativo del término, la lente deformada que distorsiona interesadamente la realidad. Una sola muerte es una tragedia, pero a partir de esta afirmación no pueden establecerse políticas públicas, porque entran en juego las magnitudes relativas, la comparación, y esta en el conjunto europeo no resiste la importancia mediática, legislativa y económica que se otorga en España a la violencia de género, con leyes y prácticas que criminalizan al hombre, y no solo al sujeto responsable del daño.

Por una parte, resulta políticamente incorrecto destacar la etnia de quien comete un delito para no criminalizar a un colectivo, pero por otro se criminaliza a la condición masculina, como hace la ley integral contra la violencia de género. En esto, a la ideología se añade la hipocresía Se acuñan conceptos como “violencia machista”, es decir del macho de la especie, y de patriarcado, pero resulta inaceptable –es injusto- referirse a la violencia islámica, por situar una referencia. No solo esto sino que cada año, con independencia de que el número de muertes presenten una prevalencia mínima, se monta en el último trimestre la consabida campaña pidiendo más y más acciones, como la insensata -por su coste y prejuicio- que proponía Susana Díaz, presidenta de Andalucía, de establecer un seguimiento a las mujeres que retiran la denuncia contra quienes las han agredido. ¿Nadie se molesta nunca en este país en echar cuentas y contemplar prioridades? Porque al lado de la inflación en este caso brilla vergonzosamente el abandono en que se encuentran otro grupo mucho más numeroso e indefenso: el de los menores y ancianos agredidos en el hogar. Ahí, donde la denuncia por parte del afectado es imposible, y en muchos casos la violencia se disfraza de accidente, no hay nada de nada.

Pero es que a la ideología de género no le importa el sufrimiento de los débiles, solo aquello que contribuya a formatear la mente de los ciudadanos. Y 50 homicidios al año de mujeres, en un mar de millones de ellas.

Para el 2012, en España hubo 362 homicidios intencionados, de los que el 34,3% fueron de mujeres, que en 58,1% fueron familiares, y 65,7% fueron de hombres, 12,2% a cargo de familiares. En el porcentaje de los cometidos por personas de la propia familia deben descontare aquellos que no lo son por edad, o por el tipo de relación, los propios de la pareja, y esta es la magnitud final que acota la dimensión del problema. Grave pero con una importancia desproporcionada en el ámbito de los recursos y políticas. No puede ser que unos tanto y otros tan poco, porque entonces lo que surge es la injusticia

Pero el escenario es todavía peor cuando al mismo tiempo no solo se permite, sino que incluso se defiende la prostitución “voluntaria” por parte de los mismos que levantan las banderas más radicales contra la violencia machista. Es el caso de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y su concejal Gala Pin, que no solo van a desmontar la ordenanza que limitaba la prostitución en la ciudad, sino que incluso quieren municipalizarla, cuando es una evidencia que es uno de los principales focos de violencia contra la mujer, directa, con la propia prostituta, y cultural, al crear en el sujeto una mentalidad que tiende a ver en la mujer un simple objeto, que consigue solo por su deseo y un poco de dinero. La razón por la cual se prohibió la prostitución en Suecia y Noruega fue exactamente esa. La propuesta surgió de la comisión parlamentaria que durante años estuvo estudiando los feminicidios en el primer país. El resultado fue rotundo: mientras exista prostitución a gran escala, la violencia se dará. El último trabajo, uno más (Journal of Interpersonal violence, on line Aug.31) realizado este año en Boston, establece, a través de la observación de 100 sujetos que frecuentan las prostitutas, en relación al mismo número que no lo hacen, que los primeros eran mucho más agresivos y tenían menos empatía con las mujeres que los segundos, y tienen más probabilidades de cometer violaciones y otros tipo de agresiones contra ellas.

La política de género española, mientras no afronte la realidad de la prostitución, no es nada más que una inmensa hipocresía.

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2 Comments

  1. 1

    La prostitución, además, está directamente vinculada con uno de los peores delitos de nuestro tiempo y que es tan rentable como el tráfico de drogas:la trata de personas.

  2. 2

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