Iglesia, ¿un sutil aire de desvinculación?

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Atendiendo a muchas de las homilías que se producen los domingos, se percibe la casi desaparición de algunas ideas fuertes del cristianismo. Quizás una de las más llamativas entre las abandonadas es la de la Alianza. La Alianza de Dios con Abraham y sus sucesores es renovada por Jesucristo en una dimensión católica, es decir universal.

Quienes creemos que el Pueblo de Dios está unido a Él por la Alianza, debemos preguntarnos hoy si este concepto tiene algún sentido real, práctico, si lleva aparejados algún tipo de actitud y comportamiento, de un estilo de vida. Esta es una pregunta necesaria porque, al lado de la desaparición no completa pero sí muy sustantiva del concepto de Alianza en la predicación, se da con mucha fuerza el tratamiento individual de la prédica. Cada vez más el sacerdote plantea su homilía en términos personales, individuales, hasta el extremo de que en algunos casos –sólo en algunos- la palabra del sacerdote se asemeja o se acerca mucho a un manual de autoayuda. La dimensión del vínculo que une a todos los creyentes y que le da consistencia y sentido, porque el católico aislado no existe, tiende a desvanecerse en el nuevo relato.

La cuestión de fondo es si vivimos esta dimensión de la Alianza en nuestras vidas, en nuestras familias, si vemos en el Pueblo de Dios nuestra patria, es decir la pertenencia a la Ciudad de Dios o por el contrario se anteponen otros criterios, otros sentimientos. Porque, de ser afirmativa la cuestión, deberíamos ver a todos los demás cristianos como compatriotas y esto no parece que sea una realidad.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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