Inocentes: Herodes y Menguele, hoy

“…mandó matar a todos los niños de dos años para abajo” (Mt. 2, 16) El 28 de diciembre celebramos el d&iacu…

“…mandó matar a todos los niños de dos años para abajo” (Mt. 2, 16)

El 28 de diciembre celebramos el día de los santos inocentes y lo hacemos para recordar la matanza de niños ordenada por Herodes y que obligó a María, José y al niño a huir a Egipto. Desgraciadamente, ahora mismo la situación de los niños en el mundo tampoco es muy halagüeña.

Sigue habiendo hoy en día millones de niños que no reciben educación; hay niños que siguen muriendo de hambre; niños maltratados, explotados. Aún muchos niños mueren por enfermedades fácilmente evitables por falta de asistencia médica adecuada. Hay niños que viven en la calle; niños que son asesinados impunemente; niños a quienes se mata para extraerles órganos que curen a otros niños ricos.
Todavía hay multinacionales y empresarios desalmados que esclavizan a niños como mano de obra barata. Y tantos niños que sufren abusos sexuales por parte de redes de prostitución y por pederastas occidentales que hacen “turismo sexual” para satisfacer sus deseos malsanos.
Pero si la situación en los países subdesarrollados es la que es, tampoco la situación de nuestros niños españoles y europeos es la deseable. Cada día nos despertamos con la desarticulación de redes de pederastas que trafican con pornografía infantil ¿Qué mentes enfermas pueden encontrar placer en la contemplación de fotos o videos que muestran abusos sexuales de niños?
Cada día es más frecuente leer en la prensa o ver en la televisión noticias que nos hablan de niños abandonados por sus padres; de niños maltratados, a veces hasta la muerte; de niños violados que sufren todo tipo de vejaciones. Nuestras escuelas cada día sufren más los efectos de familias rotas que destrozan la vida de losniños; niños que en muchas ocasiones son utilizados por sus progenitores como arma arrojadiza contra el otro.
Nadie puede dudar de la relación directa que hay entre familias rotas y fracaso escolar o actitudes inadecuadas en el colegio por parte de niños que tienen que exteriorizar de algún modo su rabia y su dolor. La escuela fracasa porque antes ha fracasado la familia y, antes, la persona.
Pero probablemente el mayor fracaso de todos es el holocausto silencioso que se está perpetrando cada día con los niños no nacidos. Miles de abortos al año en nuestro país: miles de muertes atroces que casi nadie denuncia. Todo el mundo mira hacia otro lado, como hacían los alemanes con los campos de exterminio nazis.
El aborto es un crimen abominable contra un ser humano indefenso e inocente. No existe ningún derecho al aborto; la “interrupción voluntaria del embarazo” (menudo eufemismo de mierda) es, en todo caso, un delito sobre el que se hace la vista gorda y que se permite y no se castiga en determinados supuestos.
Pero ¿Hasta cuándo se va a seguir consintiendo? ¿Cuándo nos daremos cuenta de que un asesinato es un asesinato? ¿Cuándo dejaremos de ser permisivos con la muerte de inocentes?
Recientemente, leía en La Nueva España una entrevista con el científico don Pablo Menéndez Buján en la que decía que “debería haber un acuerdo de todos los partidos políticos para que la ciencia esté por encima de todo” y que “ni la política ni la religión deberían interferir en la investigación científica”.
El doctor Josef Menguele estaría de acuerdo con don Pablo. De hecho, en el campo de exterminio de Auschwitz, Menguele también invocó a la ciencia para realizar sus experimentos con seres humanos. Pero claro: es que los judíos no eran humanos para los nazis: eran peor que ratas y había que acabar con ellos.
Igual que los embriones humanos, que tampoco son humanos (valga la paradoja) para los científicos modernos y progresistas como don Pablo: por tanto, pueden destruirse y se puede experimentar con ellos como si se tratara de ratas de laboratorio. Manda huevos. Y nos quedamos tan anchos.
El fin justifica los medios para los desalmados de ayer, igual que para los de hoy: “conviene que un solo hombre muera por el pueblo” (Jn.11, 50); es bueno que miles de embriones mueran para curar el cáncer o la diabetes.
¿Conseguiremos algún día que se respete la dignidad del ser humano desde la concepción hasta la muerte? ¿Cesará algún día la matanza silenciosa de inocentes?
Tolerancia cero frente a la muerte de inocentes.

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