¡Insisto! ¡Dialoguemos!

No puede ser que alimentes tu vanidad y tu pensamiento envilecido encarcelando en la prisión de la vida a todo aquel que no piensa como tú

diálogo

Querido amigo: No es justo que me tengas todo un día de fiesta con caras largas y mirando a otro lado para mostrarme desprecio y evitar una conversación amable. Por ese camino llevas nuestra relación al precipicio. ¿Es eso lo que quieres? Pienso que no, pero de ser así, mejor será que no me acerque más a ti para evitar el riesgo de caer juntos por el acantilado. Tienes que reconocer de una vez que tú me necesitas a mí como yo te necesito a ti, pues nuestro mundo está interconectado por tantas evidencias. Cada encuentro en que coincidimos intentas llevarte sin ética alguna el agua a tu molino, por esa soberbia que tú tienes que te hace intentar ser siempre y en todo momento el centro de atención. Me ignoras y me evitas, y si no vengo te quejas entre tu grupito: “¿Ves? ¡No viene porque no quiere!”. Si vengo, me quieres solo por la visibilidad y por orgullo, como un trofeo de caza. ¡Malvado! Si vas a seguir así, olvídate de mí; todavía estás a tiempo de evitarlo, pero te aviso de que estoy cansándome de intentar que dialogues conmigo de una vez, como te pido hace tantos años. ¡Acepta la realidad como es, eso es la verdad, no como tú quieres imponerme que sea! ¡Ábrete! ¡Acepta mi mano tendida! ¡Dialoga! Empieza por entender que no puede ser que alimentes tu vanidad y tu pensamiento envilecido encarcelando en la prisión de la vida a todo aquel que no piensa como tú. ¡Estás convirtiendo el mundo en una cárcel! Y mientras, tú vives del aire perfumado del predicamento de los tuyos, tu grupito. Eso no es justo, y tú lo sabes, porque tu conciencia y otros te avisan. Esgrimiendo tu justicia y tu santa legalidad, tu respuesta es siempre la misma: humillación. Con toda la fuerza bruta de tu grupito, en lugar de defender tu postura con argumentos, eso de lo que tú careces. “Ven, siéntate en la presidencia”, me engañas reservándome la cabecera de la mesa, y tú te vas con tu grupito a la otra punta, para retener entre vosotros la fiesta. ¿De verdad quieres hacerme creer que eres inocente? Te llenas la boca repitiendo que quieres y defiendes la unión y eres tú quien divide solapadamente, restando y dividiendo en lugar de sumar y multiplicar. Así, el mundo, la vida, son un infierno. Comprende que no voy a aguantar esta pantomima indefinidamente, porque yo ansío el cielo y la libertad de sentirme aceptado como soy, no como tú y los tuyos queréis que sea. Quiero paz y justicia. Las dos van unidas, porque sin justicia no puede haber paz. ¡Insisto! Te ofrezco que abramos un diálogo sincero y honesto, en libertad. Firmado: Tu amigo de toda la vida.

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