Jan Patocka: del comunismo a la liberación

Jan Patocka nace en Turnov (Bohemia). Su padre, José Patocka, fue un filólogo de Lenguas Clásicas, además de dirigir un co…

Forum Libertas

Jan Patocka nace en Turnov (Bohemia). Su padre, José Patocka, fue un filólogo de Lenguas Clásicas, además de dirigir un colegio. Jan se educa en medio de una familia de cultura elevada, de solidez espiritual y muy unido a los valores patrióticos del norte de Bohemia.

A J. Patocka se le considera uno de los más grandes filósofos modernos, pero nada hubiese hecho sin su amor a la patria y a los valores como la libertad humana y política. Definido por algunos de sus coetáneos como un humanista moderno, Jan inicia sus estudios universitarios en la Facultad de Letras de la Universidad Carlos en Praga (1925). Allí estudiará con profundidad las disciplinas de Filosofía, Lenguas Románicas y Eslavo.

En 1929, mientras gozaba de una breve estancia en la Universidad de la Sorbona de París, conoce al austriaco Edmund Husserl, el padre de la Fenomenología. A su vez, Husserl le presentará al conocido filósofo Alexander Koiné. Se ejercitará en las tesis filosóficas sobre “el mundo natural como problema filosófico”, que será el título de su trabajo de habilitación para la docencia universitaria (“Prirozeny svet jako filozoficky problém, 1936). Después de esta exitosa estancia en la ciudad del Sena, se desplazará a Berlín y a Friburgo por un espacio de diez años, para continuar allí sus estudios humanísticos.

En Friburgo vuelve a encontrarse con Husserl. Esta vez le presentará al gran Martin Heidegger. De vuelta a Praga, Jan Patocka fundará el Círculo Filosófico de Praga y comenzará a publicar artículos en innumerables revistas del país. Comienza a impartir conferencias sobre temas de Filosofía hasta el estallido de la I Guerra Mundial en 1939. Debido a la invasión de Checoslovaquia por las tropas nazis, todas las escuelas y centros docentes se cierran, son perseguidos los intelectuales por las SS y muchos huyen al extranjero o son internados en los infernales campos de concentración del Reich. Tras la liberación de Checoslovaquia por el Ejército Aliado, Patocka vuelve a impartir conferencias y a la docencia en la Escuela Normal de Brno.

Bajo el yugo comunista

Pero con la derrota de los nazis no acaba el calvario de Patocka. Empieza otro peor. Si las SS le tenían vigilado día y noche, el régimen comunista checo persiguió sin descanso la actividad del profesor Patocka.

Nuestro pensador checo era muy inquieto. Ocupó varios puestos docentes en Praga. Le encontramos dando clases en diferentes Facultades de la Universidad, en el Instituto de T.G. Masaryk, en el Instituto de Pedagogía de J.A. Komensky, escribiendo, publicando libros y artículos por doquier. Su actividad docente y de publicaciones era imparable.

Durante los años 60 Patocka anhela, sin éxito, la liberación política de su nación. Pese a la oleada pacifista de Europa Occidental y las modas de liberalización de todo tipo, en Checoslovaquia el comunismo se radicaliza. Frente a ello, Patocka aumenta su actividad docente en la Academia Checoslovaca de las Ciencias y se doctora en Ciencias con una tesis sobre Aristóteles.

En 1968 las tropas soviéticas invaden Checoslovaquia en medio de la incertidumbre y el caos político. Parecía que el régimen rojo se desmoronaba, pero no, la hoz y el martillo de Rusia puso orden. La famosa invasión del 68 fue un drama para tantos compatriotas checos que luchaban por la libertad, desde el arte, la música, la literatura, las ciencias, el mundo editorial, la enseñanza, la política…

Patocka vuelve a la clandestinidad. Es apartado de la docencia pública. Pero él impartirá conferencias clandestinas en apartamentos privados de Praga y Brno. Se convierte en una especie de universidad ambulante. Con su espíritu de lucha se une al disidente Vaclav Havel y al perseguido V. Hajek, ex-ministro de asuntos extranjeros. Crean todos ellos la famosa Carta 77, donde reivindican los derechos fundamentales del pueblo checoslovaco, perseguido y martirizado por el régimen totalitario soviético.

Patocka es apresado por los agentes secretos del régimen. Es encarcelado y sometido a unos durísimos interrogatorios. Su inocencia es patente. Se le acusa de conspirar contra el Partido Comunista Checo. Pero Patocka, a la edad de 70 años, no resiste la tortura comunista y fallece en prisión, el 13 de marzo de 1977.

Lucha por la liberación

Con Jan Patocka Europa pierde a uno de los grandes defensores de los derechos humanos individuales y colectivos. Su vida fue una lucha constante contra las injusticias de los regímenes totalitarios: nazismo y comunismo. Su vida fue un cántico a la cultura y a la fuerza del saber y de la búsqueda de la verdad y del progreso humano desde la paz, la investigación universitaria y el diálogo interdisciplinario.

Lejos de Patocka queda la fuerza de las armas. Su poder estaba en lo intelectual y lo espiritual. Ni el materialismo más radical, ni el totalitarismo más eficaz pudieron dar muerte a su espíritu profundo y pacífico.

Como coartífice de la Carta 77, junto a Havel, Patocka nos enseña a que vale la pena luchar por la paz. La paz es un bien de la humanidad, de todos los pueblos. Es un bien que debe ser conservado, motivado, defendido a toda costa frente a las ideologías totalizantes y belicistas.

Patocka considera que desde la cátedra y desde el mundo religioso se puede hacer mucho en favor de la paz. Hay que unir fuerzas. Luchar por la liberación de las opresiones bélicas, contra los poderosos, esos falsos profetas que oprimen a sus pueblos con promesas de grandeza y expansión, mediante la utilización de las armas (cf. Essais hérétiques, 1981).

Luchar por la verdad

Patocka, desde el inicio de sus estudios humanísticos, se cuestionó dónde se halla la verdad. La verdad es fruto de la búsqueda sincera. Es encontrar el sentido último a nuestra realidad. Desde el estudio y el análisis de las experiencias vitales Patocka encuentra la verdad de las cosas en el corazón humano y en la relación en el Ser.

Antes de morir en manos de la STB, organización checa similar a la KGB soviética, su vida fue un canto a la verdad. La búsqueda de la verdad desde la sed de trascendencia, desde la necesidad de un pueblo martirizado por el totalitarismo soviético. La búsqueda de la verdad no encontrada en el materialismo más sofisticado del siglo XX. Y luchar por ello, por sus tesis sobre la libertad, sobre la soberanía de los pueblos, sobre la defensa de los derechos humanos, frente a la aniquilación de todo un pueblo.

Hazte socio

También te puede gustar