Jesucristo el sanador

Estoy leyendo desde hace algunos días un gran libro: Vida y Misterio de JESÚS DE NAZARET. El autor, José Luís Martí…

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Estoy leyendo desde hace algunos días un gran libro: Vida y Misterio de JESÚS DE NAZARET. El autor, José Luís Martín Descalzo (Sígueme, Salamanca 1990). En unos momentos de gran confusión en la sociedad; en un tiempo en que se deja a un lado la fe de los mayores sin haber encontrado ningún recambio, este libro para mí ha supuesto un gran regalo. Se aduce que lo espiritual debe ser asunto privado; esto sólo en parte es cierto. Nuestro Maestro nos dio la libertad y no quiere seguidores a la fuerza. Los que estamos persuadidos de que este mundo no es lo último que vamos a vivir queremos hacer partícipes a nuestros conciudadanos de nuestras perspectivas de futuro; poder hacerlo es parte de nuestra libertad de pensamiento y de expresión.

En las páginas de éste libro, escritas por un gran teólogo y novelista y con un gran sentido común e inteligencia a la vez que con gran sencillez, se encuentra la fe de nuestra iglesia.

El poder sanador de Cristo es innegable tanto a nivel espiritual como a nivel físico. En toda época histórica los seres humanos están acorralados por el dolor, la enfermedad, la muerte.

El estado sanitario del pueblo judío en tiempos de Jesús era lamentable. Todas las enfermedades orientales parecían cebarse en este minúsculo país. Según los estudiosos, tenían su origen en tres fuentes fundamentales: la mala alimentación, el clima y la falta de higiene. La alimentación a base de frutas inmaduras, carnes demasiado grasas y aguas procedentes de fuentes y cisternas contaminadas provocaban gran número de enfermedades intestinales como cuadros disentéricos muy graves.

El clima era el causante de la mayor parte de las patologías. El tiempo fresco del año, con temperaturas bajas, pasaba sin transición en los días del viento sur del desierto a temperaturas de 40 grados a la sombra.

Las afecciones de la vista eran muy frecuentes. La fuerte luz del Oriente, las grandes polvaredas tras prolongadas sequías, provocaban muchas enfermedades oftálmicas y muchas cegueras provenían de conjuntivitis mal curadas. Todavía en el hospital de San Juan en Jerusalén se atienden unos 20.000 casos anuales, perteneciendo sólo a la ciudad de Jerusalén.

De todas las enfermedades, la más frecuente y dramática era la lepra y el leproso era legalmente declarado perdido para la sociedad. Gran parte de los milagros de Jesucristo se realizan en este sector de personas pobres, y humildes, pues Jesucristo ciertamente se deja llevar por la compasión, realiza milagros de una manera silenciosa, huyendo del protagonismo del poder y de la fama y también de satisfacer la curiosidad de las personas. El realiza los milagros libremente, siempre en los necesitados, confirmando en la fe a los que le siguen. La curación física es símbolo de una curación más alta y profunda.

La liberación de la enfermedad es el inicio de la auténtica liberación del hombre, ésa que solo ÉL, en colaboración con la fe del hombre, puede conceder.

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