‘Jesús de Nazaret’, de Benedicto XVI: la historia y el dogma

En el anunciado libro de Benedicto XVI convergen tres elementos que realzan  su singularidad: su autor, su tema, la oportunidad de su publicación.El a…

En el anunciado libro de Benedicto XVI convergen tres elementos que realzan  su singularidad: su autor, su tema, la oportunidad de su publicación.

El autor es Joseph Ratzinger, posiblemente el teólogo vivo más importante del catolicismo. Pero Joseph Ratzinger no es hoy solamente un teólogo: es el  Papa.

 
Habitualmente, los Papas escriben encíclicas, exhortaciones apostólicas u otros géneros de enseñanza magisterial. No es lo más normal que los Papas escriban libros, aunque en esto, como en tantas otras cosas,  Juan Pablo II haya roto moldes.
 
Sin embargo, a pesar de ese precedente, creo que se trata del primer ensayo teológico, en sentido estricto, que publica un teólogo convertido en Papa. ¿Cómo ha de ser leído el libro? Benedicto XVI lo ha dejado ya muy claro: no como una enseñanza papal, sino como una obra de un autor privado. Con la posibilidad, por consiguiente, de disentir, ya que, en principio, su argumentación valdrá lo que valgan sus razones.

El tema es, igualmente, de enorme interés: Jesús de Nazaret. El cristianismo no hace referencia, en primer lugar, a una doctrina, sino a la Persona de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, el Salvador del mundo.

 
La identidad y la misión de Jesús están a la base de la confesión de fe de la Iglesia. Los cristianos somos, esencialmente, discípulos de este Jesús, llamado el Cristo.
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"El asunto Jesús" interesa al público; ¿por qué?
El tercer factor destacable es la oportunidad del libro. Basta visitar una superficie comercial para comprobar que, entre los títulos más vendidos, abundan aquellos que versan sobre Jesús o sobre los orígenes del cristianismo. El éxito inaudito de "El Código da Vinci", pese a su escasa calidad literaria, demuestra que el "asunto Jesús" interesa al gran público, e interesa mucho.

¿Qué pretende el Papa – el teólogo Ratzinger – con esta obra? Por lo que hasta ahora ha trascendido y a la espera de una lectura atenta de la misma, creo que hay un elemento que cobra protagonismo: el afán de mostrar el acuerdo, la no disconformidad entre la fe y la historia, entre el dogma y la investigación crítica.

 
En el fondo, los problemas planteados por el Modernismo – y antes por la Ilustración – no se han resuelto del todo. ¿Hay enemistad entre la historia y el dogma? ¿Son esferas contradictorias o complementarias? ¿Ha construido la Iglesia una imagen de Jesús que traiciona la verdad de la investigación crítica? ¿Es preciso apartarse de la fe para recuperar la verdad del Nazareno?

Una primera constatación se impone: Si Jesús hubiese sido solamente un rabbí de la Palestina del siglo I, no se explicarían tantos esfuerzos, tantos libros, tanta preocupación por indagar en la realidad de su historia. Si Jesús interesa, veinte siglos después, se debe a que es reconocido, hoy, como el Cristo, como la revelación definitiva de Dios. La Iglesia que tiene en Él su origen, su fundador y su permanente fundamento impide que Jesús de Nazaret sea asimilado, sin más, a los grandes personajes del pasado.

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Para saber… ¿es imprescindible dejar de creer?
La trayectoria de la investigación histórica sobre Jesús es compleja y variada. En la llamada "Old Quest", o antigua búsqueda, se resaltaba la oposición entre el Jesús histórico – la reconstrucción de su figura surgida de la investigación – y el dogma cristológico. Reimarus, Strauss, Renan, Wrede eran sendos portavoces del prejuicio ilustrado según el cual, para saber, hay que dejar de creer.

Bultmann inauguró una nueva etapa. La fe cristiana se remite al "kerygma", al anuncio, no a la historia de Jesús. Lo único importante es el Cristo de la fe, el "Christus pro nobis", aquel que puede iluminar mi existencia y dotarla de sentido.

La continuidad entre el Jesús histórico y el Cristo del kerygma es puesta de relieve en 1953 por E. Käsemann, que da origen a la "New Quest", a la nueva búsqueda de la historia de Jesús. Los evangelios, argumentaba Käsemann, muestran la continuidad entre el Jesús terreno y el Cristo de la fe. Si la historia de Jesús fuese irrelevante, no se explicaría la redacción de estos textos. En la misma línea, J. Jeremias insistía en la necesidad de volver al Jesús histórico y a su predicación.

La "Third Quest" destaca la renovada continuidad entre Jesús de Nazaret y los evangelios. En esta "tercera búsqueda" sobresalen los nombres de E.P. Sanders, J.D. Crossan, G. Lüdemann, J.P. Meier o G. Theissen. Una búsqueda apasionada e interesante, pero parcial, al menos en sus versiones más radicales, en la medida en que se excluye la posibilidad de una intervención de Dios en la historia.

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Es posible reconciliar historia y dogma
Ya Maurice Blondel, a comienzos del siglo XX, se había preguntado en "Histoire et Dogme" sobre la posibilidad de reconciliar ambas dimensiones; la historia y el dogma. La Tradición se vislumbraba a los ojos del filósofo francés como el principio que podría conciliarlas, sin humillar ni a la una ni a la otra. Algo así debe subyacer en la aproximación del Papa teólogo: el afán de mostrar la posibilidad y la plausibilidad histórica de Jesucristo, tal como es confesado por la fe de los creyentes.
 
En definitiva, si Él es el Hijo de Dios, la fe no es superflua para reconocerlo en su realidad más real. Por el contrario, se perfila como la óptica precisa para discernir, incluso, los vestigios que ha dejado en la historia.
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