José de Acosta: un cura evolucionista tres siglos antes de Darwin

A finales del siglo XV Europa vive uno de los acontecimientos más singulares de la historia. El mundo conocido se amplía hasta lí…

A finales del siglo XV Europa vive uno de los acontecimientos más singulares de la historia. El mundo conocido se amplía hasta límites insospechados con el descubrimiento de un nuevo continente y con la hazaña de dar la vuelta al mundo. La Iglesia no mira con indiferencia o temor este hecho sino que siente en su interior un renovado afán evangelizador, que se concreta en una siembra misionera generosa y abundante. Nuevos pueblos con sus lenguas, culturas y religiones, nuevas especies animales y vegetales, paisajes geológicos jamás imaginados… Todo esto excita la mente inquieta de muchos hombres de Iglesia que se habían enrolado en la epopéyica tarea de llevar la luz de Cristo hasta los confines de la tierra.

José de Acosta, el "Plinio del Nuevo Mundo"

Para un religioso nunca debe ser fácil aceptar un nuevo destino y acatar obedientemente la decisión de los superiores. Seguramente fue el caso de José de Acosta (1539 – 1600), jesuita y profesor de teología nacido en Medina del Campo, cuando a sus 32 años le dijeron que cogiera las maletas y se fuera al Nuevo Continente. Le habrían llegado muchas historias procedentes de allí: las batallas y conquistas, los indígenas y sus costumbres, los yacimientos minerales… En la mente de José seguramente se entremezclaría cierta tristeza por abandonar su tierra con una enorme curiosidad por conocer qué misterios se escondían más allá del Atlántico. Llegó en 1571 y no volvería a España hasta 1587.

Una vez en América recibió el cargo de provincial de los jesuitas en Perú, el segundo en la historia de la Orden en el país.Compaginó sus obligaciones religiosas y apostólicas con su inclinación a la observación y por ello no cesó de recoger muestras y de tomar anotaciones que más tarde servirían de base para su obra.

El científico misionero en un sello español de 1967
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En sus escritos queda patente esa doble preocupación vital, evangelización y ciencias naturales, y por ello no es de extrañar que examinando su producción se encuentren tanto los seis libros De procuranda salute Indiorum (sobre la salvación de los indígenas) como los siete libros de su Historia Natural y Moral de las Indias. El primer volumen, que apareció ya en 1583 en Perú, fue el primer libro impreso en este país. La obra completa, editada en Sevilla en 1590, enseguida provocó un aluvión de traducciones: italiano (1596), francés(1597), holandés (1598), alemán (1601), latín (1602) e inglés (1604). Su impacto en el mundo científico fue considerable.

En esta Historia Natural y Moral se recogen la geografía física de América, los minerales, la flora, la fauna… sazonadas con acertadas observaciones geofísicas sobre las variaciones de la declinación magnética. Además incluye estudios sobre las mareas, los vientos alisios, las corrientes marinas, las interrelaciones entre los volcanes y los terremotos…

Sus contemporáneos, hijos de una época muy aficionada a los títulos rimbombantes y grandilocuentes, no dudaron en otorgarle el honor de ser el "Plinio del Nuevo Mundo". Pero se quedaron cortos: el naturalista latino Plinio compiló lo observado por sus predecesores, mientras que Acosta no sólo no tuvo predecesores en los que apoyarse, sino que además hizo aportaciones personales de gran valor científico.

Un cura evolucionista tres siglos antes de Darwin

Sus observaciones fisiológicas sobre la población andina, habituada a vivir a más de 4000 metros de altitud, le han valido que algunos científicos modernos le consideren el precursor de la medicina astronáutica.

El mismo José de Acosta postuló que la fauna americana podría ser una evolución de la europea fundamentándolo en diversas observaciones que Darwin redescubriría tres siglos después.

Es evidente que en la historia de la Evangelización del Nuevo Mundo hay manchas oscuras, episodios negros, al igual que los hay en la vida de cada uno de los seres humanos: miserias, bajezas, codicias y envidias… Pero al igual que pasa en la vida de las personas, entre toda esa maraña se vislumbran actos generosos, magnánimos y esperanzadores.

Así fue también la historia de las misiones, que hoy podemos contemplar de una perspectiva positiva, desde los descubrimientos científicos que se realizaron en ellas.


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