José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián: “la llegada del Papa Francisco, una jugada maestra de la Providencia”

Uno de los atractivos de la próxima Asamblea anual de socios de e-Cristians, que tendrá lugar el próximo 7 de marzo en Barcelona,…

Uno de los atractivos de la próxima Asamblea anual de socios de e-Cristians, que tendrá lugar el próximo 7 de marzo en Barcelona, es la interesante conferencia abierta al público que pronunciará a las 10 de la mañana el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, y que versará sobre ‘La providencia del Pontificado del Papa Francisco‘.

En la Asamblea, de entrada libre y gratuita, se presentará un informe sobre las actividades realizadas por e-Cristians en 2014 y sobre las previstas para este año en curso. El lugar de celebración es la Fundación Balmesiana, c/ Duran i Bas núm. 9 de Barcelona.

Dada la significación de la presencia del obispo Munilla en la Asamblea de e-Cristians, nuestro diario digital ha conversado con él para avanzar a nuestros lectores algunas cuestiones relacionadas con su conferencia y su presencia en la asamblea, así como otras relativas a su valioso punto de vista en temas de actualidad que están generando debate en el seno de la opinión pública, como el cambio de enfoque informativo de algunos medios de comunicación respecto al Papa desde que Francisco está presente en el Vaticano; su próxima encíclica; la amenaza del fundamentalismo yihadista sobre un Occidente acomodado en el relativismo laicista; o el reciente atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo, entre otros temas de interés.


“Los medios de comunicación han experimentado un giro copernicano con el Papa, que va desde la desafección a la afección”

El pontificado del Papa Francisco está sorprendiendo sobre todo por la forma de comunicar y de llenar de gestos sus apariciones, ¿qué opinión le merece?

Pienso que la llegada del Papa Francisco ha sido el resultado de una jugada maestra de la Providencia; gracias a la cual se ha producido una notable superación de la desafección de millones de personas respecto al papado, a la Iglesia Católica, y al mismo hecho religioso. La misma actitud de los medios de comunicación ha experimentado un giro copernicano, que va desde la desafección a la afección. El complejo anti-romano, del que habló ampliamente Von Balthasar, estaba profundamente arraigado en muchos ámbitos eclesiásticos (obviamente, no podemos ser tan ingenuos de pensar que ya haya sido plenamente superado), y necesitaba un tratamiento de choque.

Por supuesto que un fenómeno tan amplio no está exento de manipulaciones, peligros, tropezones, etc. Pero, por encima de todo, no me cabe la menor duda de que la Providencia es la actora principal de este momento tan singular en la historia de la Iglesia (aunque la distinción de ‘Hombre del Año’ la haya recibido el Papa Francisco).

“Es un hombre profundamente tradicional, al mismo tiempo que nada conservador”

¿Considera que es un pontificado continuista en relación con los dos anteriores papas o, como se afirma desde algunos sectores, se trata de una ruptura?

Sin duda alguna, el pontificado del Papa Francisco debe de ser entendido como parte del proceso que la Iglesia vive de continua reforma, pero en fidelidad a la Tradición.

Aun a riesgo de simplificar, en diversos foros me he atrevido a formular la siguiente tesis: el Papa Francisco es un hombre profundamente tradicional, al mismo tiempo que nada conservador. Distinguir estos dos conceptos es clave, para no errar en el juicio sobre este pontificado. Y, por desgracia, con frecuencia se confunden, generando no pocos malentendidos y perplejidades.

Los medios de comunicación tienden a subrayar los gestos de Francisco que expresan su libertad interior, nada conservadora; mientras que suelen silenciar los gestos y palabras que demuestran la determinación con la que se reafirma en la tradición de la Iglesia: menciones frecuentes a la acción del demonio, no ya en un sentido simbólico, sino real; insistencia en la confesión frecuente y humilde de nuestros pecados, frente a las incomprensiones racionalistas y a las resistencias secularizantes clericales; manifestaciones contundentes frente a la ideología de género… Incluso se ha realizado un silenciamiento muy significativo en lo que respecta a la etapa episcopal de Jorge Maria Bergoglio.

Entonces, ¿cuál es su opinión respecto a los halagos que Francisco recibe por parte de medios de comunicación que tradicionalmente han protagonizado críticas muy duras con los anteriores papas y con la Iglesia?

Sin duda, habrá de todo: desde intentos de manipulación maliciosos, pasando por una incapacidad de comprensión, hasta una apertura a un mensaje anteriormente rechazado, gracias a la superación de los prejuicios. Creo que es bueno tener conciencia de todo ello, porque no podemos ser mal pensados por principio; aunque tampoco ingenuos.

La próxima encíclica del obispo de Roma tratará sobre la Naturaleza y la relación que el hombre mantiene con ella. ¿Qué podemos esperar de ese texto?

Creo que el Papa Francisco, también en este tema, será continuista con el discurso de nuestro Papa emérito, Benedicto XVI. De hecho, el anterior pontificado se caracterizó tanto por una incidencia muy importante en la teología de la creación, como por sus aplicaciones en el campo moral, en lo que se refiere a las responsabilidades del hombre en su relación con la naturaleza. Es de suponer que el Papa Francisco se atreva a asumir determinadas tesis sobre el grave riesgo en el que se encuentran los ecosistemas de la Tierra. Los problemas con los que nos enfrentamos no son meras hipótesis, como durante mucho tiempo algunos se habían empeñado en sostener, sino que son hechos comprobables.

Naturalmente, esto no quiere decir que la Iglesia vaya a hacer suyos los principios de un ecologismo radical, que olvida la centralidad del hombre en la creación. Sin duda, la encíclica del Papa Francisco tomará distancia frente al ecologismo naturalista, en favor de una ecología humana.

“¡No seamos ingenuos!, el fundamentalismo islámico elige el objetivo de Charlie Hebdó por su interés de presentar a Occidente bajo la bandera de la anarquía”

Recientemente, usted advertía en una homilía del “riesgo de un choque de trenes ante un Oriente amenazado por el fundamentalismo fanático y un Occidente amenazado por el relativismo laicista”. ¿Cómo percibe este riesgo?

El fundamentalismo islámico elige el objetivo de Charlie Hebdó, no tanto empujado por su celo religioso —¡no seamos ingenuos!—, cuanto por su interés de presentar a Occidente bajo la bandera de la anarquía. Lo que el yihadismo quisiera transmitir es la imagen de que Europa es atea, hedonista, materialista, etc; de forma que la única alternativa ante el desmoronamiento espiritual de Occidente sería el Islam, en su versión más fundamentalista.

Frente a esta estrategia, en primer lugar, Occidente debiera de trabajar para que ese estereotipo no sea cierto. Tenemos grandes ideales en nuestra tradición, y es necesario ponerlos en valor. Caemos en la trampa cuando reivindicamos la libertad como único valor moral de Europa. Para empezar, confundimos la libertad con el libre albedrío. Ciertamente la libertad implica el libre albedrío; pero es mucho más: es la capacidad para el bien.

El choque de trenes consistiría en la confrontación de una religiosidad liberticida, frente a una libertad atea. Nuestra alternativa a ese choque es muy clara: las raíces cristianas de Europa.

¿Se cumplen las previsiones del Papa emérito Benedicto XVI en su entonces criticado discurso de Ratisbona?

Cuando Benedicto XVI pronunció aquella lección magistral en Ratisbona, recordando que toda sana religiosidad tiene que integrar la racionalidad como presupuesto para su autenticidad; lo malo no fue tanto la reacción fundamentalista, cuanto el silencio cobarde de Occidente (que incluso llegó a reprochar al Papa su discurso).

A la luz de la actual amenaza de la Yihad, si leemos aquel discurso de Ratisbona, considerado por muchos como uno de los más proféticos de todo el pontificado de Benedicto XVI, comprenderemos que Joseph Ratzinger estaba incidiendo en la necesidad de una reinterpretación del Islam en parámetros aceptables para la dignidad humana. Es decir, justamente lo que hoy estamos cansados de oír y de repetir.

“El error de Occidente comenzó cuando su política exterior para Medio Oriente ignoró completamente el hecho religioso”

El Papa Francisco ha impulsado, como hicieran sus predecesores al frente de la nave católica, las relaciones interreligiosas. Sin embargo, ¿en qué se equivoca Occidente ante el imparable ascenso del yihadismo radical?

Los mayores especialistas en relaciones interreligiosas son los cristianos que viven en países donde son minoritarios. Cuando uno les visita en Medio Oriente, le impresiona comprobar las buenas relaciones —no exentas de episodios duros y dramáticos— que siempre han mantenido con los representantes de las demás religiones; en unos entornos que a nosotros nos resultarían muy complicados.

Por ello, el error de Occidente comenzó cuando su política exterior para Medio Oriente ignoró completamente el hecho religioso. Las Iglesias cristianas de aquellos lugares se opusieron desde el primer momento a las intervenciones armadas contra Irak, Siria, etc. Nos advirtieron que se estaba luchando contra unos regímenes que, aunque dictatoriales, eran respetuosos con la libertad religiosa; con el consiguiente riesgo de contribuir al auge del yihadismo y a la desestabilización de su convivencia. Occidente no hizo caso ni de las advertencias de los cristianos del lugar, ni de las palabras de San Juan Pablo II. Entramos en esos países como un elefante en una cacharrería, terminando por generar lo que hoy se denominan “Estados fallidos”.

¿Y en cuanto a la postura de los países islámicos ante ese mismo fenómeno?

Lo verdaderamente sorprendente es que Occidente, especialmente Estados Unidos, eligiera desde el primer momento como aliados en el Medio Oriente a los países islámicos más contrarios a la libertad religiosa, con Arabia Saudí a la cabeza. Mientras que puso en su punto de mira a los regímenes en los que los cristianos disponían de libertad religiosa (recordemos que el ministro de asuntos exteriores de Sadam Hussein — Tarek Aziz— era cristiano; o que en Siria existían aldeas cristianas en las que se hablaba todavía el arameo, la lengua de Jesús). A nadie se le escapa que la idolatría del dinero es la que ha marcado la política internacional de Occidente; y ahora nos cuesta hacer una lectura autocrítica, en la que reconozcamos que el dinero no es el motor de la historia. Ciertamente, el Estado Islámico, a diferencia de Occidente, no tiene el dinero como su razón de ser (aunque, obviamente, lo necesita).

“Los principales responsables del avance del Islam en Occidente somos los cristianos secularizados”

¿Qué alternativas vislumbra para alcanzar una convivencia social donde no exista el riesgo de fundamentalismo?

El desastre al que se ha llegado en Oriente Medio tiene ahora ya muy difícil solución. En este momento, creo que no existe otro remedio que una intervención armada internacional frente al Estado Islámico, bajo bandera de la ONU. El Secretario de Estado del Vaticano, así lo ha solicitado, en una declaración sin precedentes. Paradójicamente, Occidente intervino cuando no debía hacerlo, y ahora titubea, o a lo sumo envía unos drones, mientras que las minorías religiosas continúan siendo masacradas.

Los gobiernos de Occidente habrán de tomarse en serio el control de los potenciales focos de fundamentalismo entre nosotros (sin duda, ya están enfrascados en esta tarea). Pero lo que sobre todo me parece urgente es el redescubrimiento de nuestra identidad cristiana. Los principales responsables del avance del Islam en Occidente somos los cristianos secularizados. Por una parte, el rechazo de la Humanae Vitae está en el origen de una inmigración sin precedentes. Pero no se trata únicamente de la disminución del número de los cristianos, sino de su pérdida de identidad.

Es importante tener en cuenta que el peligro del choque de trenes, por lo menos en la situación actual, no tiene su raíz tanto en la confrontación entre dos creencias firmes y opuestas como en la tentación fundamentalista del Islam al sentirse superior en su confrontación con un cristianismo débil y acomplejado.

“El lema “Je suis Charlie” perfectamente podría haber sido diseñado por los estrategas yihadistas. Es difícil imaginar una estrategia más torpe por parte de Occidente”

¿Se identifica usted con la frase ‘Je suis Charlie‘? ¿Cómo valora las consecuencias sociales y la valoración mediática de los atentados a la redacción de este diario satírico?

Tal y como he querido reflejar en una pregunta anterior, el lema “Je suis Charlie” perfectamente podría haber sido diseñado por los estrategas yihadistas. Es difícil imaginar una estrategia más torpe por parte de Occidente. La reacción en bloque de Occidente ante los atentados de París, contrasta con nuestro silencio e inacción ante el martirio de los 21 cristianos coptos, por poner solo un ejemplo. Sin duda, hay dos causas que explican esta apatía de Occidente ante el drama de los cristianos de Medio Oriente: no nos tomamos en serio el sentido positivo de la globalización, de forma que discriminamos indebidamente entre los crímenes que nos salpican, y los que no. Y, en segundo lugar, nuestra secularización… Por ejemplo, las recientes reacciones de determinados políticos españoles ante la publicación del currículo de la asignatura de religión, contextualizan bien la indiferencia Occidental ante el destino de los cristianos perseguidos.

¿Qué les diría a aquellos que consideran que una de las causas y raíz de la violencia son las religiones?

Les diría que abran los ojos a la historia, dejando a un lado sus prejuicios marxistas y nihilistas. En la historia se ha ejercido la violencia en nombre de Dios; como también se ha ejercido la violencia en nombre del ateísmo (al grito de “la religión es el opio del pueblo”, decenas de millones de personas fueron asesinadas en el siglo XX); en nombre de la libertad (¡recordemos la guillotina francesa!); en nombre de la raza, del dinero, del deporte, etc. Dicho de otro modo, la violencia busca supuestas justificaciones para eludir la propia responsabilidad. Las verdaderas causas de la violencia están dentro de nosotros: soberbia, materialismo, ambición de poder, etc.

“Ciertamente, no podrían haber acontecido más cosas en menos tiempo en el seno de la Iglesia Católica; al mismo tiempo que el mundo ‘arde’”

El próximo 7 de marzo se celebra en Barcelona la Asamblea de e-Cristians a la que usted asistirá. ¿Cuál será el eje de su intervención en esa asamblea?

Bueno, tal vez ustedes ya me han “sonsacado” en esta entrevista la posible tesis de esa ponencia. En cualquier caso, espero poder desarrollar principalmente algunas reflexiones sobre lo que la figura del Papa Francisco está suponiendo para la Iglesia Católica en estos dos primeros años de pontificado. Ciertamente, no podrían haber acontecido más cosas en menos tiempo en el seno de la Iglesia Católica; al mismo tiempo que el mundo “arde”.

Este año teresiano, será una buena ocasión para recordar la conocida expresión de nuestra Doctora de la Iglesia: "Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, como dicen, pues le levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo, ¿y hemos de gastar tiempo en cosas que por ventura, si Dios las diese, tendríamos un alma menos en el cielo? No, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios cosas de poca importancia" (Camino de Perfección 1, 5).

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