Josef Hromádka y el cristianismo pacificador

“La totalidad del pensamiento de Hromádka indica movilidad; la dinámica se opone a la estática, la mutación a la cal…

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“La totalidad del pensamiento de Hromádka indica movilidad; la dinámica se opone a la estática, la mutación a la calma, el fuego al anquilosamiento y la revolución al status quo (Hans Ruh).

Hrodmádka y su tiempo

Josef L. Hromádka nace en 1889 en Hodslavice (Moravia). En su juventud se inclina por los estudios de Teología. En una época marcada por el positivismo filosófico, vive fascinado por las cuestiones trascendentales. Estudia en Viena, Basilea, Heidelberg y Aberdeen.

Acabados sus estudios teológicos se inicia en la docencia universitaria en 1920 en la Universidad Johann Hus de Praga (República Checa, antigua Checoslovaquia). Se especializa como profesor de Teología sistemática. Durante la II Guerra Mundial impartirá clases de Apologética y de Ética en el Seminario Teológico de Princeton (EE.UU.).

De 1950 a 1966 ocupará el cargo de decano de la Facultad Teológica Comenius de la Universidad de Praga. Compartirá esta responsabilidad con su nombramiento como miembro del Consejo Ecuménico de las Iglesias. Será presidente de la Conferencia Cristiana de la Paz, donde se debaten, en una gran asamblea formada por protestantes, católicos y ortodoxos, los problemas de la paz mundial.

Fue miembro de la Iglesia Evangélica checa, situada dentro de la rama protestante. Las raíces de su Iglesia nacieron antes de la Reforma Protestante de Lutero. Eran los antiguos Hermanos Moravos, que se constituyeron en 1458 en Bohemia y Moravia, después de la guerra con los Husitas, como facción independiente del catolicismo. Su finalidad era la de llevar una vida radicalmente evangélica practicando con esmero la no-violencia, partidarios del pietismo, enemigos del juramento y de la guerra, utilizaban como única fuente religiosa las Sagradas Escrituras.

Hromádka impulsó los estudios teológicos y filosóficos en medio de los difíciles años del comunismo checoslovaco. Potenció el análisis del fenómeno religioso en sus clases y promovió el diálogo entre profesores marxistas y cristianos, en un ambiente marcado por el estatalismo comunista.

De entre sus obras destacamos: Teología e Iglesia (1949); Evangelio para los ateos (1960); El Evangelio en camino hacia el hombre (1961); Diálogos entre cristianos y marxistas (1965).

Un pensamiento vivo

Las ideas de Hromádka, poco conocidas en Occidente, han influido notablemente, en la segunda mitad del siglo XX, en los países del Este.

En un primer momento, se plantea si es necesario creer en Dios para ser plenamente hombre. Considera que el hombre necesita de Dios. Es más, afirma que “la gracia no destruye la naturaleza humana, sino que la eleva y la perfecciona”. Esta gracia ayuda al hombre a purificarse de sus dolencias espirituales.

Frente al ateísmo sociológico, que inunda nuestra sociedad actual, el creyente es capaz de testimoniar la gracia divina, como elemento nuclear de nuestras vidas, que nos llena existencialmente y nos da la felicidad.

Hromádka cree firmemente que el hombre necesita de Dios, para ser plenamente hombre, aunque K. Rahner afirme que “Dios sigue siendo el misterio absoluto e indescifrable”. A Dios no se le puede rebajar a la medida de nuestros conflictos humanos. Dios es el absoluto que se halla en el trasfondo de toda búsqueda de la verdad y en todo ideal humanístico (justicia, amor, paz, bondad…). Para Hromádka, Dios es “la fuerza de nuestra fuerza” y no tanto “el consuelo de nuestras debilidades” (Duméry).

Crítica al cristianismo aburguesado

Su postura ante el sistema comunista checo fue clara: de total crítica al totalitarismo marxista. Afirmaba insistentemente que algún día, los regímenes comunistas de todo el mundo se enfrentarían a los problemas existenciales del ser humano.

Esta crítica radical del comunismo también se deriva en una crítica a las instituciones que dejan de lado los derecho humanos y se dedican a fomentar la burocracia, el poder y el materialismo. Por ello, criticará con énfasis al cristianismo aburguesado y acomodado. Se enfrenta a las instituciones cristianas que no han sabido defender los valores humanos y el desarrollo del hombre.

Las críticas de Hromádka al cristianismo light se basan en el Evangelio. Contempla a Jesucristo, por medio del cual Dios está en camino hacia el hombre. Jesús de Nazaret se muestra solidario con el hombre, es su hermano. El Evangelio desea encender en nuestros corazones el fuego de Jesús por el hombre, por el hombre de todos los tiempos: “Nada se puede hacer sin un fuego ardiente en nuestros corazones, pues sin él no podemos hablar con vida, comprensiblemente y con sentido creador” (El Evangelio en camino hacia el hombre, 1961).

Teología de la encarnación

Gracias a la encarnación, Jesús de Nazaret ha penetrado en la historia, para escribir también en ella el camino de salvación para la humanidad entera. Así, el pensador checo nos recuerda: “Mi interés radica en demostrar que la Iglesia de Jesucristo y sus teólogos tienen que mirar valerosamente la historia cara a cara y comprender la realidad actual en toda su crudeza y con todo vigor” (Der Khatolizismus und der Kampf un das Christendum, 1925).

Hromádka, a través de sus escritos y de su docencia, buscaba que los cristianos mirasen los signos divinos a través de la historia y, tras esta mirada objetiva de la historia, se diesen cuenta de que ellos están llamados a cambiarla o, por lo menos, a influir decisivamente en ella. El gran peligro para los cristianos y, para las iglesias cristianas, constituye en anquilosarse en la historia, en el pasado “glorioso” sin mirar hacia el futuro ni enraizándose en el presente, luchando para mejorar el presente de los pueblos y naciones desde los valores evangélicos.

A Hromádka le preocupaba que las instituciones eclesiales actuasen reaccionariamente respecto a los cambios de los tiempos. Necesitan, también ellas, evolucionar, buscar incansablemente nuevas posibilidades de servicio al hombre moderno y a la sociedad. Para nuestro pensador checo, la Iglesia siempre está en movimiento y “el escenario de sus caminos cambia de día a día y de año en año”.

Mensajero de la paz

Hromádka, en su pasión por defender el cristianismo auténtico de las posturas hipócritas y no evangélicas, hizo un llamamiento a todos los cristianos para que luchasen por la paz mundial. No debemos retraernos de las realidades políticas ni sociales. Hay que predicar la paz en toda situación política.

Nuestro pensador cristiano plantó cara a los nuevos experimentos sociales marxistas, al escándalo de la violación sistemática de los derechos humanos dentro de los países totalitarios, a la existencia de dos bloques antagónicos: Occidente y la URSS, con un serio potencial nuclear.

Hromádka nos llama a la reconciliación y al perdón mutuo entre las iglesias cristianas, al encuentro ecuménico, al diálogo interreligioso y a la paz mundial.

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