Juan Manuel Cotelo, director de ‘La última cima’: “Dios no hace selección de personal”

Juan Manuel Cotelo (Madrid, 1966) es el director de La última cima. La película-documental que ha levantado una gran expectación …

Juan Manuel Cotelo (Madrid, 1966) es el director de La última cima. La película-documental que ha levantado una gran expectación en España sorprendiendo por su contenido. Cotelo aborda la vida de Pablo, un sacerdote que falleció trágicamente en un accidente de alpinismo en el Moncayo el pasado febrero de 2009.

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, comenzó trabajando en televisión como redactor de una agencia de noticias. Ha sido actor en la películas Torremolinos 73 (2004), de Pablo Berger; y en series de televisión como Compañeros (1998–2002), Javier ya no vive solo (2002), 7 vidas (2001–2004), Hospital Central (2005) y El comisario (2006).
Con 30 años decidió dar el salto al largometraje a partir de un guión que estuvo madurando largo tiempo: El sudor de los ruiseñores (1998). La película es una comedia dramática sobre la emigración. En 2007 dirigió los cortometrajes Esto no es una ONG y Corto descafeinado, junto a Antonio Esteve, Alexis Martínez y Jorge García. La última cima es su nueva apuesta por el largometraje.
El pasado lunes 21 de junio recibió a ForumLibertas.com tras el coloquio que ofreció en el aula magna de la Universitat Abat Oliba CEU sobre el documental. El acto -al que asistieron trescientas personas- estuvo organizado por Ayuda a la Iglesia Necesitada.
Cotelo nos habló de Pablo, un sacerdote que “no quería conocer” y a cuyo funeral acudieron 3.000 personas, ¿por qué?, para ello hay que ver este documental que ya ha tocado el corazón de miles de personas.
El Papa Benedicto XVI acaba de clausurar el año sacerdotal, uno de los más difíciles para la imagen del sacerdote, duramente castigada por los escándalos de abusos sexuales en la Iglesia. La pregunta es obligada, ¿por qué una película sobre un sacerdote ahora?
No estaba planificado así, uno a ve ahora la coincidencia con el año sacerdotal pero no es intencionado ni provocado. Hay muchos sacerdotes buenos y estamos deseando que nos hablen de ellos. Si miras los periódicos y los informativos, y pones en un lado las noticias dela gente que hace cosas malas y en otro las de gente que hace cosas buenas la balanza está muy descompensada. No obstante, creo que siempre es buena época para hablar bien de alguien sin necesidad de que sean héroes. También de eso tenemos saturación, de personas heroicas mientras que nos falta información de corte básico.
“Dios es capaz de sacar la santidad de un tarugo”
¿A Pablo también se le podría considerar un héroe? En algún momento usted ha afirmado: “Con Pablo uno puede descubrir que el Cielo no está ‘más allá’ ni empieza ‘más tarde’, sino que desde ahora uno ya puede empezar a vivir en el Cielo, si dejas que Dios entre en tu vida”.
Creo que no. Yo quitaría la palabra heroísmo de la santidad. El mérito de la santidad siempre está descompensado en la balanza, pesa más Dios. Esa es la belleza de la Iglesia, que Dios no hace selección de personal, que Dios es capaz de sacar la santidad de un tarugo. La historia de la Iglesia está llena de tarugos empezando por los propios apóstoles que no habrían pasado un proceso de selección personal.
¿Pablo hubiera pasado un proceso de selección personal?
Yo creo que sí, porque a los ojos humanos él tenía condiciones humanas buenas. Pero lo que le convierte en santo no es eso, eso le convierte en un hombre inteligente, guapo y simpático. Lo que realmente le convierte en santo es que él atribuye a Dios todos sus dones, que no hablaba de sí mismo y que era humilde.
“La clave de la santidad es la persona que confía poco en sí misma y confía más en Dios”
El propio Jesucristo dice que “en esto reconocerán que sois mis discípulos”, en el amor. Y si en algo Pablo es un ejemplo es en el amor. Yo no puedo imitar su simpatía ni su belleza, pero sí puedo imitar el modo en el que servía a las personas. La clave de la santidad es la persona que confía poco en sí misma y confía más en Dios.
La santidad es una persona en la que fijarse, una persona a la que imitar. Usted habla de Pablo como de un santo, de lo que dice se desprende que Pablo podría ser alguien a quien la Iglesia elevara a los altares.
Yo hablo sin ninguna autoridad, pero a diario vemos beatificados a muchos héroes cotidianos, empezando por los que tienen fama en las empresas. Si triunfas en el deporte se te beatifica, si triunfas con las mujeres se te beatifica, si tienes un cuerpo perfecto se te beatifica. No tenemos reparos en ensalzar las cualidades de las personas y no está mal hacerlo ya que hay mucha belleza en el ser humano. No obstante, tras haber entrevistado a sesenta personas que conocían bien a Pablo, éstas son unánimes en decir que era un santo, y también son unánimes en decir que no hizo nada extraordinario.
¿Era un representante de la santidad de lo cotidiano, pues?
Estaba al servicio del que se pusiera por delante y entendía su sacerdocio como un instrumento de Dios que canaliza su gracia a las personas. El sacerdote es un mensajero, un intermediario. Luego cabe destacar la humildad de Pablo, era una persona con una mirada muy limpia.
“Pablo era una persona que se dedicaba a amar. Ese fue el esfuerzo de su vida, su cumbre más importante”
¿Cuál era la última cima de Pablo?
Esa pregunta se la ha hecho todo el mundo, la respuesta es que se entregó a la santidad. Nada indica algo que haga pensar lo contrario. Era una persona que se dedicaba a amar y lo ha hecho muy en serio. Ese fue el esfuerzo de su vida, su cumbre más importante.
Esa es una cima que tiene distintas alturas para cada uno. Algunos pueden alcanzar la santidad con una sola frase, de hecho el primer santo canonizado de la historia de la Iglesia es la persona que estuvo crucificada junto a Cristo, fue canonizado la por propia voz de Dios que le dice: “Hoy mismo tú estás en el paraíso”. Sin embargo hay quien estuvo trabajando de sol a sol y otros recibieron el mismo salario trabajando una hora. Puede parecer injusto, pero esa es la justicia de Dios que quiere que todo el mundo pase por la puerta y que está dispuesto a ser injusto con tal de salvar a las personas.
En ese sentido, nadie se gana la santidad o el perdón, no se puede decir a Dios “págame con justicia lo que yo te he dado a ti” porque saldrás perdiendo: Dios ha muerto por ti, se ha humillado, se ha hecho alimento y te ha perdonado no una vez sino siempre. Al final sólo te queda dar gracias y pedir perdón.
¿Por qué la Iglesia está generando tanta animadversión en la actualidad? Antes comentaba la incongruencia entre lo que dicen los medios de comunicación y lo que ha visto en las personas de a pie con el documental.
En un cuadro yo puedo mirar una esquina, concentrarme en esa esquina, contarlo todo sobre ella, contar la verdad al 100% de ese fragmento y, a la vez, estar mintiendo sobre el cuadro. Hay un modo de mentir que es contar parte de la verdad. Y es un modo absolutamente eficaz.
Si yo sólo hablo de lo negativo de una realidad hermosa, miento. En una parte de la Iglesia no hay una realidad idílica, pero Dios se ha hecho hombre y la gracia de Dios (y esa es la humildad de el Creador) pasa a través de los hombres. Eso ocurre con los célebres milagros del Jesús de sus primeros años: para dar de comer utilizaba hombres, para dar de beber utilizaba, igualmente hombres y, en la actualidad, Dios sigue dando la gracia a través de los hombres. Dios quiere contar con el género humano para actuar.
Dios no obliga a nadie nunca a amar, te invita, te mendiga, te suplica y se pone a tu servicio para conquistarte pero no te obliga nunca. Si una persona le dice “yo no te necesito” Dios da un paso atrás y se retira. Esa es la realidad de la Iglesia: la historia de personas que pueden aceptar o rechazar a Dios.
“Yo no quería conocer a Pablo, me negué durante dos meses a conocerle y cuando le conocí me negué a hacer la película, el principal freno se llama prejuicio”
Muchos lectores de ForumLibertas.com no habrán visto la película, ¿por qué vale la pena que lo hagan?
La película es solamente una invitación, un canal que puede servir, pero hay que respetar la libertad de quien no quiere verla. Yo no quería conocer a Pablo, me negué durante dos meses a conocerle y cuando le conocí me negué a hacer la película, el principal freno se llama prejuicio. Tienes un mundo en el que estás cómodo y estás acomodado, ya sabes qué es la verdad, quién es bueno, quién es malo y no quieres salir de ahí porque te incomoda. Ir a ver la película es arriesgarte a descubrir una sorpresa.
Y si superamos ese prejuicio, ¿qué vamos a ver en La última cima?
Alegría y esperanza. La mirada de Pablo transmitía alegría. Las personas salen del cine alegres y pensando “yo también puedo ser así”.

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