Junípero Serra: mallorquín universal (I)

Petra estará de fiesta las próximas semanas. Petra, localidad situada en el centro de Mallorca, que cuenta alrededor de tres mil habitan…

Fray Junípero es considerado el “apóstol de California" Fray Junípero es considerado el “apóstol de California"

Petra estará de fiesta las próximas semanas. Petra, localidad situada en el centro de Mallorca, que cuenta alrededor de tres mil habitantes, es tierra de vid y cereales. De allí es originario fray Junípero Serra (1713-1784). Fray Junípero, nacido el 24 de noviembre de 1713 y bautizado el mismo día de su nacimiento como Miquel Josep, será canonizado por el Papa Francisco el próximo 23 de septiembre en el santuario nacional de la Inmaculada Concepción de Washington, D.C., durante su viaje apostólico a Cuba y a los Estados Unidos. Fray Junípero Serra fue beatificado por san Juan Pablo II en 1988.

Fray Junípero es considerado el “apóstol de California”. Allí fundó numerosas misiones católicas, que años después darían lugar a ciudades tan importantes como Los Ángeles, San Diego, San José o San Francisco. En el salón estatuario del Capitolio, en Washington, se puede contemplar una estatua de fray Junípero de tamaño natural, junto a otras 37, en representación de los próceres del Estado de California. Francisco ha calificado a fray Junípero como “uno de los padres fundadores de los Estados Unidos”.

Cuando fray Junípero nació, existía en Petra el convento franciscano de san Bernardino de Siena, que se encontraba cerca del hogar de la familia Serra. Los padres, Antonio y Margarita, agricultores muy modestos, tuvieron también una hija, Juana María. Fray Junípero realizó sus primeros estudios en la escuela aneja al convento de san Bernardino, revelándose un niño inteligente; fue allí donde germinó su vocación religiosa, que la familia acogió con alegría. A pocos kilómetros de Petra se encuentra el santuario de Nuestra Señora de Bonany, donde brotó la devoción mariana de fray Junípero, que practicó a largo de toda su vida; allí predicó su último sermón en Mallorca.

En 1730, con dieciséis años, fray Junípero abandonó Petra, para dirigirse a Palma de Mallorca. Ese mismo año entró como novicio en la orden franciscana en el convento de Santa María de los Ángeles de Jesús, situado en las afueras de Palma. Terminado el año de prueba satisfactoriamente, el joven Miquel Josep hizo la profesión religiosa el 15 septiembre de 1731, decidiendo cambiar su nombre por el de Junípero (Ginepro), uno de los primeros compañeros de san Francisco de Asís. En el convento de san Francisco, en Palma, donde permanecería durante veinte años, fray Junípero cursó los estudios de filosofía y teología. Fue ordenado sacerdote en diciembre de 1737, con veinticuatro años, y aquel mismo año fue nombrado profesor de filosofía; en 1740 lo será en teología. Al finalizar los estudios la primera promoción, dijo a sus alumnos: “Ya no soy vuestro profesor, sino vuestro más humilde servidor”. Fray Junípero ejercitó también el ministerio sacerdotal predicando y confesando en comunidades rurales del interior de Mallorca. Con apenas treinta años, fue nombrado catedrático de filosofía en la Universidad de Mallorca, conocida comúnmente como “Universidad Lulliana”, en honor del beato Ramón Llull, célebre intelectual y místico mallorquín del Medievo.

La muerte de uno de sus mentores, fray Antonio Perelló, natural también de Petra, estimuló en fray Junípero los deseos de ir misionero a México, entonces llamado virreinato de Nueva España, con el deseo de difundir el Evangelio entre los pueblos indígenas. La tarea de anunciar a Cristo a personas con culturas y creencias muy diversas al cristianismo no se presentaba una tarea fácil: requería instaurar relaciones de confianza con la población, construir prácticas de vida que no desbancaran completamente las costumbres locales, así como contribuir al progreso material de los nativos; esto fray Junípero lo aprendería con la experiencia. Junto a otro franciscano más joven, fray Francisco Palóu, que con el correr de los años se convertiría en su biógrafo, zarparon del puerto de Palma en la primavera de 1749 en dirección a Málaga, desde donde navegaron hacia Cádiz. Allí permanecieron durante cuatro meses antes de partir hacia el continente americano, el 29 de agosto, en el buque Nuestra Señora de Guadalupe, donde viajaba un grupo de veinte franciscanos. Después de una escala de dos semanas en Puerto Rico, el 4 de diciembre la nave atracó en el puerto de Veracruz, el más importante de Nueva España. El último día del año, tras un trayecto extenuante que fray Junípero quiso recorrer a pie, pernoctaron en el santuario de la Virgen de Guadalupe, en el cerro del Tepeyac, a las afueras de la Ciudad de México, donde la Virgen María se apareció a san Juan Diego Cuauhtlatoatzin en 1531. Fray Junípero llegó a Nueva España dos siglos después del arribo de los doce primeros franciscanos, llamados los “doce apóstoles” (1524).

Fray Junípero fue acogido en el convento de san Fernando, que tenía la misión de formar misioneros por un período de dos años, para evangelizar posteriormente en territorios de frontera. Pero pronto se presentó la oportunidad a fray Junípero de ofrecerse voluntario para evangelizar en las misiones de la región de la Sierra Gorda, al norte de la capital del virreinato, donde vivían dos pueblos indígenas: los Pames y los Jonace, ambos pertenecientes a la etnia chichimeca. La primera de las cinco misiones que allí fundó fray Junípero fue la de Santiago de Jalpan, en la tierra de los Pames, que con el tiempo dio lugar a la ciudad que hoy es conocida como Jalpan de Serra, en el Estado de Querétaro. Con gran fe y optimismo, así como con notable liderazgo personal y capacidad organizativa, fray Junípero afrontó su tarea apostólica entre aquellas gentes. Además de la atención espiritual y la formación catequética, fray Junípero enseñó a los indígenas nuevas técnicas de agricultura y de cría de ganado, que contribuyeron a aumentar la producción agropecuaria y garantizaban el sustentamiento de las misiones. Los misioneros franciscanos consideraron que si la población indígena se convertía en sedentaria, esta circunstancia favorecería la evangelización; por eso ayudaron a los nativos a estructurarse como comunidad. Cada poblado disponía de un alcalde y de funcionarios municipales elegidos democráticamente.

Fueron construidos cinco templos de estilo barroco, que todavía se conservan, que son una manifestación concreta de la inculturación de la fe en México. Fray Junípero participó en la construcción de estas iglesias como un albañil más. Por otro lado, fue designado responsable de esas misiones, y tuvo que hacerse cargo no sólo de los misioneros franciscanos y los indígenas, sino también de las relaciones con los militares y los colonos. Fue en esta época cuando fray Junípero defendió el derecho de la población indígena de seguir utilizando la propia tierra, que había sido invadida por los colonos, obteniendo la ayuda del virrey. Esto supuso para fray Junípero ser denunciado falsamente de maltrato a los nativos. En cambio, ellos mismos se ocuparon de desmentir estas calumnias ante las autoridades coloniales.

En 1758, fray Junípero y el inseparable P. Palóu fueron destinados por los superiores a la misión de san Saba, en Texas, donde los Comanches habían destruido la misión y asesinado a dos franciscanos. Sin embargo, las autoridades españolas consideraron demasiado peligroso el restablecimiento de la misión de san Saba. Así que ambos frailes regresaron a la Ciudad de México, donde permanecieron en el convento de san Fernando hasta 1768. Durante estos diez años, fray Junípero fue maestro de novicios y realizó junto con otros franciscanos largos viajes, siempre a pie, para predicar la palabra de Dios en misiones populares y administrar los sacramentos, especialmente el de la penitencia, en lugares donde los fieles no veían un sacerdote durante años. Conociendo las capacidades de fray Junípero, sus superiores decidieron confiarle en 1769 la tarea de dar inicio a las misiones en la Alta California. Ese año comenzó otra gran aventura apostólica para fray Junípero.

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