Karol Wojtyla, una personalidad que se forjó entre el teatro, la fábrica y el seminario clandestino

Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920, en Wadowice, a unos pocos kilómetros de Cracovia, ya entonces una de las grandes ciudadaes in…

Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920, en Wadowice, a unos pocos kilómetros de Cracovia, ya entonces una de las grandes ciudadaes industriales de Polonia. Su padre era militar y persona religiosa. Cuando la madre de Karol murió, teniendo el niño 9 años, fue el padre quien le crió: "Bastaba su ejemplo para inculcar disciplina y sentido del deber. Era una persona excepcional", escribiría Juan Pablo II de su padre.
Un rasgo que se mantuvo vivo siempre en Karol Wojtyla fue su amor a la filología, lengua y cultura polaca, que empezó a estudiar en Cracovia en 1938: al año siguiente los nazis ocupan el país, intentan destruir la cultura del país sometido, y Karol militará en la "guerra cultural" en un círculo clandestino de teatro y poesía. Mientras tanto, trabajaba como obrero en una cantera de piedra, y conocía así el mundo obrero, el estudiantil, la clandestinidad y la filología polaca. Karol, que había jugado con niños judíos en su natal Wadowice, fue siempre ajeno a las corrientes antisemitas polacas y al racismo nazi: años después se conocerán testimonios de judíos socorridos por Karol Wojtyla.
Hacia el báculo de pastor
A principios de 1941 muere su padre y Karol, en otoño del año siguiente "sabía ya que había sido llamado", al sacerdocio, "veía claramente qué era lo que debía abandonar y el objetivo que debía alcanzar; sería sacerdote". En 1942 ingresa en el seminario clandestino de Cracovia. En enero de 1945 entra el Ejército Rojo la ciudad. En 1946, el día de Todos los Santos, es ordenado sacerdote y enviado a Roma a continuar sus estudios. Cuando dos años después vueve, es destinado de vicario a una parroquia rural y como profesor de religión en diversas escuelas; un año después, se encarga de la pastoral universitaria de Cracovia. Allí adquirió su "carisma" con los jóvenes, formándoles en un humanismo personalista frente a las imposiciones del régimen comunista, materialista, ateo y prosoviético.
A partir de 1951 se el encomienda un trabajo más docente e investigador: profesor de Ética y Teología Moral en la Universidad Católica de Lublín, y posteriormente en la Universidad Estatal de Cracovia. El Papa Pío XII lo consagró obispo el 23 de septiembre de 1958, primero como obispo auxiliar, en 1964 como titular, en 1966 ya como arzobispo. Ya entonces se vieron las grandes líneas de su trabajo: los jóvenes, la familia, la revaloración de la sexualidad, el papel de los laicos, el valor de proclamar la fe…
Durante el Concilio Vaticano II formó parte de tres comisiones: Sacramentos y Culto Divino, Clero y Educación Católica, y participó en la redacción de la constitución pastoral Gaudium et Spes. Creado Cardenal por Pablo VI en 1967, participa en la política de "Ostpolitik", de diálogo con los estados comunismos, con coraje y habilidad defendiendo los derechos humanos y las libertades. En Nowa Huta, ciudad-experimento comunista, ciudad declarada sin-dios, los ciudadanos levantan una iglesia con más de dos millones de piedras talladas voluntariamente por los cristianos de Cracovia.
Heredero de Pedro
Wojtyla es elegido Papa el 16 de octubre de 1978 y toma el nombre de su predecesor inmediato, Juan Pablo: "Con esta elección, siguiendo el ejemplo de mi venerado Predecesor, deseo al igual que él expresar mi amor por la singular herencia dejada a la Iglesia por los Pontífices Juan XXIII y Pablo VI y al mismo tiempo mi personal disponibilidad a desarrollarla con la ayuda de Dios. A través de estos dos nombres y dos pontificados conecto con toda la tradición de esta Sede Apostólica, con todos los Predecesores del siglo XX y de los siglos anteriores, enlazando sucesivamente, a lo largo de las distintas épocas hasta las más remotas, con la línea de la misión y del ministerio que confiere a la Sede de Pedro un puesto absolutamente singular en la Iglesia", proclamará en seguida.
"El Papa -dirá él de sí mismo-, que comenzó Su pontificado con las palabras "No tengáis miedo", procura ser plenamente fiel a tal exhortación, y está siempre dispuesto a servir al hombre, a las naciones, y a la humanidad entera en el espíritu de esta verdad evangélica". Una y otra vez, el "no tengáis miedo", será su exhortación durante décadas.
Eligirá como lema el mariano "Totus Tuus" y coloca una M de María en su escudo. Lo explica así: "durante la Segunda Guerra Mundial, trabajaba de obrero en una fábrica. En un primer momento me había parecido que debía alejarme un poco de la devoción mariana de la infancia, en beneficio de un cristianismo cristocéntrico. Gracias a san Luis Grignon de Montfort comprendí que la verdadera devoción a la Madre de Dios es, sin embargo, cristocéntrica, más aún, que está profundamente radicada en el Misterio trinitario de Dios, y en los misterios de la Encarnación y la Redención. Así pues, redescubrí con conocimiento de causa la nueva piedad mariana, y esta forma madura de devoción a la Madre de Dios me ha seguido a través de los años: sus frutos son la Redemptoris Mater y la Mulieris dignitatem»."

Enriquecido por su experiencia como obrero hablará al mundo con la encíclica Laborem exercens (sobre el trabajo humano) y la encíclica Sollicitudo rei socialis, sobre el desarrollo. En la encíclica Centessimus annus desea «… ante todo satisfacer la deuda de gratitud que la Iglesia entera ha contraído con el gran Papa (León XIII) y con su "inmortal Documento". Es también mi deseo mostrar cómo la rica savia, que sube desde aquella raíz, no se ha agotado con el paso de los años, sino que, por el contrario, se ha hecho más fecunda".

Por su experiencia entre los jóvenes universitarios en la Polonia comunista, el Papa sabe de la importancia del apostolado de los laicos y por los laicos, de la Evangelización en ambiente hostil, de la necesidad de grupos y movimientos fraternos en el mundo laico: así se notará en su encíclica Christifideles laici y en el impulso que dará a los nuevos movimientos eclesiales, básicamente laicos. Así hace de los laicos la puntad e lanza de la Nueva Evangelización: "nueva en el ardor, nueva en los métodos", y la misión, hacia afuera (los no cristianos) y hacia dentro (los cristianos alejados). En Redemptoris missio expone además el papel de la catequesis para formar en la fe.


Otra de sus grandes sensibilidades ha sido el diálogo interreligioso y el ecumenismo entre las iglesias cristianas, bajo la oración de Jesús: "¡Que todos sean uno (Ut unum sint)… para que el mundo crea!".
Maestro y peregrino
Así lo escribía en la encíclica Redemptoris Missio «En nombre de toda la Iglesia, siento imperioso el deber de repetir este grito de san Pablo («Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe: Y ¡ay de mi si no predicara el Evangelio!»). Desde el comienzo de mi pontificado he tomado la decisión de viajar hasta los últimos confines de la tierra para poner de manifiesto la solicitud misionera; y precisamente el contacto directo con los pueblos que desconocen a Cristo me ha convencido aún más de la urgencia de tal actividad a la cual dedico la presente».
Juan Pablo II ha estado cercano a la gente, físicamente: más de 17 millones de personas han ido pasando en audiencia personal con él por el Vaticano (más de 1.100 audiencias). En su diócesis, Roma, ha visitado más de 300 parroquias. En Italia, más de 300 ciudades. Sus viajes suman 1.300.000 kilómetros, es decir, 30 veces la vuelta a la tierra o tres veces la distancia hasta la Luna. Los años pasaban y los líderes políticos también: él se ha mantenido y ha tenido ocasión de hablar con más de 730 jefes de Estado. Quien quiera leerse sus discursos tendrá que abordar unos de 2.500 parlamentos. Polonia, Francia, España, EEUU, México, Brasil y Portugal son los países que más ha visitado.
Como padre y maestro, Juan Pablo II ha denunciado muchas veces que el hombre ha "cambiado la verdad por la mentira". En la Encíclica Veritatis splendor, el antiguo profesor de ética planta cara al relativismo proponiendo a Cristo como la respuesta a las dudas morales y al total del misterio humano: "Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado…"».

Hacia el tercer milenio

Juan Pablo II ha guiado a la Iglesia del s.XX al XXI, de los años de la Guerra Mundial, el nazismo y el comunismo, a la post-postmodernidad, los retos de la biotecnología, los cambios en la familia, las migraciones, el mundo globalizado, el Tercer Milenio de la evangelización.
Los últimos años su imagen característica ha sido la de profeta del sufrimiento, dando testimonio del poder evangelizador del dolor físico y moral. En un Ángelus desde el Hospital Gemelli dijo: "¿Cómo me presentaré yo ahora -comentaba- a los potentes del mundo y a todo el pueblo de Dios? Me presentaré con lo que tengo y puedo ofrecer: con el sufrimiento. He comprendido -decía- que debo conducir a la Iglesia de Cristo hacia el tercer milenio, con la oración, con múltiples iniciativas (como la que actualmente está viviendo toda la Iglesia: un trienio de preparación propuesto en su carta Tertium millenium adveniente); pero he visto que esto no basta: necesito llevarla también con el sufrimiento".

Su legado es una iglesia joven, mundial, asombrosamente fuerte en el Tercer Mundo, con crecimientos insospechados en India, Corea, Filipinas, África, América Latina; con multitud de nuevos carismas y estilos eclesiales, con mayor libertad en Europa de la que cualquiera podía imaginar antes de caer el Muro de Berlín; ha construido un legado doctrinal sobre la vida, la familia, la justicia social que orientará a sus sucesores.

El maestro, el obrero, el filósofo, el sacerdote, el viajero y deportista, incluso el filólogo, poeta y escritor han dado sus frutos a lo largo de los años. Sólo Pío IX (31 años) y San Pedro (entre 34 y 37 años) trabajaron más tiempo en el ministerio encargado por Cristo al judío Simón, hijo de Jonás: "Apacienta mis corderos".
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