Kurdistán, un foco de tensión que desaparece

Puede que la región del Kurdistán iraquí quede demasiado lejos de nuestras preocupaciones para despertar algún interés la dimisión de su presidente Masud Barzani. Sin embargo, la noticia ha producido un evidente alivio en el ámbito internacional, porque supone la desaparición, al menos temporal, de un foco de tensión de primera magnitud en el marco de la violencia endémica que sacude todo el Cercano Oriente. Hace un mes se celebró un referéndum en el Kurdistán iraquí, que aspira a la independencia desde hace décadas, y que creyó llegada la oportunidad de proclamarla tras su decisiva participación en la derrota del “califato” islámico instalado en Mosul.

El Gobierno de Bagdad se opuso a esta que suponía la secesión de Irak, al tiempo que agitaba las aspiraciones de otras regiones kurdas en Siria, Irán y, sobre todo, Turquía. Barzani hizo caso omiso de las advertencias de Bagdad, a las que se unió de inmediato Estados Unidos ante la sorpresa de los propios kurdos que tanto habían contribuido en la guerra contra el “yihadismo”. Una vez celebrado el referéndum, que obtuvo una mayoría aplastante a favor de la independencia, el Gobierno iraquí no dudó en enviar sus tropas para desalojar a los kurdos de su bastión, la rica provincia petrolífera de Kirkuk, hecho que ocurrió a los pocos días. Ante la falta de respaldo internacional, y desprovisto de su principal fuente de recursos económicos, Barzani se ha visto obligado a dimitir, provocando el alivio de los países vecinos que también tienen amplios núcleos de población kurda y similares aspiraciones de independencia.

 

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