La alegría del recogimiento rendido (III/III)

Más precisiones

Mi edición de Ejercicios Espirituales

El recogimiento ha de permanecer rendido a la acción de la gracia santificante. No basta el silencio y la compostura. ¿Consiste en tomar notas de lo que expresa quien dirige la tanda o sesión de ejercicios espirituales? Consiste en plasmar en una libreta, en la propia celda o en los momentos libres silenciosos de asueto, aquellas impresiones, análisis y propósitos que nos suscitan las charlas, pero una vez ejercitados en tal o cual meditación o contemplación. ¡No antes! De no ser así, las notas personales de los propios ejercicios constituyen meros apuntes o resúmenes, más o menos bien redactados, de lo que expresa el director de los ejercicios, sea más o menos docto en su magisterio docente. En muchos casos es todo un éxito pastoral y personal finalizar el primer tiempo o semana. Es un tiempo de conversión que requiere su tiempo. Los ritmos de tiempo son distintos en cada ejercitante, sea hombre o mujer, cualquiera que sea su edad, su situación personal y sus condicionantes de vida.

 

Mientras atiendo las exposiciones de quien dirige los ejercicios no tomo apuntes. Esto distrae mi atención.  Redacto en privado una vez ejercitado en tal o cual meditación o contemplación. Sin seguir ningún guion preconcebido. No tiene por qué ser igual en cada meditación o contemplación. No tiene por qué ser igual en cada tanda de ejercicios espirituales. Pues hay momentos de consolación [316] y otros de desolación [317] ¡A mí también me afectan! ¡Y por consiguiente 318 siempre! A veces no estás inspirado para redactar. Muchas veces lo que escribes son notas o apuntes sin redacción apta de calificaciones escolares. Cualquiera que coja mis libretas no entenderá nada.

Después del punto inicial [23] Principio y Fundamento se entra en el [24] Examen particular y cotidiano. Una vez hecho el Examen general de conciencia y confesión general con la comunión, punto [32] a punto [44], empieza el primer ejercicio en el punto [45]. Se empieza con la “Oración solita preparatoria” en cada meditación y contemplación en cada una de las cuatro semanas o tiempos. Es ésta y no otra [46]: “la oración preparatoria es pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad”

 

Es más farragoso meditar que contemplar. Es más arduo el primer tiempo o semana meditativa que los tres tiempos contemplativos subsiguientes. Es preciso este primer tiempo para acceder en condiciones a los tres siguientes. El Preámbulo para considerar estados [135] y las subsiguientes Meditación de dos banderas [136-148] y Meditación de tres binarios [149-157] pertenecen al segundo tiempo o semana. Asimismo el Preámbulo para hacer elección [169] y subsiguientes puntos. Segunda semana o tiempo que finaliza con el punto [189] Para emendar y reformar la propia vida y estado. Segunda semana o segundo tiempo que empieza en el punto [91] El llamamiento del rey temporal ayuda a contemplar la vida del rey eternal.

 

En tiempo personal de primera semana ayudan mucho los puntos [91 y subsiguientes] y [135 y subsiguientes]. Pues dado que se trata de ejercicios espirituales dados a un grupo, y no a un solo ejercitante tal como concibió el Peregrino, debes adaptar en lo posible tu propio ritmo al digamos ritmo colectivo. Puedes auto-engañarte creyendo que lo sigues, atendiendo la formalidad externa de seguimiento de grupo reunido, PERO SIN ENTRAR A FONDO EN LA MATERIA en el propio ritmo. Ésta, al igual que el ritmo, es propia, personal e intransferible. Mis ritmos son los míos. Los ritmos de los otros ejercitantes son de ellos y no míos. Confesarse sacramentalmente cuesta. En más de una ocasión he accedido a ello a destiempo del ritmo colectivo.

 

San Ignacio refleja en su librito unas reglas de obligada consulta. Entre el punto [313] y el [327] “las reglas para en alguna manera sentir y cognoscer las varias mociones que en la anima se causan: las buenas para recibir, y las malas para lanzar; y son mas propias para la primera semana.” Entre el punto [328] y el [336] expone las “reglas para el mismo efecto con mayor discreción de spiritus, y conducen para la segunda semana.” ¡Y hay más reglas! San Ignacio de Loyola carecía de estudios cuando practicó sus ejercicios, sin nadie entre los humanos que lo guiase. Cuando fundó los jesuitas era el mayor de los siete fundadores y no fue el primero de ellos en ser ordenado sacerdote.

En el cuarto tiempo o semana hay una contemplación, en la que siempre hay prisa expectante para finalizar la tanda, y que se denomina CONTEMPLACION PARA ALCANZAR AMOR. [230] Cuando estás saboreando las mieles hay prisa en acabar. Me refiero a tandas en completo retiro de cinco días a cargo de religiosos especializados en esto. Es obvio que unos breves días no pueden abarcar lo que es propio de más o menos 30 días. ¡Sí, sintetizarlo… tanto en quién dirige como en la persona dirigida! Después de dos preámbulos en esta contemplación, San Ignacio expone cuatro puntos a considerar. El primero [234] concluye del siguiente modo. Me tomo la licencia de reproducirlo en letras mayúsculas y en negrita. Es una conocida oración. Es una oración de San Ignacio de Loyola.

TOMAD, SEÑOR, Y RECIBID TODA MI LIBERTAD, MI MEMORIA, MI ENTENDIMIENTO Y TODA MI VOLUNTAD, TODO MI HABER Y MI POSSEER; VOS ME LO DISTEIS, A VOS, SEÑOR, LO TORNO; TODO ES VUESTRO, DISPONED A TODA VUESTRA VOLUNTAD; DADME VUESTRO AMOR Y GRACIA, QUE ÉSTA ME BASTA.

Amén. El amén es mío. (nota bene: “ésta me basta” -la gracia- y no “esto me basta”)

¿Es un buen final verdad? Es mejor el final que sigue. Es la segunda anotación previa [2]. ¡Léanla pausadamente! Inserto de nuevo el link del libro de los ejercicios. La persona que dirige no debe enrollarse en exceso. Debe narrar con fidelidad la historia de tal meditación y contemplación, discurriendo solamente por los puntos con breve o sumaria declaración. ¡Quien medita y contempla es el ejercitante! ¡Quien dirige debe minimizar su magisterio, preparación docta y dotes comunicantes para practicar la escucha activa con cada ejercitante! ¡En privado, con sosiego y saliendo al encuentro de la oveja perdida que es todo ejercitante, sea hombre o mujer, cualquiera que sea su situación personal y grado de militancia eclesial!

 

http://www.cristorey.org/pdfs/ej_espirituales_textos.pdf

Nota práctica: Para acudir a una tanda de ejercicios espirituales bastan tres cosas: el librito de los ejercicios, el Nuevo Testamento de la Sagrada Biblia y una libreta con su bolígrafo.

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