La amarga realidad y la necesidad de respuesta de la iglesia en España

Posiblemente la semana próxima, quizás un poco más allá, el Gobierno establecerá nuevas medidas para reducir el gas…

Forum Libertas

Posiblemente la semana próxima, quizás un poco más allá, el Gobierno establecerá nuevas medidas para reducir el gasto público. Como ha sido anunciado, serán muy dolorosas y castigarán al grueso de la población, que verá empobrecer sus vidas. Entre estas medidas, es muy posible que se den las siguientes: un recorte y endurecimiento del subsidio de paro; el cómputo de toda la vida laboral para calcular la penmsión de jubilación, lo que automáticamente significa una bajada de las expectativas en cuanto a ingresos futuros de toda la población; el aumento del IVA, que dependerá en sus efectos sociales de en cuánto y cómo se aplique; el recargo sobre la gasolina y el peaje en la red de autopistas. Todo esto y más lo resumía un periodista generalmente muy bien informado, Enric Juliana, en La Vanguardia del 6 de julio.

No serán las únicas, pero estas substancialmente van a castigar a parados, futuros jubilados, trabajadores, pequeños empresarios, autónomos, la clase media popular. Cuando esto se haya producido, habrá que afirmar de una manera rotunda que se olvide el argumento de que es necesario recortar porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, porque lo que ahora se nos viene encima debe compensar más que sobradamente.

Al mismo tiempo, hay muchas cosas que decir. La primera de ellas es que todo esto no resuelve el problema del paro. Los gobernantes deben ser honestos y racionales: no es cierto que porque equilibremos las finanzas la estructura económica española termine con esta lacra del paro. Hay otras muchas causas que no se resuelven y que están en la raíz del problema. Es cierto, como aducen algunos políticos en privado, que las cifras oficiales del paro enmascaran al alza la realidad. Hay muchas personas que percibiendo una prestación de desempleo tienen trabajos en la economía irregular, y que por lo tanto la proporción es mucho menor. Argumentan con razón que en las calles de las grandes ciudades no se percibe que ya cerca de una de cada cuatro personas no tenga trabajo. Es así, aunque en otras poblaciones más pequeñas, en muchos barrios, sí que la tragedia se hace evidente en la plaza pública.

En cualquier caso, lo que también es una evidencia es que ni el Gobierno, ni los partidos, ni las instituciones, ni la propia sociedad, subrayémoslo, los primeros interesados, están a la altura de la catástrofe que vivimos por la falta de empleo, y especialmente por la que afecta a los jóvenes. Si hubiéramos registrado un terremoto y hubiera destruido parte del país, y mantuviéramos actitudes de indolencia como las que se registran en la cuestión de la falta de trabajo, diríamos que nos hemos vuelto locos o inhumanos, pero esto es en realidad lo que sucede.

También es cierto que nos hemos acostumbrado a vivir con muchos bienes materiales y que la felicidad se alcanza con una menor dependencia de ellos, que podemos vivir con menos. Exacto, pero esto se debe aplicar a todos, empezando por los que más tienen. En España sigue habiendo un vértice intocable que ni paga los impuestos que debe, y además lo hace de una manera legal, ni va a verse afectado en la misma medida, precisamente por su excedente de riqueza, por los recortes. Es, y lo venimos diciendo desde hace tiempo, imperiosa una reforma fiscal completa, un nuevo planteamiento. Somos conscientes de las dificultades que entraña, pero nos parece que técnicamente es incuestionable que el actual se puede mejorar para conseguir que, en mayor medida, paguen más los que realmente deben hacerlo. Y también porque el actual está tan parcheado, tan lleno de retoques, que en realidad se ha convertido en un monstruo de Frankenstein. Sólo por razones de racionalidad, debería reformarse el sistema fiscal español. Nosotros, además, añadimos razones de justicia. Podemos vivir con menos, cierto, pero lo que no puede ser es que todo continúe siendo cada vez más injusto y desequilibrado.

La Iglesia tiene una gran responsabilidad en todo ello y las continuas manifestaciones del Papa en relación a la crisis, que merecieron incluso la atención de una encíclica, que diríamos poco leída y nada aplicada, no tienen una contrapartida equivalente en la actitud de la Iglesia española. Necesitamos un anuncio profético, mucho más fuerte, y necesitamos también medidas de solidaridad prácticas más allá de las que se hacen, que son muchas, de las que más, que muestren que existen caminos y que estos caminos se encuentran en el testimonio de aquellos que siguen el camino de Jesucristo, que son capaces de hacer la obra de Dios.

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