La baja productividad de España, clave para entender las deslocalizaciones

España es el país de Europa con más baja productividad, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Tal como se pued…

España es el país de Europa con más baja productividad, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Tal como se puede observar en la siguiente tabla, la productividad por hora trabajada en el caso de los españoles está en la última posición, con 98,0 puntos (sobre una base en 1995 de 100), mientras que Irlanda encabeza la lista con 144,5 puntos. El promedio que cada persona ocupada aporta al PIB español, la productividad, tiene una incidencia muy significativa en el fenómeno al alza en España de la deslocalización de empresas, junto a la escasa tecnología avanzada de que disponen las empresas españolas y la diferencia salarial que existe en relación a países más competitivos.

En el proceso de producción de una empresa, la habilidad con la que se trabaja y la efectividad con que realizan ese trabajo, ambas relacionadas con la productividad, tienen una incidencia tan o más fuerte en la fuga de empresas hacia el extranjero. No siempre la competitividad en los salarios marca esta pauta. Así, en la lista nos encontramos con algunos de estos ejemplos: Eslovaquia, Hungría, Grecia, República Checa y Portugal.

Productividad por hora trabajada

(1995=100)

Irlanda

144,5

Eslovaquia

132,3

Hungría

124,2

Grecia

124,1

Finlandia

121,6

República Checa

120,5

Portugal

117,3

Suecia

116,4

Francia

115,3

Estados Unidos

115,1

Reino Unido

114,9

Japón

114,7

Alemania

112,4

Bélgica

111,8

Dinamarca

111,2

Holanda

107,8

Italia

104,7

España

98,0

Cómo afrontar la deslocalización

En lo que respecta a la deslocalización de empresas, un fenómeno al alza inevitable e irreversible, no es percibido todavía en España como un problema estructural al que hay que prestar una especial atención. Sectores como la automoción, el textil y la confección, y la electrónica serán los más afectados en los próximos años. También se ven afectados las actividades de servicios y los puestos de trabajo de alta cualificación. En cualquier caso, hay que desdramatizar y racionalizar los procesos de deslocalización, contextualizándolos dentro de un marco internacional. Hay que considerar que, al margen de los efectos negativos de la deslocalización, como la pérdida de puestos de trabajo y empresas, también tienen algún efecto positivo, como la innovación, la potenciación de sectores y la formación, entre otros.

Para afrontar los procesos de deslocalización, las industrias tienen que potenciar al máximo su preparación. En este sentido, las empresas, los sindicatos y el Gobierno central han de intensificar sus esfuerzos y adoptar medidas oportunas para hacer frente a estos procesos . Es necesario fortalecer el tejido económico y empresarial actual y conseguir una mejor productividad, así como unas estructuras productivas de más valor añadido, como la innovación tecnológica y el conocimiento.

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