La beatificación de Pere Tarrés reunirá el 5 de septiembre a miles de creyentes en Loreto (Italia)

Ya podemos apuntarnos, con toda seguridad, la fecha y el lugar de la beatificación de Pere Tarrés: el domingo 5 de septiembre en el santuario italiano…

Ya podemos apuntarnos, con toda seguridad, la fecha y el lugar de la beatificación de Pere Tarrés: el domingo 5 de septiembre en el santuario italiano de Loreto, donde también subirán a los altares otros impulsores de la Acción Católica. Reservar este día en el calendario puede ser la mejor garantía de una importante presencia de creyentes catalanes y españoles en el mismo lugar del acontecimiento. Después de que los teólogos de la Congregación para las Causas de los Santos comunicasen, a principios de abril, que habían dado su visto bueno al material sobre la vida del médico y sacerdote catalán, una documentación elaborada en Barcelona durante la fase diocesana del proceso, los obispos y los cardenales ratificaron en junio la aprobación. Ello, unido al decreto pontificio que da validez a un milagro atribuido a la intercesión del candidato, permitió confirmar la fecha de la beatificación: el 5 de septiembre.

 

Para participar en los actos durante previstos para el fin de semana del 4 y 5 de septiembre, se han organizado varias peregrinaciones sobre todo desde Cataluña. Entre las que se están preparando, hay una para jóvenes que está promovida por la Fundación Pere Tarrés y la Delegación diocesana de Pastoral de Juventud de Barcelona. Para informarse de esta iniciativa, que prevé un viaje entre el jueves 2 de septiembre por la noche y el lunes 6 por la tarde, se puede llamar por teléfono al (0034) 93-4301606 (Fundación Pere Tarrés) o al (0034) 93-4121551. El Papa Juan Pablo II, con la beatificación del gran médico y sacerdote catalán, culmina un proceso que se inició en los años 80 en la diócesis de Barcelona, cuando el arzobispo era el cardenal Narcís Jubany

 

Pero fue el arzobispo emérito de Barcelona, Ricard Maria Carles, quien anunció el martes 6 de abril, durante la tradicional Misa Crismal y cuando aún era titular de la archidiócesis, que los teólogos de la Comisión para las Causas de los Santos habían dado el visto bueno al material sobre la vida del doctor Tarrés que se había estudiado durante estos años posteriores a la fase diocesana del proceso. Fue el paso decisivo. Unas semanas después, fue reconocido como válido el hecho milagroso que había sido presentado desde Barcelona, con lo que el camino para la beatificación quedó definitivamente abierto.

                  

El cardenal Carles ya lo apuntaba hace poco más de un año, coincidiendo con el final de la fase diocesana de otro proceso de beatificación, en este caso el de Antoni Gaudí, un personaje que aún tardará unos cuantos años en llegar a los altares. “Lo que sí que veo más viable es que, antes de que yo deje de ser arzobispo de Barcelona, Pere Tarrés ya sea beato. Me haría mucha ilusión que llegase pronto”‘, explicó el arzobispo de Barcelona en declaraciones a E-Cristians el 13 de mayo de 2003. Francesc Raventós, vicepostulador de la Causa de Beatificación, recuerda que Ricard Maria Carles “aprecia mucho este proceso del doctor Tarrés, sobre todo desde que era obispo de Tortosa. Descubrió en todo ese tiempo (1969-1990) a muchos hombres entregados a la Iglesia que eran de la Federación de Jóvenes Cristianos de Cataluña, y pudo conocer a fondo la participación decisiva de Tarrés en la fundación de la obra”.

 

Pere Tarrés fue de las primeras personas que dieron vida a la Federación de Cristianos de Cataluña, obra fundada por el sacerdote de Vilafranca del Penedès (Barcelona) Albert Bonet. “Cuando todavía no era sacerdote y le preguntaban si tenía novia, decía que su novia era la Federación”, recuerda como anécdota Francesc Raventós. Como médico, Tarrés se movía mucho para dar a conocer un movimiento que ciertamente animó a miles de jóvenes catalanes durante los años 30 y 40. Cuando empezó la guerra civil, incluso llegó a salvar el Monasterio de Montserrat del fuego provocado. El vicepostulador recuerda que “el abad Marcet pidió al doctor Tarrés y a otro médico que era novicio que se desplazasen a Barcelona para conseguir que la Federación de Anarquistas Ibéricos (FAI) no quemara el monasterio. Entonces él, tras muchas vicisitudes, habló con Ventura Gasol y con el doctor Corachán, que eran consejeros de la Generalitat, para que enviasen a los Mossos d’Esquadra y evitasen que los anarquistas prendieran fuego”. El futuro beato, después de trabajar en el Hospital de San Pablo y tras un tiempo escondido por los peligros de la Guerra Civil, fue al frente republicano para ayudar médicamente a los militares que había.

 

Un proceso que tardó en empezar

 

A pesar de la fama de santidad con que Pere Tarrés murió en 1950 (una muerte natural, de cáncer de páncreas), el proceso no se abrió hasta 1970, cuando Enric Torrent, de la Federación de Cristianos en Terrassa, promovió el apoyo popular a la causa. Una vez pedida la pertinente autorización a Roma, el tribunal se constituyó y empezó su trabajo en 1982. Han declarado un total de 192 testigos que habían conocido al médico y sacerdote en los diversos ámbitos en que se movió. “La beatificación, cuando se confirme, hará un gran bien a los cristianos de la diócesis de Barcelona y también a todo el mundo, así como a los médicos y a los profesionales sanitarios”, comenta Raventós. Cabe recordar que, desde el 6 de noviembre de 1975, el sepulcro con los restos mortales del doctor Tarrés es visitado y adornado cada día por muchos creyentes.

 

Tarrés, considerado un gran líder, convocaba con gran facilidad a grupos numerosos de personas, sobre todo jóvenes, y les hablaba con gran naturalidad y credibilidad. Francesc Raventós destaca que, “una vez en lo que era el Círculo Olimpia de Barcelona, 10.000 jóvenes lo aplaudieron por un tema que hoy en día es controvertido: la castidad. Tarrés habló de la pureza como un signo de vitalidad, libertad y realización de la persona”. Más tarde, ya ordenado sacerdote, extendió su apostolado a muchos otros colectivos, entre ellos las chicas de Sarriá. En estos momentos, además de Pere Tarrés, también están en proceso de beatificación otros médicos españoles: Eduardo Ortiz de Landázuri, José Ramón Sordo Álvarez, Marià Mullerat i Soldevilla (catalán) y Pedro Herrero Rubio (valenciano).

 

El milagro: la curación de una encefalitis vírica

 

Precisamente el milagro, en este caso la curación de un niño con encefalitis vírica a mediados de los años 80 en Barcelona, suele ser en estos procesos algo así como el “gran desconocido”. Por eso ForumLibertas.com se puso recientemente en contacto con Francesc Raventós, vicepostulador de la Causa de Beatificación del doctor Tarrés, para conocer cómo fue el hecho humanamente inexplicable.

 

La persona curada después de que varios devotos rozasen a Pere Tarrés es un abogado catalán que tiene actualmente poco más de 30 años (le llamaremos desde ahora J.). A mediados de los 80, cuando tenía 11, vivió una experiencia que, sin duda, no olvidará en toda su vida. El niño volvía con sus padres (es el hijo mayor) de una salida de fin de semana por las comarcas de Gerona. Era un domingo por la tarde. Cuando acababan de llegar a casa, de repente y sin que hubiera tenido nunca antes ningún síntoma similar, cayó al suelo y quedó inconsciente. En un primer momento, movidos por la grave emergencia de la situación, los padres avisaron a un médico conocido que, inicialmente, le diagnosticó una epilepsia, porque le había salido espuma por la boca. Pero enseguida se vio que no era éste el diagnóstico correcto. Ingresado urgentemente en el Hospital Clínico, el jefe de Pediatría vio muy claro, tras las diversas pruebas pertinentes, que se trataba de una encefalitis vírica.

 

El cuadro fue complicándose de tal modo que, aquel mismo lunes por la noche (24 horas después de la incidencia), el médico que revisaba a J. dijo a la familia que la muerte podía ser inminente. Pero en aquel momento, como se ha podido verificar después a la hora de elaborar el expediente, se produjo el milagro. Aquel lunes por la noche, varias personas encomendaron la grave enfermedad a Pere Tarrés mediante la oración establecida en estos casos para gracias particulares. Por un lado, lo hicieron la secretaria de la escuela donde estudiaba el niño y una hermana suya. Por otro lado, y probablemente en el mismo momento, una persona mayor del entorno familiar del chico (una asistenta de los padres), que incluso había llegado a acoger en su casa al doctor Tarrés, se unió a la petición sobrenatural. Durante las horas inmediatas a aquellos actos de fe, concretamente ya de madrugada, J. reaccionó. El hecho milagroso, como han certificado después varios exámenes médicos, es propiamente la rapidez de la curación. Una encefalitis vírica puede curarse, pero es imposible que se supere en pocas horas, como sucedió aquel día, y que no deje ninguna secuela, como también ha pasado en este caso.

 

Cinco años… y mucha fe

 

Cuando se produjo el hecho, las personas implicadas en el proceso de beatificación tuvieron que esperar cinco años para poder confirmar que la curación es inexplicable. Francesc Raventós, vicepostulador de la Causa, vivió entonces una experiencia que él califica de “segundo milagro menor”. “En un momento en el que, por otros motivos, estaba revisando la documentación del expediente que estábamos elaborando, comprobé que aquel mismo día se cumplían cinco años de la curación”, explica. Fue cuando se confirmó que el niño, ya un adolescente de 16 años, no tenía ninguna secuela. De hecho tampoco tiene ahora ninguna señal, un hecho que comprobó en el año 2002 el doctor Ferran García-Faria, miembro de Médicos Cristianos de Cataluña y presidente del Consejo General de E-Cristians. “Elaboré un informe que avala el hecho milagroso porque, con varias pruebas, pude comprobar que, 18 años después de que se le diagnosticase la encefalitis, este chico ahora no tiene absolutamente nada”, explica el médico.

 

Ciertamente un milagro sólo puede entenderse desde la fe. Y normalmente no es un hecho espectacular de esos que cambian el mundo y convierten a masas de gente a la fe. Simplemente llega, como en el caso del J., en una situación cotidiana muy concreta. A pesar de todo, el pediatra que certificó inicialmente la inexplicable superación de la encefalitis vírica llevó al niño, unos días después de la curación, a la Facultad de Medicina, donde daba clases en aquel momento. “Éste es uno de esos casos en que la naturaleza hace maravillas”, explicó el médico y profesor a sus alumnos. Todos quedaron impresionados, pero no sabemos cuántos llegaron a pensar que aquello podía ser un milagro. De todas formas, el comentario del doctor ya era muy evangelizador porque, si hubiera dicho que había sido testigo de un milagro, no se lo habría creído nadie, ni siquiera los estudiantes más creyentes.

 

Hay cuatro puntos que constituyen la síntesis de la vida del doctor Tarrés: polivalencia en el apostolado, un trabajo incansable basado en el amor (“mientras haya pobreza en el mundo, hay que darlo todo”, decía), una radicalidad mística muy simple (la cama de la Clínica de la Merced, donde murió, fue como su altar) y la entrega total a los demás. Primero como médico y luego como sacerdote, Pere Tarrés ya demostró su santidad durante los 45 años que vivió, pero su mensaje continúa vivo 54 años después su muerte el 31 de agosto de 1950.

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