La Biblia en su contexto: “Dios reduce a la nada lo que es” (Mt 2,1-12)

Contexto: El capitulo 1 habla del origen de Jesús y de la manera como Israel lo acoge, el capitulo 2 habla de su futuro y del modo como todos …

Contexto:

El capitulo 1 habla del origen de Jesús y de la manera como Israel lo acoge, el capitulo 2 habla de su futuro y del modo como todos se encuentran con él.

El texto dice que “Jesús nació en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes. Unos magos que venían del Oriente, se presentaron en Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Es que vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarlo”. Mateo al igual que Lucas describe que el lugar del nacimiento de Jesús es “en Belén”, la ciudad de David. Nació en tiempo del rey Herodes “el grande”, rey déspota que gobernó desde el 73 a.C hasta el 4 d.C. Fue el fundador de la dinastía herodiana. Es el segundo hijo de Antipas (también llamado antipáter) y de Cipros, princesa de la misma nacionalidad. Herodes reconstruyó espléndidamente el antiguo Templo, inaugurado el 10 a.C., con la administración de Herodes el país fue próspero como nunca lo había sido y casi no se conoció la desocupación.

A Jesús lo visitaron unos “gr. mágoi” magos procedentes de Oriente que acudieron a Judea para adorar al Rey recién nacido. Los magos fueron originalmente una tribu que en la religión persa estaba revestida de funciones sacerdotales, de ahí que se le aplicara el nombre de magos a los que poseían o ejercían una ciencia o un poder secreto. Si los magos fueron sacerdotes persas, o astrólogos babilonios (según la denominación grecolatina, “caldeos”), es cuestión que no puede resolverse. Su patria está en oriente y puede ser Arabia, Mesopotamia, Babilonia o Persia. A juzgar por los presentes que traen consigo, productos todos de Arabia, los magos serían oriundos de Arabia. Su número (tres) se funda, sin duda, exclusivamente en el número de presentes: oro, incienso y mirra. Sólo a partir del siglo VIII se mencionan sus nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar. Beda los considera como representantes de Europa, Asia y África. En el siglo XII se llevaron unas reliquias (huesos aparentemente de los magos) de Milán a Colonia, donde aún son venerados.

Los magos vieron la estrella “gr. astér” de Jesús en Oriente. Existía una creencia muy extendida en Oriente al comienzo de nuestra era respecto al nacimiento de un gran victorioso príncipe o Mesías, debida quizás a los judíos de la diáspora. Influenciados posiblemente por estas creencias y por la profecía de Balaam (Num 24,17). Los que buscan para este fenómeno una explicación exclusiva o parcialmente natural, piensan en una triple conjunción de los planetas Júpiter y Saturno en el signo zodíaco de Piscis, el 29 de Mayo, 1 de Octubre y 5 de Diciembre del año 7 a.C., según esta explicación, Piscis representa el signo astrológico para los judíos (Hontheim, Kritzinger, Steinmetzer) y Saturno sería su planeta (Gerhardt). También se señala la presencia de Júpiter, regente de Judea, en el signo de Aries, la constelación de Siria/Palestina, sobre todo el 14 de Abril del año 6 a.C. juntamente con otros planetas. Otros piensan en el cometa Halley, que fue visto a fines del año 12 a.C. (Stenzel).

El rey Herodes al oír a los magos que buscaban al “rey de los judíos” se sobresaltó y mandó a convocar a “todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y les preguntó donde había de nacer el Cristo. Ellos le respondieron: “En Belén de Judea, porque así lo dejó escrito el profeta: Y tú Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel” (Mt 2,4-6). Los sumos sacerdotes y los escribas acertaron acerca del nacimiento de Jesús ya que movieron los ojos hacia las Escrituras (Miq 5,1-3). Saben la verdad pero se quedan lejos de ella. Jesús nace en una ciudad de la tribu de Judá, situada a 8 quilómetros al sur de Jerusalén. No nació en una ciudad portentosa ni gloriosa, Dios también escogió a Israel precisamente por ser el pueblo menos numeroso (Dt 7,7), a David, el más pequeño entre sus hermanos (I Sam 16,11). Dios escoge las cosas que no son “para reducir a la nada lo que es” (1 Cor 1,28).

Herodes quiso engañar a los magos al enviarlos a Belén y al encontrarlos ellos debían comunicárselo para ir él también a “adorarlo”. Su única intención era matarlo, pero Dios siempre protege al débil, ama a los niños, pero sobre todo ama a su Hijo Jesús, aun cuando luego lo entregaría para la salvación del hombre.

Los magos vieron la estrella y la misma se detuvo “donde estaba el niño. Entonces se postraron y lo adoraron, abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra” (Mt 2,9-11). La actitud de los magos al encontrar al “niño” debe ser la de todo ser humano; postrarse como señal de debilidad humana y reverencia ante aquel que entregó su vida por cada uno de nosotros y adorarlo “gr. proskunéo” como el único Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Al final de la visita los magos, ellos regresaron a su país por otro camino para no dar informe alguno a Herodes.

Dios se ha manifestado y se sigue manifestando en el mundo. Continúa mostrando su rostro.

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