La Biblia en su contexto: “Lo primero es tener presente a Dios y luego al prójimo” (Lc 2,41-52)

La escena del Evangelio (Lc 2,41-52) nos presenta a Jesús cuando “iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua….

La escena del Evangelio (Lc 2,41-52) nos presenta a Jesús cuando “iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta. Al volverse ellos pasados los días, el niño Jesús se quedo en Jerusalén, sin saberlo sus padres” (Lc 2,41-43).

Varios análisis se desprenden de estos dos versículos. En primer lugar la fiesta de la Pascua viene del griego “pasja” y del hebreo “pèsaj” que traduce “apaciguamiento, pasar de largo”. La Pascua judía comenzaba en abril, en la tarde del 14 de nisán (último día antes de la luna llena que sigue al equinoccio de primavera) y se prolongaba durante siete días, la semana de los Ázimos (Ex 12,15-20). La antigua fiesta nómada de primavera se había transformado en conmemoración del acontecimiento de la fundación del pueblo: cuando YHWH hizo salir a los hebreos de Egipto a través del mar de las cañas (Ex 12,11-14). En principio, todo judío debía ir en peregrinación a Jerusalén para celebrar la Pascua. Según el ritual, que estaba probablemente en vigor en tiempos de Jesús, la comida pascual se preparaba poco después del mediodía del 14 de nisán. Cada familia debía inmolar en el Templo un cordero (o un cabrito) macho, de un año, sin defecto. Se recogía cuidadosamente su sangre, luego con una rama de hisopo, se marcaban los montantes y el dintel de la puerta de las casas. Seguidamente se asaba el cordero entero, sin quebrarle ningún hueso (Jn 19,33). Luego los comensales, en número suficiente, se reunían preferentemente en la sala superior, adornada para la circunstancia con alfombras. La comida se inauguraba con una copa de vino sobre la cual el presidente pronunciaba dos bendiciones y luego se hacía circular alrededor de la mesa. Se pasaba de mano en mano un barreño de agua, para que los participantes pudieran purificarse antes de comer la Pascua. Mientras circulaba una segunda copa de vino, el presidente explicaba al más joven de los comensales el significado de los diferentes ritos. El cordero pascual se comía acompañado de hierbas amargas y de trozos de pan ázimo mojados en el “harosèt” (compota de higos y de raíces cocidas en vino, que simbolizaba los ladrillos fabricados por los hebreos durante su esclavitud en Egipto). El cordero pascual había que comerlo todo entero y sus restos debían ser quemados antes de despuntar el día. Entonces se bebía la copa de bendición, luego se entonaba el final del Hallel (Sal115-118). La comida la cerraba una última copa. Se retiraban, pero sin abandonar la casa, de la que no estaba permitido salir durante la noche pascual.

Otro dato bien importante es que Jesús solamente tenía 12 años cuando iba con sus padres a celebrar la pascua y es a los trece que el joven judío debe cumplir con la Ley lo que llaman “Bar Mitzva y Bat Mitzva” que es una ceremonia que se realiza al cumplir los trece años los varones y doce las niñas. Literalmente significa “Hijo del Mandamiento”, pero la intención del término denota “sujeto al mandamiento”, vale decir “obligado a cumplirlo”. Desde este día, rigen para el joven judío todos los deberes que la religión impone para los adultos: ha dejado de ser un niño que quedaba exento de ellos.

Como expresión pública de lo primero está la obligación de colocarse tefilin o filacterias (durante la plegaria matutina de los días hábiles, también suele ponerse el talit “manto ritual” aunque en algunas comunidades comienza a usarlo después de su casamiento) y la manifestación de sus derechos consiste en que ya se lo cuenta como hombre adulto para el minian (el mínimo de diez varones necesario para la oración pública) y puede ser llamado a la Tora los sábados y días de fiesta.

La segunda etapa tiene lugar el sábado siguiente: el joven es llamado por primera vez a la Torá, envuelto en su talit. Además de leer la Torá, también se acostumbra que el joven recite después la Haftara o capítulo de los profetas del sábado en cuestión.

Otro elemento que queda a cargo del joven es el discurso o derasha, que generalmente aprende de memoria: allí expone algún tema bíblico tomado del texto que acaba de leer, subraya la importancia para él y su familia, agradece a sus maestros, etc. Finalmente, se festeja junto con su familia, de acuerdo a las posibilidades de cada uno, ya sea en la misma sinagoga o en un lugar preparado para la ocasión. Se le entregan regalos.

En el caso de las niñas, la Bar Mitzva es una costumbre muy reciente en el pueblo judío, motivo por el cual no están totalmente establecidas las tradiciones. Y debido a que las mujeres no participan en la conducción de un servicio sinagogal, no se ha desarrollado ninguna ceremonia tradicional para marcar el momento en que una niña se convierte en Bat Mitzvá. Muchas veces suele celebrarse en forma colectiva, juntas todas las niñas de la comunidad que cumplieron sus doce años.

Jesús no esperó a tener la edad mínima para cumplir la Ley, lo hizo mucho antes.

“Al cabo de tres días, encontraron a Jesús en el Templo sentado en medio de maestros, escuchándoles y haciéndoles preguntas, todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y respuestas” (Lc2,46-48). Jesús nunca rehusó conversar con maestros de la Ley, él rechazaba tantas exigencias que ni ellos mismos cumplían. La conversación que tuvieron con Jesús estuvo llena de asombro y sabiduría ya que todos estaban maravillados por sus respuestas.

Las palabras de Jesús al dirigirse a su madre al ser encontrado para muchos son duras pero él mismo más adelante nos desvela el porqué le dijo: “¿No sabías que yo debía estar en la casa de mi Padre?” (Lc 2,49). La respuesta de Jesús al legista que quiso ponerlo a prueba fue contundente (Lc 10,25-28) y nos muestra que lo primero que todo ser humano debe tener presente es a Dios y luego al prójimo por eso dijo también: “El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios” (Lc 9,62). Jesús no fue desobediente en ningún momento ya que “vivía sujeto a ellos y su madre conservaba todas las cosas en su corazón” (Lc 9,51).

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>