La Biblia en su contexto: “Nuestro obrar exige entrega, pero todo depende de Dios” (Mt 6,24-34)

El Evangelio del VIII Domingo del Tiempo Ordinario se inicia con el versículo 24 que pertenece a las prácticas de las buenas obras (Mt 6…

El Evangelio del VIII Domingo del Tiempo Ordinario se inicia con el versículo 24 que pertenece a las prácticas de las buenas obras (Mt 6) y que tiene su concordancia con Lc 16,13 en donde se habla de “Dios y el dinero”.

“Nadie puede estar al servicio de dos señores, pues a uno ama y al otro despreciará”. El evangelista se refiere al dinero, el cual es personificado y es un poder paralelo a Dios, capaz de esclavizar a los hombres. El verbo “servir (“duléuein”) usado aquí, denota el servicio de esclavo, puede significar también adorar, servicio cultual. El dinero se puede convertir en ídolo (cf. Col 3,5), en una divinidad que exige culto.

Los vv. Del 25 al 34 en Mateo nos habla de la confianza que hay que tener en Dios, al respecto Jesús nos hace algunas aseveraciones:

No angustiarse por la comida y bebida del día a día (Mt 6,25).

Los hombres valen más que los animales (Mt 6,26).

Cada persona no puede prolongar el día de su muerte (Mt 6,27).

Dios sabe cada una de nuestras necesidades (Mt 6,32).

La búsqueda del Reino de Dios es lo primero que el hombre debe hacer en su vida (Mt 6,33).

Evitar preocupaciones por el futuro (Mt 6,34).

El texto de Mt 6,25-35 tiene su común en Lc 12,22-31. Jesús no explica cuando y como se hace presente la providencia, lo que si nos deja claro es que el hombre tiene que abandonarse en las manos de Dios. En la comparación con las aves y las flores, quiere hablar más del hombre que de Dios. Somos nosotros los que preferimos más bien poner a Dios en primera línea como un proveedor cómodo. El hombre sin Dios es incapaz de confiar en sí mismo.

En la conclusión de Mt 6,31-32 Jesús dice: “No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?, pues por todas esas cosas se afanan los paganos. Vuestro Padre celestial ya sabe que tenéis necesidad de todo eso”, por lo tanto, para el evangelista no hay que inquietarse: contra la preocupación materialista de los paganos, los creyentes se saben amados por el Padre, tal como Jesús lo revela, De ahí la repercusión de las dos breves exhortaciones: a) en cuanto al fondo (v. 33), una sola preocupación: vivir según la justicia del Reino, y Dios asegurará el resto; b) en la práctica (v. 34): vivir lo cotidiano.

“Buscad primero el Reino de Dios y su justicia” (Mt 6,33. Los discípulos tratarán de entrar en el Reino practicando la “justicia”, cuyos diversos aspectos ha desarrollado el Sermón. La confianza hacia el Padre no implica una deserción del trabajo o de la lucha contra la injusticia. Se trata de comprometerse en las relaciones que se deducen del mensaje de Jesús. Entonces, según la lógica del evangelista, en una nueva fraternidad se podría encontrar la respuesta a las necesidades humanas más elementales.

Actualización

Es cierto que el dinero hace falta para solventar muchos problemas en nuestra vida, sin embargo no lo es todo en la vida. El problema del dinero es el puesto que le damos, a veces ocupa un lugar preponderante y Dios se encuentra oscurecido. Las ansias de tener terminan por hacernos unas personas egoístas y materialistas.

Nuestra vida se encuentra llena de preocupaciones, hay un afán por producir, convertimos el trabajo y el dinero en nuestro ídolo, que nos quita la respiración. San Ignacio de Loyola nos aconseja que obremos como si todo dependiera de nosotros, pero sabiendo que todo depende de Dios.

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