La Caixa ha distribuido 800.000 ejemplares de su libro contra la Iglesia y la familia

El libro Violencia: tolerancia cero, elaborado por la Obra Social de La Caixa y ofrecido gratuitamente en las últimas semanas por todas las oficinas d…

El libro Violencia: tolerancia cero, elaborado por la Obra Social de La Caixa y ofrecido gratuitamente en las últimas semanas por todas las oficinas de la entidad de ahorros, ha distribuido 800.000 ejemplares en esta primera edición. Además de la impresión de las 128 páginas de esta obra, se ha repartido también un folleto informativo tanto sobre el propio libro como sobre la campaña que anuncia contra las actitudes violentas en el ámbito doméstico. Se trata, sin duda, de una tirada que se parece más a la de un best-seller, cuya amortización económica está asegurada casi de antemano con la previsión de ventas masivas, que a la de un trabajo de reflexión y análisis para distribuir gratuitamente entre los clientes de una caja. Parece claro que se ha gastado mucho dinero en esta iniciativa.

 

Pero el volumen, en el que la socióloga Inés Alberdi acusa a la Iglesia católica y a la institución familiar de ser responsables de la violencia doméstica, no ha sido todavía retirado a pesar de las protestas de miles de ciudadanos. Por eso la asociación E-Cristians mantiene abierta su campaña para que la gente que se sienta ofendida envíe mensajes de correo electrónico al director general de La Caixa, Isidre Fainé (jreguant@lacaixa.es), y al presidente de la entidad, Ricard Fornesa (sbadia@lacaixa.es). Se trata de pedir que se retire el libro, se difunda el mensaje de denuncia para implicar a más personas y se visite al director de la oficina más cercana para protestar.

 

Toda la primera parte del trabajo es un largo texto en el que la catedrática de Sociología Inés Alberdi asegura, en tono demagógico, que el problema de la violencia tiene su origen en la sociedad patriarcal. Y llega a acusar a la Iglesia católica de ser responsable de esta lacra social. “La religión ampara la idea de la superioridad masculina. Las religiones que se han desarrollado en las sociedades occidentales incorporan la idea de inferioridad de las mujeres y justifican la violencia contra ellas”, asegura esta profesora. En otro de los puntos, dice que “la doctrina y las normas que la Iglesia católica ha dedicado al matrimonio y a las relaciones entre hombres y mujeres están en consonancia con la misoginia inicial de los textos sagrados”.

 

Alberdi, tras una introducción en la que propone reflexiones a partir de los grandes interrogantes actuales sobre la violencia contra las mujeres, ofrece un primer aperitivo de su peculiar tesis afirmando que “hay datos suficientes para decir que la violencia contra las mujeres es una pauta cultural de las sociedades patriarcales”. En otro párrafo, la catedrática subraya que esa violencia “está íntimamente relacionada con el control de la sexualidad femenina”, y añade que “esta calificación extrema del comportamiento sexual no ha existido en referencia a los hombres, cuyas actividades sexuales no suponían ninguna deshonra ni para ellos ni para sus familias”. Por otro lado, califica también de “ideológica” la violencia contra la mujer, y lo explica asegurando que “las creencias patriarcales han preparado a las mujeres, durante siglos, para la aceptación del dominio masculino y de la violencia inherente”. Y concluye estas argumentaciones destacando que “la violencia no es un comportamiento natural, sino una actitud aprendida mediante la socialización”.

 

Pero el cúmulo de insultos a los creyentes llega entre las páginas 31 y 33 del libro. Tras las primeras frases referidas al hecho religioso a nivel global, Inés Alberdi pone nombre y apellido a las acusaciones: “tradición judeocristiana”. Concretamente dice que, desde esta realidad histórica, “se insiste en las características de superioridad del hombre, al mismo tiempo que se refuerza sistemáticamente la idea de inferioridad y dependencia de las mujeres”. A continuación, apunta que “la sociedad occidental se hizo todavía más patriarcal con la extensión de las religiones monoteístas como la judía y la cristiana”. Curiosamente, no menciona el Islam. “Con la creencia en un solo dios, masculino y todopoderoso, las mujeres desaparecen de los templos y de los ritos y sacrificios religiosos, espacio en el que habían tenido un cierto protagonismo”.

 

Otra omisión grave es que, a la hora de poner ejemplos, la catedrática sólo habla de Eva, asociada al pecado, y no de María, la madre de Jesús, presentada siempre como el gran referente de la teología y el mensaje cristiano defensor de la feminidad, la maternidad y los derechos de la mujer. “Los símbolos asociados a la feminidad se degradan y, progresivamente, van relacionándose con el mal, la destrucción y el pecado. La encarnación inicial del pecado es Eva, la primera mujer, que provoca la expulsión del paraíso del resto de los mortales. Por culpa de Eva, Adán y todos sus hijos resultan condenados”, explica.

 

Libros sagrados y tradiciones sacramentales

 

Refiriéndose al Antiguo Testamento, Inés Alberdi recuerda que, en este texto común de judíos y cristianos, “se narran numerosas historias de sumisión y de inferioridad femenina, aunque es sobre todo a través de las interpretaciones de los textos sagrados como se va elaborando una doctrina que cada vez separa más a los hombres de las mujeres, niega todo el valor a lo que es específicamente femenino y presenta a las mujeres como portadoras de peligros y tentaciones de pecado”. Sobre la tradición eclesial, la socióloga afirma convencida que “la declaración ritual del matrimonio católico, con la connotación de propiedad que transmite respecto de la esposa, establece una remarcable desigualdad entre los cónyuges”.

 

No se acaban aquí las ofensas a la Iglesia y a los cristianos. En otro párrafo, recuerda a San Pablo para decir que defiende la esclavitud: “El campo semántico en que se mueve el ritual del matrimonio cristiano es el de la autoridad del marido y la subordinación de la mujer, el del amo y la esclava, el del poder y la sujeción. La epístola de San Pablo que se lee durante la ceremonia del matrimonio reitera la posición subordinada de la mujer: Estén las casadas sujetas a sus maridos, e insiste, por si acaso alguien no lo hubiera oído bien, en que igual que la Iglesia está sujeta a Cristo, las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. A continuación, cita otra frase del apóstol en la que afirma que cada uno de vosotros tiene que amar a su mujer como a sí mismo, y la mujer debe temer y amar a su esposo. En este sentido, Inés Alberdi dice que “lo primero y más necesario es el miedo: primero que tema a su mrido, y luego que lo ame”. Cabe recordar, como inciso, que muchas traducciones bíblicas, siguiendo el sentido más profundo de las cartas paulinas, traducen con las palabras “respeto” y “respetar” lo que esta socióloga recoge como “temor” y “temer”.

 

Esta socióloga llega a la particular conclusión de que “la doctrina cristiana ha mantenido estas ideas durante siglos”, y añade que “la religión ha influido especialmente en la vida cotidiana de la gente y en las relaciones entre sexos en la vida privada”, asegura. Y para intentar contextualizar sus afirmaciones, la profesora sentencia que, “a las mujeres que se quejaban al confesor del trato que recibían de su marido, les recomendaban aceptarlo como un sufrimiento enviado por Dios y verlo como la propia ascensión al calvario. Tenían que rezar para que su marido cambiase, pero también tenían que aceptar la voluntad de Dios”.

 

La familia estable y armónica, también culpable

 

Por otro lado, también se puede leer en el libro, dentro de la parte firmada por la propia Alberdi, que “la familia es el espacio central para el aprendizaje de la violencia”, que “es preciso poner fin así al mito de la familia armoniosa” y que es importante “que los integrantes de la familia vean el conflicto como un hecho normal y potencialmente positivo”. En la misma línea, la socióloga considera que el ámbito familiar, de “ideología patriarcal”, es el lugar donde se aprende a generar violencia contra las mujeres. en la página 39, la socióloga sigue afirmando que la raíz de todos los males es la familia cuando dice que “la familia es el espacio central para el aprendizaje de la violenciaLa violencia interviene en todas las esferas de la vida de las mujeres: Se desata en el seno de la familia, influye en las formas de establecer las relaciones sexuales, afecta al mundo del trabajo, las formas de ocio, la cultura y los estilos de vida”.

 

La ‘perniciosa’ influencia de la familia también alcanza a la actitud de las mujeres, según Alberdi, ya que “son hombres los que ejercen la violencia, pero los agentes de esta violencia no son sólo los hombres, porque no se puede olvidar que las mujeres también están sumergidas en la cultura y sujetas a su influencia. Con mucha frecuencia, los agentes de esta violencia son las mismas mujeres, porque hacen de transmisoras de las normas de desigualdad y sumisión entre géneros a través de la socialización de los hijos e hijas”. El libro entona, en la página 53, un canto a romper con la concordia y la estabilidad familiar: “Bajo la ideología de la armonía, a veces hay ideas disimuladas respecto a la poca valía de las mujeres que van unidas al rígido reparto de responsabilidades domésticas entre el marido y la mujer”.

 

Al mismo tiempo, en la página 57, considera que “es importante que los valores familiares se liberen de la ideología patriarcal con el fin de que los integrantes de la familia vean el conflicto como un hecho normal y potencialmente positivo”. Y concluye: “Es preciso profundizar en la democratización de la esfera privada, y poner fin así al mito de la familia armoniosa, que encubre prácticas milenarias de control patriarcal y sumisión femenina”. Todas estas frases reproducidas han provocado ya miles de quejas a La Caixa, de manera insistente y con el objetivo de que se retire el libro.

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