La ceguera ante la realidad se llama fanatismo

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Los datos están ahí junto con los hechos, persistentes, reiterados. Sólo la ceguera del corsé ideológico permite no verlos. ForumLibertas muestra de manera atenta los hechos que lo señalan. Repasemos algunos como muestra.

Por ejemplo, la pérdida de sentido religioso en la sociedad no va acompañada de un emerger de la razón, sino de todo lo contrario, de la superstición. A menos religiosidad más creencia en la astrología, la videncia, los espíritus de los muertos, las brujas, los amuletos y todo este mundo oscuro que la cristiandad progresivamente logró suprimir. Y es que es cierto y fue recordado en una encíclica, ‘Fe y Razón’, que ambas formas de percibir la realidad son absolutamente complementarias y se ayudan. De ahí que los más jóvenes, los menos dotados de sentido religioso, pero con un mayor nivel educativo sean mucho más supersticiosos que los mayores de 64 años que poseen un nivel de titulación escolar y académica mucho más bajo.

Otra segunda evidencia, sobre la que Naciones Unidas ha tendido un importante papel distorsionador, es que el crecimiento demográfico del mundo, que no sólo resulta mucho más lento de lo previsto (en el 2050 quizá llegaremos a losnueve mil millones y ahora en lugar de los ocho mil previstos ni tan si quiera se ha llegado a lossiete mil), sino que además el problema de la humanidad va a ser el mismo que el que centra la atención de Europa: el envejecimiento de su población. En el 2050 casi una de cada cuatro personas será mayor de 60 años y este grupo de población será algo superior al de los menores de 14 años. Si para países altamente desarrollados el envejecimiento de un número creciente de personas comporta un problema, la cuestión puede llegar a ser angustiosa en países dotados de economías menos productivas. El problema del mundo es este, y no la superpoblacion, pero la cultura hegemónica ha venido y continua, en buena media, predicando lo contrario.

Y qué decir de la falacia siempre reiterada de que la Iglesia es la gran beneficiada de los recursos del Estado, cuando en realidad no es así. Prácticamente todo lo que percibe o son aportaciones de los cristianos o bien contraprestaciones por servicios que da en la enseñanza, en sanidad, en asistencia social, como sucede con otras entidades no confesionales. El hecho de que la Iglesia destaque en estos campos debería ser aplaudido y no criticado. No deja de ser fascinante indagar en la mentalidad que existe detrás de aquellos grupos que, siendo ellos quienes viven de las ayudas públicas sin aportar otro servicio que la defensa de sus propios intereses, se empeñen en criticar a quienes precisamente dedican la mayor parte de sus recursos a lo contrario, a prestar servicios al conjunto de la población. ¿Es acaso una forma de ocultar sus privilegios?

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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